El sol aún no había anunciado su ascenso. La ciudad de Deretheon permanecía dormida bajo la luz de la luna. Excepto los magos que partían aquel día en busca de una nueva vida en sus gremios. Heather hacía horas que esperaba en la estación a que el Reckon llegara.
La estación por la que pasaban los Reckons que se dirigían a los gremios era un túnel estrecho. Las paredes y el techo eran de color gris oscuro y estaban formadas básicamente por piedra. El suelo estaba ligeramente inclinado por lo que a veces resultaba complicado mantener el equilibrio. La estación tenía unas antorchas que emitían una tenue luz, cada una de un color. Cada gremio disponía de su propio color que le representaba. Heather se sentó en el pequeño banco de mármol bajo la antorcha azul; la de Dragonwings. El túnel era un lugar oscuro y tan solo las antorchas iluminaban el lugar. Muchos de los magos allí presentes recurrieron a la magia para no sufrir ataques de claustrofobia. Heather puso los ojos en blanco al ver a los magos de luz recurrir a su energía para mantener las diminutas esferas de luz activadas; le parecía ridículo iluminar un túnel subterráneo con magia cuando podían usar un sistema que no requería energía vital como las antorchas.
Esa era una de las razones principales por las que Heather empezó a trabajar como Ingeniera. Creía que la magia podía medirse de manera que no hubiese que consumir toda la energía de golpe. Utilizando los artilugios mágicos, o como los llamaban allí Controyer, se ahorraba muchísima energía que tal vez fuese necesaria más tarde. A Heather desde siempre le suponía un auténtico desafía controlar la energía vital y se esfumaba demasiado rápido. Aquella era otra de las razones por las que escogió ser Ingeniera en lugar de Cazadora o Alquimista. Ambas clases requerían de la magia vital para funcionar correctamente.
El gran reloj enmarcado de la estación anunció las cinco de la mañana; quedaban cinco minutos para que pasara el Reckon. Heather se puso de pie ansiosa y se acercó a las vías del tren. No podía seguir esperando, quería subirse ya al Reckon y partir hacia Dragonwings. En ese momento un grupo de chicos vestidos de negro aparecieron en la estación y Heather se fijó en que eran los novatos de Shadowheart. Era sencillo reconocerles con el logo de su gremio grabado en sus extravagantes mochilas y sus lazos negros atados a la muñeca. Edward iba entre ellos. Él y Heather cruzaron una única vez la mirada y en seguida volvieron a sus asuntos.
Se fijó en el grupo de Edward. Eran diez chicos y doce chicas. Aquel año Shadowheart había reclutado mucha gente, algo tramaban. Del grupo de Shadowheart dos chicos y una chica destacaron sobre los demás; eran seguramente los jefes. Uno de ellos, rubio y de ojos azules, hablaba subido de tono y conseguía que todo el grupo le escuchara. Se había situado delante del resto de magos de su gremio y parecía que sus palabras hipnotizaban a los chicos. El otro mago permanecía al lado del rubio cruzado de brazos y fulminando con la mirada a cualquiera que se atreviese a interrumpirle; sería su matón personal. Era un auténtico armario. Debía medir alrededor de dos metros y tenía una fuerte constitución. Sus rasgos eran duros y sus ojos marrones intimidaban con solo intercambiar una mirada.
La chica, situada a la izquierda del rubio, escuchaba las palabras del mago rubio sin mostrar expresión alguna. Aquella chica infundía más temor incluso que el mago-armario. Llevaba su cabello negro recogido en una coleta y sus ojos, del mismo color, parecían dos pozos de oscuridad. Era alta, mucho más que el mago rubio, y más que delgada parecía que estuviese estirada. Tenía la espalda completamente recta y Heather se fijó en que no parpadeó ni una sola vez.
El rubio acabó lo que parecía un discurso y todos los que escuchaban aplaudieron. Heather resopló aburrida; no era más que un engreído, como la mayoría de Shadowheart. Regresó a su banco y cerró los ojos hasta que la bocina del tren anunciara que ya era la hora de marcharse.
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Dragonwings
FantasíaImagina por un momento un mundo donde todo es posible, un lugar en el que la magia es el motor y sus habitantes conviven pacíficamente junto a ella: el reino de Eireen. Años después de la Caída de Aster el Tirano, los diferentes gremios de magos se...
