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En una noche de fiesta

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Tan pronto acabó aquella espantosa tarde, fueron recogidos por la flamante limusina de Relena, manejada por el prudente Peygan ya que con los incidentes anteriores no tenían la confianza para dejarlo en manos de aquellos muchachos; el viaje fue mayormente silencioso, apenas interrumpido ocasionalmente por algún comentario fuera de lugar por parte de Duo, que a su vez era interrumpido por el contundente golpe de un muy molesto Wufei, el cual venía irritado después de enterarse que su compañero preventivo había sido el causante que casi perdiera la vida por segunda vez y contando en este fic.

-No es justo que siempre me echen la bronca a mí, siendo que Dorothy nos ha hecho cosas peores. –Susurró el 02 a la autora. –Y mal redactada por mera pereza tuya.

-Duo, recuerda lo de pelear con la autora. –Aconsejó amable y dulcemente Relena.

Si, hazle caso, ya te haré justicia.

Cuando finalmente llegaron a la casa, contemplando el silencio y paz que la rodeaba, sintiéndose bastante cómodos porque Dorothy y Sam estaban en el hospital y no tendrían ese tipo de molestias; entraron felices por la entrada, pero apenas habían dado un paso en la alfombrada salita...

-¡Sean bienvenidos, chicos! –Exclamó una espantosa voz gangosa tras ellos.

Se giraron los cinco, aterrados, mirando lo que estaba tras ellos: nada más y nada menos que Dorothy Catalonia, con su minúsculo bikini de color indescifrable y tirantes transparentes, con vendajes teñidos de rojo desde su cadera hasta sus muslos, así como la nariz aun con las cintas beige por la segunda rinoplastia de la semana. El movimiento de sus enormes implantes escasamente cubiertos con el trocito de tela causó un asco automático en los muchachos, y provocó un desmayo al rubio Quatre, dejando a una indignada Relena que, al estar tras todos, no había captado del todo lo que había sucedido.

-Hay que matarla. –Sentenció el 01, despacito.

Todos asintieron, a excepción del inconsciente y de la representante, que no alcanzó a escuchar lo que dijo.

-¡Trowa! –Gimió la otra loca, Sam, saliendo prácticamente de la nada y saltando a los brazos de su amado, usando un bikini casi idéntico que el de la loca titular. –Mi amor, que bueno que llegaste... ¿a qué hueles? –Cuestionó, debiendo alejarse de él arrugando la nariz.

-A comida digerida. –Contestó, bastante malhumorado.

-¿Qué? Agh, qué asco. –Se alejó de él de repente.

Relena pareció sumamente apenada con aquello, ya que era inmune a ver a sus amigas prácticamente desnudas ante el público masculino.

-Dorothy, ¿qué haces de pie? –Cuestionó finalmente la representante. –Me dijeron que estarías en el hospital. ¿Y tu collarín?

-¡Ya me lo retiraron, señorita Relena! –Mintió con vil descaro. –Me siento perfectamente bien con los nuevos analgésicos que me recetaron.

-Dorothy, casi son las ocho. –Dijo Sam, prudentemente alejada de su novio maloliente. –Ya casi es hora, debemos apresurarnos antes de que lleguen los invitados.

-¿Invitados? –Corearon Relena y Heero.

-¡Claro! Vendrán muchísimos invitados, y bastante jóvenes. –Rió la siniestra Dorothy, provocando una mala espina.

-Espera, ¿por qué tendremos invitados? –Volvió a cuestionar Relena.

-Señorita Relena... ¿qué dia es hoy?

-Bueno, es veintinueve de abril.

Wufei comprendió todo y sonrió con perspicacia. Heero, por su parte, comenzó a sudar frío.

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