Cuento de hadas

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Una mañana, en la oficina, Jean y Camila, otra de nuestras compañeras de trabajo, leían un periódico que abandonaron en mi escritorio en cuanto escucharon al jefe del área llegar.

Más tarde, en el descanso, aproveché para ojear el periódico donde hallé una noticia que me dejó muy interesado una entrevista a un maestro de música que abarcaba casi toda la primera plana.
Se trataba del director de una orquesta, que para mi sorpresa también es no vidente. Y mientras más me hundía en la lectura, más maravilloso me parecía mi reciente descubrimiento: pues este hombre, a pesar de su dificultad, había logrado juntar un grupo de ochenta y seis filarmónicos de los cuales la mayoría, padecía de algún tipo de impedimento físico.

En cuanto tuve ocasión, investigué acerca de ese grupo y me sentí ansioso por contarte de su próxima función.
Creí que debías saber que hay muchas personas que, al igual que tú, habían luchado por salir adelante a pesar de su condición.

Antes de la hora de salida, Jean se sentó frente a mi y me miró con su gesto de fastidio.
-¿Es enserio, Alex?
-¿Qué sucede?
-Camila me dijo que Mari estaba triste por tu culpa. ¿No te quedó claro lo arrepentida que estaba?
-Yo también.
-No seas tan inmaduro, Alex. Tú la quieres, y ella a ti. ¿Por qué no intentas darle una oportunidad?
-Ya se la he concedido, ya lo sabes.

Él bufó y vio la página del periódico que tenía precisamente abierta sobre la mesa.
-¡Ah! Ya entiendo. —exclamó, resoplando—. Es por la ciega, ¿no? No sé qué tienes en la cabeza, hermano. Esa chica no es para ti.

Respiré profundo y evité mirarlo.  Di gracias por mi abundante paciencia, pues si le hubiera dicho todo lo que llegó a mi mente en ese instante, tal vez nuestra amistad habría terminado de una forma muy grotesca.
-Jean, por favor. —suspiré con voz calmada—. No quiero que te metas en esto, ni que hables así de Nirelle. No poder ver no es una enfermedad.
-No seas tonto, Alex. O, no me digas que... ¿Quieres llevarte a la cama a una muchacha ciega? Eso no es propio de ti.
-Jean, cierra la boca. -me pareció monstruoso ese comentario. Yo nunca habría pensado en ti de esa forma, pero conozco a Jean y sé qué tipo de cosas pasan por su sucia cabeza-. Ya no somos adolescentes. Cuando aprendas a comportarte como el adulto que eres tal vez entiendas que lo de Mari y yo nunca iba a ser posible.
-Está bien. -se encogió de hombros, restando impartancia a mi queja-. Y si sigues actuando como el príncipe de un cuento de hadas, luego no digas que no quise ayudarte.

¿El príncipe de un cuento de hadas?
No repliqué nada, solo lo miré firmemente cuando regresó a su cubículo chin su típico aire despreocupado.

Más tarde, a la hora de salida le pregunté si quería acompañarme a llevarte la noticia y con suerte alguna flor, y volvió a encogerse de hombros.
-Como quieras.

No me percaté de que Camila nos había escuchado.
Ella era los ojos y oídos de Mari desde de que la promovieron de puesto. Seguro que así fue como ella se enteró de las visitas que te hacía.

Jean y yo te hallamos en la planta baja, tanteando el terreno de la sala con tu bastón.
-Buenas tardes. -dijimos y tu dejaste de lado tu afán.
-Hola, ¿Hoy ha venido Jean también?
-Si. ¿Como te sientes?
-Estoy bien. -Jean vió que te afanabas en algo que ninguno conocíamos y te preguntó con demasiada amabilidad:
-¿Buscas algo?
-Oh, es que tengo un libro grande en el que he guardado todas mis flores. Lo coloqué en el estante pero lo he perdido.
-¿Por qué no me pediste ayuda desde el principio? -te preguntó Ángela.
-Quería encontrarlo por mi misma. -dijiste, y resignada, volviste a tu sillita junto a la radio.
-Es una pena que hoy no tenga una flor para ti. Pero he encontrado algo que tal vez te agrade.
-¿Qué es?
-En el periódico hay una historia de un maestro de orquesta que también es no vidente y tiene un gran grupo compuesto de talentosos músicos. Lo fascinante de todo esto es que la mayoría de los integrantes tienen alguna condición parecida a la tuya.
-¿De verdad? Siempre he querido tocar algún instrumento.
-¿Te gustaría conocerlo?
-Claro que sí. ¿Tú me llevarías?
-¡Eso seguro! Solo será cuestión de que tu hermano lo permita.

A primera vistaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora