Idris vio una nota deslizase por debajo de la puerta, estaba apunto de ponerse el camisón cuando vi la hoja en el suelo.
-Debo advertirle que sea quien sea, no estoy de humor para jugueteos- con impaciencia desdoblo la hoja y leyó rápidamente el contenido.
"Sigue el camino de los cardos y no olvides traerlos como ofrenda"
-¿Camino de cardos? si esto es una broma juro que...
Pero cuando abrió la puerta lo único que encontró fue un cardo en el suelo; lo levanto con cuidado y observo a un par de metros otro cardo. La razón le decía que no siguiera con el juego, que se quedara en la seguridad de su habitación, pero, para su desgracia, era muy orgullosa, ademas de curiosa, así que, cogió su capa y comenzó a seguir el camino de flores.
Una a una fue armando un pequeño ramo de cardos rosas, hasta que se dio cuenta que había salido de los territorios del castillo -no muy lejos- pero si lo suficiente como para encontrarse a las orillas del bosque; la duda se apodero de Idris, no sabia si continuar o regresar, pues la oscuridad era mayor en la espesura del bosque, pero, cuando se disponía a regresar, la luz de una antorcha se asomo a unos metros, camino hacia ella solo para encontrarse con una nota sujetada al mango:
"No temas, estas segura en estas tierras, hay patrulleros cerca pero todos desconocen la existencia del nido, solo unos metros mas"
Idris observo a su alrededor y a un kilómetro se encontraba uno de los hombres de los Macintosh,por el lado contrario había dos mas, así que inhalando profundo, sujeto la antorcha y busco con su luz el camino de cardos. después de 10 minutos de caminar y de cargar un enorme ramo de cardos, la joven se encontró parada frente a una pared de piedra y hiervas; parecía como si alguien hubiera cortada una parte de la pequeña montaña con una espada gigante, de pronto los arbustos frente a ella se movieron y una mano emergió, invitándola a atravesar los.
-¿Aun tienes miedo?- le dijo una voz que no pudo reconocer.
-Yo nunca tengo miedo- dijo mientras atravesaba las plantas.
Idris quedo con la boca abierta y las pupilas dilatadas por el hermoso lugar que tenia frente a sus ojos; era una pequeña cueva, con un pequeño lago y en el centro, una abertura en el techo dejaba filtrar la luz de la luna; destellos azules surgían entre las aguas provocando un pequeño grito de asombro en la joven y que diera un paso atrás.
-Ahora si me volví loco, ¿Lady Idris?- la voz del hombre le provoco un escalofrió, y su corazón se acelero cuando lo vio emerger del agua.
-Yo... yo no... ¿que es este lugar?- la joven desvió la mirada hacia otro lado y de los nervios dejo caer las flores.
-Es como estar en el Edén ¿verdad?, pero le aseguro mi señora, que yo he visto paisajes mas hermosos- Idris observo al hombre que recogía las flores y comenzaba a cortarles el tallo, para después lanzar las flores al agua.
-No puedo creerte Ewan, no creo que exista nada mas hermoso que esto; ¿que son las luces azules?
-No lo se mi señora- dijo el con media sonrisa en el rostro- Solo se que son inofensivas y que si agitas un poco el agua, el brillo se extiende por todo el lago, ¿quieres comprobarlo?- El extendió su mano frente a ella para que tomara la piedra que sujetaba - Anda lánzala al agua.
Idris procuro no tocar la piel de su mano y con vacilación arrojo la piedra al agua, en ese momento, las luces se extendieron como la sangre en las venas por toda la superficie, haciendo que su corazón latiera con fuerza y dejara salir una risa de entusiasmo de su garganta.
-En verdad este lugar parece mágico, siento que en cualquier momento saldrán las hadas de su escondite- Idris se sentía tan emocionada, que sin darse cuenta se había convertido de nuevo en una niña frente a los ojos de el.
