{Color: rojo} El duque

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Se había equivocado al aceptar la invitación de aquel hombre extraño, lo sabía y, aun así, su cuerpo temblaba ante solo una mirada suya como si fuera capaz de acariciar lo más profundo de él con un simple pestañeo.

Una de sus manos se deslizó por la tela, acariciando hasta llegar a su cadera y mientras giraban en aquel gran salón, dejándose envolver por el ritmo hipnotizante de la música, sintió que podría perder el aliento si veía otra de sus sonrisas de nuevo.

El duque era un hombre experimentado susurraban y la curiosidad estaba carcomiendo sus sentidos tratando de encontrar el significado de tal frase ambigua; tenía treinta y cinco y su juvenil figura de dieciséis temblaba incluso a través de la tela como si pudiera sentir sus yemas directamente sobre su piel.

–Es precioso –halagó con un tono de voz profundo que hizo sonrojar sus mejillas y a pesar de desear huir de él, el deseo de que la pieza no terminara para permanecer a su lado era mucho más grande–. Apuesto a que ni siquiera las rosas han de poder igualar el tenue tono de sus labios y lo terso de su piel.

–¿Usted está...?

–Incluso un hombre como yo puede percatarse de la belleza de un jovencito como usted –respondió, acercándose un poco para susurrarle–. Ojalá no le haya ofendido, pero no pude evitarlo.

Las personas conversaban cuando los músicos se tomaron un descanso y a pesar de que las palabras iban y venían, sus ojos no dejaban de buscar su presencia hasta que se encontraban con ella; se sentía ansioso y al mismo tiempo temeroso, su corazón parecía tener vida propia por primera vez y no sabía cómo acallar esa sensación de incertidumbre hasta que, a lo lejos, él le sonreía, dándole su atención a pesar de estar con otras personas.

Caminó entre los pasillos con grandes cortinas de seda que se mecían con la brisa nocturna y su corazón se detuvo un momento cuando alguien le sujetó arrastrándole fuera de su camino, pero todo se detuvo cuando se encontró con un par de ojos oscuros que le resultaron familiares.

–Un jovencito como usted no debería alejarse tanto de la concurrencia, ¿acaso planeaba salir a los jardines?

"Lo estaba buscando a usted" quiso decir, pero las palabras no salieron, especialmente cuando el hombre se inclinó insinuantemente hacia él, dejándole sentir su aliento.

–Dime que pare y me alejaré –susurró, pero el menor no pronunció palabra, así que se acercó lentamente, sintiendo el ligero roce de sus labios virginales antes de impregnarlos por completo con el calor de los suyos.

Le besó con ternura sabiendo de su falta de experiencia y encontró su inocencia fascinante, la manera en que sus ojos le murmuraban en silencio un deseo que había desconocido hasta ese momento y que sus manos buscaban aferrar mientras se asían a su ropa. El jovencito lo deseaba de una manera que no debía, pero no era quién para juzgarlo cuando él había sentido ese mismo deseo cuando le vio atravesar las puertas del salón esa noche.

–¿Cuál es tu nombre, mi pequeño ángel?

–Kyuhyun –dijo con el corazón acelerado y sus labios ansiosos por experimentar de nuevo aquella caricia–. Cho Kyuhyun.

Y fue en aquel momento que él hombre se dio cuenta que había tomado la inocencia de los labios del hijo menor de su socio mayoritario. Quiso parar, en verdad lo intentó, pero su deseo parecía descontrolarse más a cada momento mientras respiraba su perfume y apreciaba la dulce figura que se escondía entre las telas aterciopeladas.

–No deberías estar aquí, Kyuhyun.

–¿Por qué no? –preguntó, ignorando el deseo del hombre frente a él, ese donde le deseaba de una forma que él todavía ignoraba.

–Porque los hombres como yo son tentados por el deseo de criaturas como tú–respondió–. Eres inocente y yo soy un hombre terrible, tanto que podría aferrarme a ti y tomarte sin ninguna clase de culpa.

–Casi soy mayor –dijo sintiendo temor de que su juventud causara que ese hombre se alejara en ese momento–. Pronto seré más alto.

El duque sonrió gentilmente al escucharlo y acarició su rostro, preguntándose si sabría lo peligroso de sus palabras, si se daba cuenta que le decía que deseaba su cercanía e incorrecto o no, tomó sus labios una vez más, deseando que su sabor permaneciera en ellos por el resto de sus días.

Kyuhyun pudo escuchar la voz de una de sus hermanas llamándole cuando el mayor se separó de sus labios y la sensación de ansiedad le atacó con fuerza, temiendo que fuera la última vez que veía a ese hombre.

–Jonghoon, ese es mi nombre –le dijo al notar la desesperación en su mirada–. Ahora ve con tu familia.

–Pero...

–Yo te encontraré, así que no te preocupes, mi pequeño ángel.

Sus ojos marrones le miraron hasta el último momento y tan pronto como se fue, extrañó su presencia. Cuando dejó el salón junto a su familia, miró hacia atrás, buscándole y pudo apreciar su presencia antes de que las puertas se cerraran.

"Encuéntreme... Jonghoon"

Y en esa noche comprendió de lo que hablaran sus hermanas, ese deseo extraño de ver a alguien con urgencia sin poder detenerlo.

Drabbles YehyunDonde viven las historias. Descúbrelo ahora