Capitulo38

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Idris observo por la ventana como Ewan y Rolan salían con un pequeño grupo de algunos 50- 60 hombres muy temprano por la mañana, esperaría que estuvieran los suficientemente lejos para poder llevar a cabo su plan. La cerradura de su puerta se escucho y con toda la velocidad que su aun adolorido cuerpos le permitía, regreso a la cama fingiendo estar somnolienta.

-¿Ke-kenna?- dijo con voz adormilada.

-buenos días mi niña, ¿como te sientes?

-Como si mil caballos me hubieran pasado encima.

-Pobresita de mi pequeña, mira te he traído un rico desayuno para que recuperes fuerza- decía la mujer poniendo una bandeja sobre una mesita.

-Kenna le podrías decir a la curandera que venga, necesito que me traiga unas hiervas.

-Yo puedo traerlas, solo dime cuales son.

-Son difíciles de conseguir, seguramente ella sabrá donde encontrarlas.

-Pues dime donde y yo las busco, yo soy tu nana y yo soy la que te cuida, no voy a arriesgarme a que corras peligro de nuevo jovencita.

-Esta bien, son una flores amarillas de tres pétalos, con el tallo azulado y con pequeñas manchas rojas; Nuria las usaba para que las quemaduras cicatrizaran, es que me duele mucho- dijo la joven señalando con su mano, la herida en su cien.

-¡Oh mi Idris! enseguida voy por ellas- casi a punto de salir, Kenna se regresa hacia la cama- ¿Donde las encuentro?

- Las encuentras en la pradera después del pueblo.

-¡¿Que?! pero si esta retirado - Idris hizo cara de pesar y fingió sufrir de dolor,Kenna al verla le tomo la mano y se la beso- Tranquila, ya voy por ellas, tu nana Kenna te va curar.

-Gracias nana, que haría yo sin ti.

-Idris... tu nunca me habías dicho eso- dijo entre lagrimas- ahora mismo voy por ellas.

Cuando Kenna cerro la puerta, Idris saco debajo de su cama, un pequeño saco con un emplasto hecho de esas flores, que en realidad, su Thalad las usaba para mitigar el dolor casi al instante; en ese momento recordó la primera vez que Nuria se las había dado:

"-Hay me duele, me duele- lloraba una pequeña Idris después de caer de un árbol.

-Ya no llores, las guerreras nunca lloran por un raspón Idris, a ver abre la boca.

-Wuakala, no quiero eso huele peor que lo que me diste la vez pasada.

-Dije que abrieras la boca- pero la niña se resistía- ábrela ya, Idris, tu padre te encerrara si te ve lloriquenado.

Idris abrió su boca mientras se tapaba la nariz con una mano; Nuria le dio una cucharada grande de un asqueroso emplasto y después de unos minutos el dolor había pasado.

-Vez, a que ya no te duele ¿verdad?

-Sabe horrible.

-Es campanilla azul, si la mezclas con un poco de miel y sabia de pino potenciaras su poder curativo, sirve para aliviar el dolor en todo tu cuerpo si la comes, o para cicatrizar heridas si la untas."

Idris sonrió y al igual que cuando era niña tapo su nariz con una mano y comió un gran bocado del emplasto; después se unto un poco en las heridas mas graves de su rostro y espero un momento a que le hiciera efecto.

Poco a poco empezó a sentir mejoría, ya no tenia tanto dolor y el ardor de las quemaduras había menguado bastante, comió todo lo que se le había servido y casi tan rápido como recordaba, ya podía moverse mas. Saco de su baúl su ropa de guerra, se trenzo el cabello y armo un bolso con mas emplasto y un cambio de ropa; se dirigió al patio de armas, donde varios de sus soldados entrenaban y antes de cruzar al patio, se recargo en la pared y abrazo sus costillas; Ewan tenia razón, debían ver a su señora fuerte así que respiro profundo y avanzo al centro del patio. Varios de los soldados al verla, dejaron de entrenar y agacharon la cabeza en señal de respeto.

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