Amor de madrugada

75 14 1
                                        

Unas noches después, mi teléfono sonó a las tres de la mañana.

–Perdón por despertarte. –se disculpó tu voz del otro lado de la línea.
–No hay problema. Me gusta escucharte.
–Gracias. –me levanté y fui a hacer un café para no volver a dormirme–. ¿Qué haces?
–Bueno, estoy tratando de encontrar la flor que me trajiste ayer, pero creo que Ángela la cambió de lugar.
–Es una pena. ¿Para qué buscas la flor?
–Para terminar de narrarme la historia de cómo la conseguiste.
– ¿Cómo crees que lo he hecho?
–Pues... Viste su color del otro lado del jardín de la viejecita de la otra vez.
–Jajá, pobre señora.
–Si, aún no descubre quién es que asalta sus flores más hermosas.
–¿Y luego, qué hice?
–Saltaste la cerca que protege sus rosas de los invasores y te gustó su olor. «¡Ésta rosa es perfecta para Nirelle!», imagino que axclamaste y la tomaste para mí.
–¿No te parece que también eres una criminal? Porque la pobre señora pierde sus flores para que tú puedas tenerlas.
–Deberíamos recompensarla un día de estos. –reflexionaste.
–Creo que ya es recompensa suficiente que seas feliz. Ella lo entenderá.
Te reíste y luego, olvidando lo tarde que era, exclamaste al auricular:
–¡Ya encontré la flor!

A primera vistaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora