"Cuando todo esta en paz o en calamidad absoluta, cuando los últimos sonidos de una sonora avalancha se dispersan o comienzan de nuevo en una danza sin fin..."
(Fragmento, Un momento de quietud")
Si algo llega a su final de forma inesperada, ¿no es...
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No era una exótica orquídea esculpida por manos expertas. No era de brillantes colores, mucho menos de pétalos suaves como seda.
Era pequeña en comparación con otras que posaban a su lado, esperando la caricia del que admira la belleza. No tenía olor fragante usado en esencias costosas.
No era atrevida ni coqueta, no brillaba como otras. Sí curiosa y juguetona, con brillo propio y diferente.
Era pura e inocente al mundo frío y cruel de imaginación oscura.
Era libre, rebelde... luchadora. Cuando se creía marchita una ráfaga de viento la cubría... renaciendo en otra parte, igual de bella.
Sus pupilas no eran flor de jade, de belleza indescriptible. Más eran noche y chocolate. Cálidas, sinceras, misteriosas y profundas.
No era otra, sin duda. Era ella, sólo ella. De belleza simple y envolvente... mágica.
Que daba libertad con solo verla, que llevaba a viajar en el tiempo, que invitaba a amar así sin prejuicios, sin maldades, sin mentiras.
Eso era ella, tan solo un diente de león, delicado e invencible.
No era otra, era ella... ...nadie más que ella.
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