Por su parte, Ewan estaba maravillado, hacia años que visitaba el lugar y jamas lo había visto tan hermoso, hasta que lo vio a través de los ojos de la joven; todo el dolor y la tristeza que se escondían en sus facciones, se borraron y abrieron paso para la inocencia y la emoción que había visto en ella la primera vez que la vio hace varios años; se imaginaba el como habria llegado ella a su lugar favorito, pero no quiso arruinar la oportunidad que se le había brindado; sin pensarlo dos veces y sin esperar reclamos de nadie, salio corriendo al agua, provocando que el chapoteo mojara a Idris.
-¿Te volviste loco?- decía la joven mientras sacudía su falda, estuvo a punto de maldecirlo pero en cuando alzo la vista, quedo hipnotizada por el modo en que brillaba el agua cuando salia Ewan a la superficie- es tan... hermoso.
-Gracias mi señora, pero no creo que sea correcto que una señorita le dedique halagos a un guerrero- Ewan soltó una carcajada al ver como la joven se convertía en una furia.
-Yo no hice eso, tal vez seas atractivo pero yo hablaba del agua idiota.
-Así que mi señora me encuentra atractivo- el esquivo una piedra que le había lanzado la muchacha- no tiene por que ponerse así, este es un lugar sagrado y no son bienvenidas las gruñonas.
-Eres un... ahora si que te voy a matar- y sin importarle el dolor de las costillas se metió al agua para darle alcance al hombre- ven aquí gusano, no seas cobarde.
-No lo creo, yo estoy muy a gusto aquí- poco a poco el la encaminaba mas al centro del lago donde era mas profundo.
Mientras mas se internaba en el agua, Idris quedaba maravillada con los destellos azules, pero la euforia que sentía estaba siendo remplazada por el dolor del esfuerzo de nadar, hasta que empezó a hundirse; Ewan nado rápidamente hacia ella y la sujeto de las manos, ayudándola a mantenerse en la superficie.
-Estas bien, que estúpido olvide que aun seguías lastimada, ven sujetate de mis hombros, te llevare a la orilla.
-¡No! digo esta bien, puedo flotar así no me cansare.
-No, no quiero que termines adolorida, el viaje a Meggernie es largo y debes estar fuerte para mañana.
-Solo un poco mas, por favor- Ewan se perdió en los azules ojos que brillaban con el reflejo del la luz en el agua- yo.. yo jamas había estado en un lugar como este y seria un pecado permitir que un pequeño dolor me impida disfrutarlo.
-No quiero que te lastimes- Dijo el mientras sin darse cuenta, ambos comenzaban a acercarse el uno al otro.
-No me lastimare- Idris sentía una fuerza invisible que la atraía a sujetarse de sus anchos hombros.
En un parpadeo, ambos se encontraban a centímetros de distancia; por instinto Idris apoyo sus manos en su pecho mientras que el las suyas en su cintura. Tanto ella como el, comenzaban flotar en las peligrosas aguas de la atracción y el deseo que se tenían.
Para el, era muy difícil controlar las ganas de tomar sus labios y estrecharla entre sus brazos, pero sobre todo, ocultar la inapropiada reacción de su cuerpo al ver la tela mojada de su escote. Para ella, todo era desconocido y el torrente de sensaciones que sentía, le llenaba de una gran necesidad de algo, pero no sabia de que; sentía sus fuertes músculos bajo las palmas de sus manos y el ligero agarre en su cintura. El claro de sus ojos le hizo revivir ese momento, cuando la había besado hace años y el cosquilleo que sintió, empezó a renacer de nuevo en su pecho.
Estaban al borde de la locura, pero en un giro inesperado la joven dejo de luchar con su conciencia y se dejo llevar por la necesidad que sentía desde que lo vio de nuevo; lenta pero sin vacilar junto sus labios con los de el; Ewan -sorprendido- recibió el cálido toque como el tacto del sol después de un día lluvioso; ya no le importo si se comportaba como una caballero y le correspondió estrechándola junto a el. Fue en ese momento, donde Idris le pudo dar un nombre a lo que sentía: Amor.
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CAOTICOS CAMINOS
Narrativa StoricaEl laird Fergus MacGregor había accedido a los deseos de su antigua sirvienta Nuria y había criado a su única hija para ser la señora de su hogar, haciéndola jurar que no dejaría que nadie invadiera sus tierras ; confiaba en ella pero el rey tenia o...
