Una nueva amiga

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Casi se me cae de la mano el ramo de flores que te llevaba cuando llegué a tu casa y te vi en el jardín, conversando y riendo con Mari.

-Buenas tardes. -dije llamando la atención de ambas, asombrado.
-Hola, Alex. - me dedicaste tu sonrisa risueña, antes de exclamar-: No sabía que tenías una amiga tan divertida.

Miré a Mari confundido y ella sólo sonrió con su característica gracia. Ángela, que se acercaba con una bandeja de pasteles y té, también me sonrió. Aún no entendía qué estaba pasando.
Las acompañé a la mesa, aunque la miraba furtivamente de vez en cuando. No entendía que hacía ella allí. ¿Qué pretendía al visitarte?
Esa situación tenía la poco graciosa firma de Jean por todas partes.

-Alex es muy callado en la oficina. -decía Mari con su hermosa sonrisa morena taladrándome de lado a lado.
-¿Es verdad? Habla mucho conmigo. -te reíste con tanta dulzura que no pude evitar comentar:
-No es muy conveniente ser parlanchín en el trabajo.
-Puede ser -volvió a soltar Mari-. Aunque debes ser muy elocuente para tener una amiga tan formidable como Nirelle.

No me gustó el comentario ni que hablara de ti como si fueras su amiga de la infancia, pero me tragué mis replicas y me mantuve firme en la conversación sin sacar a relucir mi enorme desconcierto ante tan inesperada reunión.

Más tarde, cuando nos despedimos de ti y salimos a la calle, Mari me miró y volvió a dedicarme su sonrisa falsa.
-¿Qué hacías ahí? -espeté sin despegar la vista del camino. Sentí su mirada posarse sobre mí con escrutinio mientras caminaba a mi lado.
-Me sentí un poco curiosa, solo eso.
- ¿Jean te dijo que vinieras?
-Jean no tiene más culpa que la de ser un bocazas. -volvió a reírse-. Camila lo oyó comentar que te habías enamorado de alguien y solo nos pareció buena idea...
- ¿Espiarme?
-Si lo pones de esa forma -se encogió de hombros-. Pero no tenia intención de molestarte.
-Entonces te pido que no vuelvas a molestarla, por favor.
-No lo sé. La chica se sintió muy feliz de tener visitas. Tú mismo viste su ilusión cuando me pidió que volviera.
-Ella no te conoce. Y a ti te interesa menos.
- ¿Por qué dices eso? Tú no puedes hablar por mí.

Me quedé en silencio y luego, con una franja de incredulidad en su voz añadió:
-¿De verdad te has enamorado de ella?
-Eso no es algo de lo que deban ocuparse tú o Camila, o incluso Jean.
-No. Claro que no. Pero te equivocas al decir que no me interesa -tomó una bocanada de aire y luego añadió-... es verdad que te seguí y en cuanto me enteré de que la chica que te gustaba era una joven ciega, fui a visitarla para molestarte. Pero... Cuando le dije que era tu amiga, esa chica aún sin vida en sus ojos, pareció brillar. Me di cuenta de que ella te ama y eso es más de lo que yo jamás pude ofrecerte.
»Quiero que sepas que si vuelvo a visitarla no es por ti, ni si quiera por ella. Sino por mi.
-No entiendo... ¿por qué?
-Me da mucha esperanza saber que hay una persona que no conoce la luz, y que aún así, es capaz de brillar de felicidad. Y de amar.

Después de eso no tuve más preguntas.
Sí habían muchas cosas que quería saber y que me intrigaban, pero solo cuando llegué a mi casa y me hube duchado con agua fría, tuve un pensamiento que fue más esclarecedor que cualquier respuesta que Mari pudiera darme:

Tu sonrisa era tu arma. Un arma ligera y clara con la que podías penetrar cualquier corazón, y cambiarlo.

A primera vistaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora