Los días pasaron con más tranquilidad después de la última hecatombe que había sido el cumpleaños de Relena; el buen mayordomo masónico Peygan, valiente y servicial, siguió acompañando a la representante como un buen guardaespaldas fiel a sus ideales, y la señora Darlian volvió finalmente a su hogar, drogada por los antidepresivos que acababan de recetarle los médicos (sin esas cosas sería casi imposible superar el trauma de ver a su hija adoptiva en aquellas posiciones tan sugestivas). Por fortuna, la representante Relena no recordaba del todo lo que había sucedido, pero si había hecho un voto para no beber alcohol hasta que fuera mucho mayor, y solo por compromiso.
-¿Tú si recuerdas algo? –Cuestionó la elegante chica con suavidad.
-No. –Suspiró Heero, consternado. –No del todo al menos.
Ambos caminaban por el que se suponía era el patio de la enorme mansión del reino de Sank, que más bien parecía una pradera hermosa pintada por algún artista con el concepto de belleza bien desarrollado; al centro del patio se encontraba el famoso lago artificial, que finalmente había sido terminado, cuya agua transparente reflejaban los hermosos árboles tupidos de hojas amarillas, enormes, como si hubiesen crecido caprichosamente a la orilla del agua (claro que eso fue intencional de los que lo diseñaron). El tiempo era tan agradable que algunos de sus amigos ya se habían arrojado al lago, o tenían sexo detrás de los arbustos.
-¡Hey! –Gimieron Duo y Quatre, tras un arbusto, al verse descubiertos en tan comprometedora posición.
-Ya volveremos al trabajo pronto. –Relena miró el cielo, mientras florecillas caían a sus pies por la suave brisa. –Viene mucho estrés de estar visitando colonias, creo que hasta iremos a MO-3.
-Si, a un satélite de los Winner, y al MO-3. –Contestó Heero, revisando su agenda electrónica.
-Extrañaré estos días... fueron tan increíbles.
-Eh, Relena. –Heero se consternó ante el comentario, pero no iba a interrumpir su cometido. –Hay algo que quiero preguntarte.
La chica se extrañó considerablemente ante el extraño tono de su voz; ambos se detuvieron bajo un árbol de flores amarillas, que proyectaba una fresca sombra sobre ambos.
-Dime, Heero.
-Bueno. –Tomó aire, mirándose algo nervioso. –N-no sé cómo decirlo... a decir verdad, no sé si sea correcto.
Relena cambió su semblante. Le dio una punzada de temor en la boca del estómago.
-¿Qué... qué quieres decir, Heero?
-Es que... no tengo idea de cómo vayas a tomar lo que quiero decirte.
-Por favor, solo dímelo. –Casi suplicó, sintiendo la incertidumbre invadirla... ¿quería dejarla, acaso?
-Lo siento, Relena, no...
-¡Heero! –Se le quebró la voz, dolida. -¡Solo dímelo! Si es algo que sientes... yo...
-¡Ya! –Dijo, algo nervioso.
-¡Heero! –Volvió a gritar, al borde del llanto.
-¡De acuerdo! –Frunció el ceño, molesto, llevándose ambas manos a los bolsillos del pantalón. –Tú ganas, haré lo que quieras.
Relena se sentía triste y molesta al mismo tiempo con la actitud que tenía Heero... si quería hacer lo que le plazca, que lo haga y ya, no necesitaba darle explicaciones ni mucho menos razones, solo que se fuera y era todo, a pesar de haber pasado tanto tiempo con él, todas esas aventuras tan des venturosas, gritos, dolor, quemaduras solares. Estaba a punto de soltarse llorando, dolida, sumida en sus recuerdos, cuando notó que Heero le había entregado algo en su mano con algo de brusquedad.
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Atrapados
FanfictionDuo quiere a Heero, pero él no está interesado.Quatre quiere a Trowa, pero éste ni lo hace en el mundo... y todas esas estúpidas y graciosas historias que están alrededor de su intento por que les hagan caso. Un reverendo caos, si. Yaoi. Comedia osc...
