Me persigues, me atrapas,
Tus frías manos me envuelven,
Me haces mirar a tus ojos,
Ojos de fuego, de lágrimas;
Ojos de todo menos color.
No me zafo, no me escapo,
Siempre vuelta a empezar,
Tu mano firme sobre la mía temblorosa,
Sin poder marchar ni mirar atrás.
Me siento tocando las estrellas,
Como si por fin me hubieras dejado,
Como si tal vez la piedad te hablase,
Pero ahí estás, acechando desde las sombras.
Desde su hombro
En el que tanto he anhelado apoyar la barbilla
Te veo sonriendo,
No me dejas en paz.
Serán imaginaciones,
Deseos, alucinaciones,
Probablemente tu mano áspera
Sigue rígida sujetando la mía.
Mientras ellos lloran sin saberlo,
Ignorando que les sonríe,
Yo les consuelo escondiéndote tras mi espalda,
Ocultando tu mano amarrada.
Quiero abrazarla
Y sentir su seda blanca sobre mí,
Manteniéndome a salvo de tus trampas,
De tus noches en vela
Recordándome todo lo que trato de olvidar.
En su lugar no sueltas mi mano,
Te mantienes atada
Y tu capa negra me cubre,
Llevándome por todos esos laberintos
En los que me haces creer
Que ver correr mi sangre me hará bien.
Suéltame.
-H
