Pincel que te prestas
a mis manos heridas.
De trazo ligero y perfecto.
De madera tan fina y pulida.
Inútil fue la voz
que recorrió mis sentidos.
Cuando a gritos me dijo:
"¡Detente! ¡No sigas!"
Pues pincel que te prestas
a mis manos heridas.
He roto tus cerdas.
He manchado tu mango.
Oh, pincel que te prestas
a mis manos heridas
Si vieras mi llanto
¿entenderías el miedo
de que nuevamente
no sanen mis manos,
por haberse quebrado
uno igual en mis dedos?
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Un Momento de Quietud
Poesía"Cuando todo esta en paz o en calamidad absoluta, cuando los últimos sonidos de una sonora avalancha se dispersan o comienzan de nuevo en una danza sin fin..." (Fragmento, Un momento de quietud") Si algo llega a su final de forma inesperada, ¿no es...
