Cuarenta minutos. Fueron casi cuarenta tortuosos minutos viajando a través de la nada para poder llegar a la ciudad más cercana; pudo haber disfrutado de aquél hermoso paisaje que ofrecía la carretera, de verdes montañas altísimas por un lado y el magnífico océano al otro lado, pero era toda una tortura medieval el tener que estar otra vez al lado de la novia de la persona que más amaba, y fingir que le agradaba.
-¿Tienen mucho de conocerse Trowa y tú? –Preguntaba la chica, con una amplia sonrisa de felicidad suprema, mirando con fascinación al ex piloto, que fingía una sonrisa.
-Desde el 195.
-Wow, Trowa solo habla de ti, y de lo bien que se la pasaba contigo incluso durante la guerra.
-¿De verdad? –Le causó un poco... solo un poco de emoción al saber eso.
-¡Sí! Hablaba tanto de ti que a veces me hacía sentir como si estuviese enamorado de ti u otra cosa rara...
Heero y Relena, en el asiento de conductor y pasajero respectivamente, escuchaban aquella incómoda conversación.
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Estacionaron fuera del famoso centro comercial, el cual era enorme como un estadio, pulcramente blanco, lleno de enormes ventanales en sus cuatro pisos, por donde paseaban gente de forma acelerada comprando de forma compulsiva. Ambas chicas, al ver los aparadores tan hermosamente adornados con prendas, joyería, zapatos, bolsos... se pusieron tan absurdamente felices y contentas como chiquillas en navidad que dejaron atrás prontamente a los varones al correr aceleradas y pasar las puertas automáticas, casi abriéndolas con las manos.
-Vaya. –Exclamó Quatre al verlas correr, desconociendo totalmente la manía de las féminas por las cosas brillantes y mundanas. –De saber que las mujeres se ponen así de felices cuando vienen de compras, las hubiésemos dejado a ellas solas venir y nosotros quedarnos a limpiar.
-Hm, si hubiésemos dejado que hicieran eso, jamás regresarían. –Heero contestó, comprendiendo la inocencia del pobre. –Entonces, ¿qué tenemos que comprar?
Ambos comenzaron a caminar con calma dentro del establecimiento, notándose que dentro de éste también estaba plagado de tiendas departamentales, puestos de comida, y hasta juegos mecánicos pequeños para niños. Quatre sacó una listita del bolsillo de su camisa, dedicándose a leerla con bastante calma.
-A ver, tenemos que comprar pintura blanca, unos cuatro rollos de tapiz de diez metros, pintura para barnizar, clavos...
Por el frente de ellos, en menos de lo que se enciende un Mobile Suit, las chicas ya se habían metido dentro de una tienda de ropa, perdiéndose sin más entre los percheros coloridos.
-Vamos a tardar un poco, ¿no? –Cuestionó el 04 tras ver a las chicas.
-Así es. –Contestó Heero.
-¡Quatre, ven un segundo! –Le llamó Sam de entre los percheros, mirándose su blanca mano llamándole.
Al rubio se le revolvió el estómago con solo escucharla, enchuecando los labios.
-Vamos, andando. –Ordenó el 01.
Ambos muchachos se dirigieron hacia donde ellas estaban, entrando a la enorme tienda de vestidos casuales y de noche; pronto, todas las miradas de las clientas y el personal se clavó en ese par de muchachos, puesto que eran los únicos hombres que estaban en el lugar, o al menos eso asumieron... Quatre se miró bastante confuso al entrar, mirando a todos lados. Heero, no.
-¿Hay que comprar algo aquí? –Preguntó el 04 con suavidad.
-No. –Suspiró, resignado. –Escucha, Quatre. Es malo traer a las mujeres de compras, ya que nos convierten en mulas de carga, y eso es lo que seremos en este momento.
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Atrapados
FanfictionDuo quiere a Heero, pero él no está interesado.Quatre quiere a Trowa, pero éste ni lo hace en el mundo... y todas esas estúpidas y graciosas historias que están alrededor de su intento por que les hagan caso. Un reverendo caos, si. Yaoi. Comedia osc...
