DIA 13

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9:34 AM.

Una mano subió a su frente despeinando más su fleco. Sobó la parte alta de su cabello ante un inminente dolor de cabeza. Casi soltó un bufido, odiaba tener dolores de cabeza y no porque padeciera de ellos simplemente no le gustaba que le doliera la cabeza. Dejó escapar un sonido de desagrado y hundió su rostro en la suave almohada.

"Es la maldita almohada" pensó jalándola con la otra mano libre. "Es demasiado suave". La almohada cayó silenciosa al piso y su cabeza sobre la sabana ahora fresca, un alivio para sus sienes pulsantes.

- ¿Siempre haces tanto ruido cuando despiertas?

Abrió los ojos casi de inmediato y las volvió a cerrar al sentir la claridad de la mañana. Gruñó y se acomodó en la calidez de el cuerpo que la abrazaba por detrás. Se movió un poco más contra él hasta que sintió la erección masculina buscando entre sus nalgas.

- Si no quieres que esto se salga de control no te muevas tanto - bromeó Rodrigo en voz baja acercándose a su oído -. No me hagas olvidar que sólo te he pedido dos noches...

- Queda una noche.

- Lo sé - asintió acariciando la piel que encontraba con su nariz -, una razón mucho más poderosa para no gastar la única munición que me queda.

- Si, será mejor que me levante y prepare el desayuno.

-¡No! - la detuvo rodeando su cintura y aferrándose a ella -, no estás aquí para ser una sirvienta.

- Bueno, soy peor que eso - dijo nerviosa mirando por debajo la peligrosa mano que estaba muy cerca de su seno -. Soy una...

- No, no eres nada de lo que estas pensando - replicó Rodrigo besando su hombro. ¡Dios, seguía oliendo a manzana verde fresca! -, eres una mujer que disfruta de unas noches de libertad sexual con un hombre que está dispuesto a complacerte, aunque sea por una noche.

Se quedaron en silencio. En ocasiones Rodrigo Del Valle se iba adentrando más en esa parte que ella nunca debió haber dejado con las puertas abiertas, incluso mientras estuvo ocupado por el pobre Paco.

- Si, pero es de mañana y tenemos que desayunar - le hizo notar después de aclararse la garganta.

- Podemos salir a desayunar a cualquier lugar - dijo entusiasmado -, es sábado y tenemos el día completamente libre para hacer lo que sé nos dé la gana -. La giró en sus brazos sosteniéndola sobre su cuerpo. Sus caras quedaron frente a frente -, ¿Un lugar al que siempre has querido visitar? No importa que tan lejos esté, podemos pasar la noche fuera.

- No quisiera desbaratar los planes que tenía para este día - negó con la cabeza sintiéndose de pronto inquieta -, yo puedo visitar a mi hermana...

- No tenia planes para el día de hoy - suspiró como si estuviera agotado -. Mis planes eran desayunar al aire libre a tu lado.

- No lo sé - musitó inquieta.

Rodrigo la acercó a su cuerpo atrapando a su pequeña María sobre las sabanas grises. Abrió sus piernas con las suyas y aunque encontró algo de resistencia ella se acopló perfectamente a su cuerpo. Se incorporó con sus brazos evitando poner todo su peso sobre ella.

- Este fin de semana estoy aquí contigo - señaló severo inclinando su cabeza hasta casi besar su mejilla -, y quiero complacerte en todos tus deseos. Todos los que tengas, hasta la que creías imposibles.

- Yo no tengo deseos - respondió mirándole sonrojada.

- Todos los tenemos -. Levantó una ceja sorprendido y señaló su frente serio -, aquí dentro debe haber algo que siempre has querido hacer...

TAN DELICADA COMO UNA ROSA CON ESPINASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora