La noche había estado tranquila. Los sueños trágicos no me habían hecho despertar bañado en sudor.
La fría mañana de domingo me dio ánimos para salir un rato a recorrer el vecindario. Algo que hacía con poca frecuencia. En parte porque los domingos terminaba de hacer las tareas, pero esa semana había estado tranquila.
Me puse una sudadera y unos pantalones cortos a pesar del frío.
Bajé a hacerme el desayuno.
En la cocina estaba mi madre intentando hacer algo parecido a una ensalada.
-Hola Aaron- saludó-. ¿Qué haces levantado tan temprano?
-Voy a caminar- respondí. Ella sólo me miró extrañada.
-Hace días que no lo haces ¿Por qué será?
-No tengo ni la más mínima idea- respondí desinteresadamente-. Se me ocurrió ir a recorrer el vecindario. Sólo serán unos minutos.
-Es por una chica- aseguró ella-. ¿Cómo era? ¿Carmen? ¿Karla?
«Karim», pensé. Lo cual me hizo mirar el plato de cereal para que mi madre no viera mi cara roja.
-No es eso- mentí-. Necesito hacer algo en las mañanas. No me gusta estar en cama todo el día ¿recuerdas?
-Bien- se rindió por fin-. Pero ten cuidado, hijo.
Terminé el desayuno y salí a la fría intemperie después de cepillar mis dientes. La mañana no estaba tan fría como en otros días. Algunos rayos de sol intentaban filtrarse por las gélidas nubes que, a menudo, están soltando nieve.
Había dicho a mi madre que caminaría por el barrio, pero se me ocurrió atravesar el bosque. Nunca había cruzado más allá de la linde. Siempre se me había hecho misterioso ese gran criadero de árboles.
Me escabullí por el patio trasero hasta la cerca; la cual salté.
Los altos pinos del inmenso bosque no dejaban que la nieve cayera en el piso del bosque; por lo que el suelo estaba cubierto con corteza y unos pocos charcos de agua fría.
Me adentré cada vez más en aquel bello bosque. Me sentía seguro, a salvo. Como si hubiera estado viviendo en el lugar equivocado toda mi vida.
Un sonido cercano me sacó de mi trance. Sonaba como un animal adolorido. Me mantuve en silencio por un momento. Lo escuché de nuevo. Intenté seguir el sonido con precaución. Había visto programas de vida salvaje que hablaban sobre animales que son capaces de imitar el sonido de un animal adolorido para atraer a alguna presa ingenua. Pero lo que vi simplemente me sobresaltó. Había un lobo pequeño tendido en el suelo al lado de uno más grande.
Caminé lentamente para no asustar al animal; pero una de las cortezas crujió bajo mi pie, lo que alertó al pequeño. Rodeó el cuerpo del otro y se escondió detrás de él. Este último tenía una mancha roja en el vientre. Deduje que era la madre del cachorro. Me acerqué cada vez más lento. El pequeño cuadrúpedo solo gemía con cada paso que daba. Para él, yo era una amenaza y estaba esperando que su madre le levantara a protegerle. Lo que el pobre lobo no sabía era que su madre no iba a poder protegerle nunca más.
-Pobre- escuché que alguien decía a mis espaldas. Me pare de un salto. A lo que el cachorro respondió con un agudo ladrido. Me di la vuelta.
-¿Quién eres?- pregunté cuando vi a una chica. Unos años menor que yo.
-Me llamo Marie- respondió ella con una sonrisa en la cara y me tendió la mano. Me sentí inseguro al principio, pero ella insistió todavía con su mano en el aire. Al final accedí.
-¿Qué haces en este bosque sola?- pregunté.
-Te iba a preguntar los mismo- bromeó-. Sólo salí a dar una vuelta. No te preocupes, me conozco este bosque como la palma de mi mano. Mi casa está un poco más adentro.
El lobo volvió a ladrar. Los dos le miramos con pesar.
-Pobre pequeño- exclamó ella-. Fue una herida de bala.
-¿Cómo lo sabes?
-Sonó hace unas horas- respondió ella desinteresadamente-. Debió ser un cazador novato.
-O alguien que falló el tiro- agregué.
Los gemidos del lobo rompían el silencio del bosque.
Me seguí acercando hasta quedar a unos cuantos centímetros del cachorro. Me arrodillé cuidadosamente al lado de la loba y examiné la herida. Lo que la hubiera matado había golpeado el estómago del animal. Se desangró con su cachorro siguiéndola.
Me acerqué más al pequeño can, que no retrocedió. Sólo se quedó ahí; esperando a que su protectora reaccionase.
-Tranquilo- susurré-. No voy a hacerte nada.
Levanté mi mano, y él se encogió sobre sí mismo. Di un paso más. El lobo reacciono saltándome encima e intentó morderme. Me dejó una marca en el antebrazo; pero su mandíbula no era lo suficientemente fuerte para llegar a atravesar mi piel.
-Alguien debería cuidarlo- aseguró Marie- ¿No crees?
-Podrías cuidarlo tú- propuse-. Vives en el bosque. Un buen lugar para un animal silvestre.
-No, lo siento- se lamentó-. Tenemos un perro que está entrenado para mantener a los lobos a raya. Así que no será posible. Pero podrías cuidarlo tú.
-No creo que a mi madre le guste tener un animal carnívoro en casa- el lobo había dejado de morder mi mano y se había recostado en mi regazo. Podía sentir que el cánido tenía miedo y estaba helado-. Aunque, por otro lado...
Dirigí la mirada hacia Marie, pero solo me encontré con el silencioso bosque. Cargué al cachorro y di media vuelta. No me había alejado mucho del jardín, así que fue fácil llegar.
Entré a la casa muy silenciosamente. Fui a la cocina y tomé un trozo de carne y un plato de agua. Salí de casa por la parte de atrás hacia el jardín. Había un tronco hueco, en el cual acomodé algunas mantas para calentar al lobo. Seguía temiéndome, pero no quería salir de la madriguera; así que me acerqué lento, con la intención de darle de beber y comer.
Rodeé el árbol y dejé el plato de agua frente a él. Se incorporó rápidamente y comenzó a gruñir. Me quedé quieto para no intimidarle. Se acercó receloso cuando vio el plato lleno de agua. Cautelosamente, bebió un poco; momento que aproveché para sentarme. Dejó de beber cuando vio la carne que tenía en la mano. Se relamió, pero no se atrevió a dar un paso, así que corté un trozo y lo puse a pocos centímetros de su hocico. Como es natural, primero lo olisqueó, algo que tomó un rato. Lo agarró entre sus fauces y procedió a comerlo. Cuando hubo terminado, se aventuró a ir por el resto de carne que se encontraba en mi mano. Se detuvo cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, pero el hambre le ganó la batalla al miedo y se dispuso a comer directamente de mi mano.
Al cabo de unos minutos, el trozo de carne había desaparecido de mi vista; y el lobo se encontraba dormido con el hocico en mi mano.
Por primera vez desde que lo había encontrado en el bosque, me fijé en su pelaje: era blanco como la nieve. Tenía manchas grises con forma de elipses.
«Loki» pensé. Había leído anteriormente que un sobrenombre del dios nórdico de las bromas era “Lengua de plata”. Lo que me recordaba a las manchas del pequeño animal.
-Loki- susurré.
-¡Alan! ¡Aaron!- mi padre gritó desde la primera planta.
Bajamos a toda prisa.
En la sala se encontraba Sam hablando con mi padre. En cuanto nos vio, dirigió una mirada al jardín.
-Recibí tu mensaje- habló él cuando ya estuvimos en el jardín- ¿Que sucedió? Algún espíritu.
-No es eso.
-Si el mensaje fue de él- interrumpió Alan- ¿Qué hago yo aquí?
-Aaron dijo que necesitaba ayuda con algo- explicó Sam-. Creí que era algo en que los dos estaban involucrados.
-No estamos metidos en problemas- afirmé-. Bueno, al menos yo no. Ustedes solo síganme.
Los guíe hacia la parte trasera del jardín. Cerca del árbol comencé a caminar más lento, algo que ellos imitaron.
Cuando llegamos al árbol les enseñe lo que había encontrado.
-Es un... ¿Perro?
-Es un lobo- dijo Sam-. Un lobo de Vancouver ¿Cómo es que tienes un lobo viviendo en un árbol?
-Lo encontré esta mañana cuando salí a caminar- respondí-. Su madre estaba muerta. Una herida de bala.
-Y lo trajiste a casa- me reprendió Alan.
-No quería dejarlo en el bosque- me defendí-. Un animal tan pequeño no sobrevive demasiado sin protección.
-Es raro ver a un crassodon- dijo Sam-. Son muy tímidos.
-Tal vez la loba estaba cazando con su cachorro la misma presa que una persona- propuso Alan-. El cazador falló el tiro y golpeó a la pobre.
-¿Crassodon?- pregunté.
-Canis lupus crassodon- dijo Sam-. Es el nombre científico.
«Arf», ladró Loki.
Salió lentamente de su madriguera. Alan se acercó para tocarlo, pero el lobo retrocedió. Sam se acercó y yo lo hice después. Loki se encogió sobre sí mismo en el fondo del tronco. Acerqué mi mano y él olisqueo. Se incorporó y empezó a lamer mis dedos. Comencé a sacar mis manos del árbol para que él también lo hiciera. Lo único que estuvo fuera del tronco fueron las patas delanteras y el hocico.
-Loki- llamé. Lo que sorprendió a Sam.
-¿Ya le pusiste nombre?- preguntó Sam.
-Se me ocurren muchos nombres mejores que ese para un lobo- bromeó Alan.
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Balance
FanfictionEn sangre pura deberá descansar el espíritu de su inminente fusión. Un hombre o mujer humilde será su morada. Dedicando toda su vida a ayudar a otros. Un corazón puro que guardará sus almas. Creando, así, al guardián del equilibrio. Idea origi...
