DIA 5

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6:01 AM.

La puerta se abrió como cada mañana. Un saludo cotidiano, sus pasos directamente hasta el cubículo de las escaleras, Rodrigo miró hacia cada uno de los escalones, era un camino que recorrió por la ultima semana. Un cansancio se apoderó de él, el día anterior habían trabajado sin descanso y hoy tendrían que quedarse tiempo extra hasta dar por terminado el trabajo. El fin de semana era libre y necesitaba darse unos días de descanso ante de que llegara el lunes y recibiera a los clientes que llegaban del Japón el sábado.

Ellos descansarían el domingo para empezar a trabajar en el sistema de seguridad con los materiales que utilizaban en su país. Tenían que adaptarlos porque el éxito del programa necesitaba de eso.

Fue hasta el primer escalón y subió tomando impulso hasta trotar a una buena velocidad que hizo acelerar su corazón y su respiración.

No se detuvo, aguantó las ganas de detenerse en el segundo piso, podía escuchar a las mujeres de limpieza trabajando. Siguió su camino hasta encontrarse en el tercer piso y seguir hasta su oficina. Abrió la puerta y la cerró de inmediato a su espalda. Fue directamente hasta su escritorio mientras se quitaba su chaqueta colgándola en el gancho donde siempre y desabotonando los puños de la camisa para doblar las mangas hasta los antebrazos y empezar sin demora a trabajar.

No estaba atrasado, después de todo el día anterior no perdió el tiempo y trabajó al par de sus empleados que invadieron su oficina, incluso él invitó la comida que les fue llevada hasta la puerta de la oficina Frunció los labios de manera involuntaria, nunca imaginó que se encontraría con el auto blanco que había visto un par de veces que ella esperaba a la salí del edificio.

Verla alterada le robó un par de horas de sueño. No le había gustado nada que ella estuviera tan molesta con el tipo y discutiera hasta el momento en el que ya no logró distinguirla.

Miró el termo blanco, lo tomó en la mano y bebió un sorbo sintiendo la cafeína empezar a correr por su sistema. Encendió la computadora y esperó sin dejar de disfrutar de su bebida mañanera.

Había prometido que no volvería a tocarla pero era una tentación demasiado fuerte para hacer caso omiso de ella. Se recargó unos segundos en el respaldo del sillón y suspiró terminando de un largo sorbo el delicioso café.

Empezó a trabajar. Tenia que dejar todo lo que no fuera trabajo a un lado, tenia ese día para preparar el programa y empezar a probar el sistema de seguridad antes de recibir a los nuevos clientes que llegaban el lunes para recibir la mercancía que llevarían personalmente hasta su país y las instalaciones en donde un par de sus trabajadores instalarían.

Desde allá iban a asegurarse de que todo estuviera bien y que lo que estaban vendiéndoles era de muy alta calidad.

8:47 AM.

Rodrigo se movió adolorido en su silla, llevaba un poco más de dos horas mirando lineas de números y letras, unas tras otras hasta que sus ojos se cruzaron haciendo corto circuito, ahora necesitaba descansar unos minutos. Frotó sus ojos con los dedos y al dejarlos unos segundos cerrados pensó en que seria buena idea levantarse e ir hasta el cuarto del café y enjuagar el termo para pedirle a unos de los empleados que lo entregara a la joven de limpieza.

Se levantó sosteniendo el trasto en la mano y caminó hasta la puerta saliendo al pasillo, saludó a los empleados que ya empezaban a trabajar, algunos moviéndose por el piso y otros en sus oficinas. Pasó por ellos y entró a el pequeño cuarto que ahora ya mantenía la puerta cerrada. Frunció el ceño, no estaba seguro de que este lugar se mantuviera así después de la llegada de sus empleados, no llamó, seria estúpido si no había nadie en el lugar, abrió la puerta suavemente encontrándose con una mujer con el uniforme de limpieza inclinada entre la maquina del café y la pared, sus caderas se movían ante el esfuerzo de mantenerse inclinada como buscando algo.

TAN DELICADA COMO UNA ROSA CON ESPINASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora