NOCHE 1

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7:12 PM.

Sus manos fueron directamente a el cierre del vestido, lo fue bajando lentamente hasta que ella se estremeció cuando sus dedos tocaron la suave piel que su memoria no había dejado de sentir aún con los ojos cerrados. Hundió su lengua acariciando todo su interior probando su néctar que lo hacía sediento.

Dibujó su figura bajo el vestido; ella se estremeció con un gemido. Fue quitándoselo; muy lento; muy suave; buscando no asustarla.

- Deja que...

María se movió permitiéndole bajar la blusa sacando sus brazos dejando que viera el resorte delgado rojo que se detenía en sus hombros sosteniendo el sostén que cubría sus redondos y pequeños senos.

- ¡Eres hermosa! - suspiró apartando apenas sus labios de los de ella -, ¡me encanta la suavidad de tu piel! He estado soñando con acariciarla por muchas noches.

Bajó su vestido, que fue una sorpresa, la suave tela cayo alrededor de sus pies. Era muy femenino y bonito, se amoldaba a su figura delgada. Parecía ser hecho especialmente para ella. Hundió su rostro en el escote de su sostén aspirando su perfume que encendía su libido cada vez más.

Estaba disfrutando el descubrimiento de su piel morena, le sorprendió lo pálido que él estaba, sus manos eran más claras y eran un contraste que le resultaba extraño. La mayoría de sus amantes eran mujeres de piel más blanca, con cuerpos delicados, bien cuidados por tratamientos de belleza, ella se sentía mas fuerte, pero al mismo tiempo delicada en sus brazos, no tenia temor de provocar algunos hematomas en su piel si llegaba a portarse demasiado apasionado.

Abrió el broche trasero del sostén, fue quitándole la prenda intima. María cubrió sus senos tímida, él tomó sus manos subiéndolas sobre su cabeza.

- Mantenlas arriba - se inclinó susurrando a su oído -, quiero descubrir lo que escondes bajo ese horrible uniforme...

Fue deslizando sus manos por sus brazos hasta sus hombros y después por su torso. Ella se estremecía sin ocultar pequeños sonidos desde su garganta. A Rodrigo le parecía algo excitante, su cuerpo ya estaba duro, sudando ante las sensaciones que estaban embargándole. Suspiró y sus manos siguieron su camino hasta los dos montículos duros como pequeños granos de café perfectamente tostados.

Lamió sus labios sin dejar de mirarlos saboreando. Su boca se llenó de saliva ante la perspectiva de meterlos en su boca y ...

Bajó la cabeza. Sus labios abiertos se detuvieron rozando esos pezones oscuros, desde donde estaba levantó la mirada hasta el sonrojado rostro femenino.

Se sorprendía ante las reacciones de su cuerpo, la forma en que temblaba en sus brazos y su entrega. ¡Dioses! Nunca antes hubo una mujer en sus brazos que se entregara sin defensas o inseguridades a él. Abrió la boca y devoró sin delicadeza el pequeño nudo de nervios que ella le ofrecía.

María se mordía los labios aguantando sin éxito detener las sensaciones que Rodrigo Del Valle provocaba con sus expertas caricias. Cerró los ojos y las dudas empezaron a hacer mella en su poca cordura. ¿Cómo era posible qué estuviera en ese cuarto, en esa cama, temblando como una hoja ante las caricias de su jefe? ¡Demonios, su jefe! Ella no tenia que estar en una cama extraña con él. No había nada en común entre ellos. Él lo dijo reprochando su propio sentir.

Abrió los ojos de golpe. Miró el techo semi oscuro y el frío helador de la realidad la paralizó.

- No, ¡No! - Gruñó Rodrigo sosteniendo con ambas manos sus mejillas pálidas y frías -, no pienses en nada. Sólo siente, Déjate llevar.

- ¡Está mal! - gimió moviendo la cabeza mirándolo con desespero -, no sé porque estoy haciendo esto. Apenas nos conocemos...

Las ultimas palabras fueron un susurro angustiado.

TAN DELICADA COMO UNA ROSA CON ESPINASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora