Capítulo 16| ¿Qué quieres?

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ANTES.

Otro día más, aquí, como siempre. Admito que me tengo que acostumbrar a esta nueva rutina. Pero en realidad, hoy me encuentro, no al cien por ciento feliz, pero si un poco alegre, en unos días iré a mi antigua escuela a un desfile de deportes, es obligatorio para todos los que hacen deportes allá, pero el director me tiene un ojo encima entonces no me voy a limitar a sólo ver y ayudar en algunas cosas, como he hecho en anteriores años.
Cabe destacar que en estos días he estado algo normal, creo. Los gemelos pelirrojos me han ayudado a incorporarme más, aunque no tengan nada que ver con el internado para niñitas en el que estoy. Me gustaría saber cómo está esa amiga que le tenía unos ojitos de interés a Mason, extraño mucho su humor.

Mason...

Tanto tiempo en el que su nombre no resonaba en mi cabeza, decir que era mi mejor amigo, mi hermano... y ahora no lo pienso. ¿Soy egoísta? ¿Eso es?. Ahora me siento mal... no lo pienso como lo hacía antes. Las cosas entre nosotros no quedaron tan estables, por más que busque un por qué, no lo voy a encontrar. Una gran parte de mí dice que está bien, en otro ambiente; otra parte dice que algo no está del todo bien, que una pieza no encaja en el rompecabezas.

—Te acostumbras a estar en un lugar y ya crees que es tuyo... ¿Así no lo piensas tú, metida?—espeta con tono arrogante en su voz la chica con la que me acabo de chocar.

—Cálmate, morena—habló con serenidad, no quiero problemas, no aquí—. Ya pasó, tu por tu camino y yo por el mío.—resoplo y doy un paso hacia adelante.

—No tan rápido.—interrumpe mi acto agarrándome del brazo.

Qué frase de película, no tiene creatividad en sus líneas.

—Tú, metida en todo, te vienes conmigo.—siguió hablándome y jalándome del brazo hacia un rincón del pasillo del módulo de laboratorios, este casi siempre está vacío, como hoy.—Déjame, solo te pido eso.

—¿Ah?

—¡Que te alejes! ¿No lo entiendes?—exclama gritando como una niña pequeña, aunque noto un poco de súplica en su voz. Ve mi cara de confusión y sigue hablando— Tú solo piensas que eso es tan fácil, llegar, no prestar atención en clases, estudiar y sacar una nota aceptable... Sí, claro, sé que eres ingenua pero nunca pensé que llegarás a este punto de ignorancia.

—¿De qué...

—¡Deja las preguntas idiotas! ¡Ya!—es evidente la angustia y la rabia en su voz.

¿A esta que le dió? No estoy entendiendo nada... Por una milésima de segundo pensé que de verdad tenía problemas mentales, parece una loca.

—Mira... te confundes de pelirroja, en serio yo...

—Cierra la boca, niña.—se me erizan los vellos de los brazos por su drástico cambio de voz, cambió a uno neutro y autoritario.— Yo sé que tú sabes.

Me quedo en completo silencio porque empiezo a considerar y meditar sus palabras, se ve segura de lo que dice, no entiendo nada... La detallo mejor y me doy cuenta que es bonita y arreglada y que la he visto en otras partes de la escuela, pero solo de reojo. Observo algo en su mirada, algo que se me hace familiar, algo que ya he visto en otra mirada.

Lo tienes, busca más.

—¿Quién eres?—esas dos palabras salen de mi boca casi en un susurro, internamente, muy en el fondo, estoy asustada por saber la respuesta.

—¡No finjas conmigo!—se exaspera aún más— ¿Tú de verdad no ves que conmigo no vas a jugar?. No voy a caer, Murphy, no lo voy a hacer—toma un largo suspiro—. No porque seas hija de papá esto tiene que pasar, no porque tu hermano sea un idiota esto tiene que pasar. Mírate, intimidada ante mí, no eres nada pero yo si soy alguien y no quiero que tú me lo arruines, que toda tú me lo arruine ¡Entiende! Por una vez en tu vida deja de fingir demencia, deja de ser tan idiota.

Inconscientemente ya los ojos me empezaban a picar por las lagrimas que se avecinaban, no entiendo la razón y creo que nunca la entenderé, pero esto me afecta y mucho.

¿Cuándo dejaste que esto pasara, Azul?

La morena solo me veía con odio y rabia contenida, ella está exasperada, roja e impotente. Se ve mal.

¿Por qué?

—Déjame—pidió casi en un susurro, con la voz rota y la mirada baja—... sólo aléjate de mí, no te quiero ver más en toda mi vida ¿Oíste bien?

Me quedo callada por unos segundos, no lo entiendo... ¿Así de sensible estoy para que esto de verdad me haga llorar?

—No—le contesto con la voz más firme que puedo, aunque no sea tan convincente—. Déjame tu a mí, ¿quién te crees?

En todo ese mar de emociones nos veo venir si mano en forma de puño a mi estómago, solo siento su mirada, su respiración agitada, la tensión y el fuerte impacto que hace que mis piernas pierdan la estabilidad en el suelo y haga que yo, lentamente, baje hasta llegar al suelo con una mano en mi estómago, tratando de recuperar el aire.

—Eres una ingrata—escupe sus palabras con odio y superioridad—, si tú madre se murió fue por suicidio porque no podía vivir mas con una rata de alcantarilla como tú, no podía contener las ganas de golpearte cada vez que jodías algo, ah, claro, como siempre haces. Me sorprende que todavía no entiendas la lección que te deja todo esto, creo que ya te di algo para que entres en razón y la empieces a entender, mugre. A tu madre le vendría bien una compañía, ¿Que opinas? Otra tumba, otra vida perdida a la cual nadie le importó.—toma un suspiro largo y tedioso, solo quiero cubrirme los oídos, esto no puede ser— Me gustaría verte destruida, no como ahora, destruida de verdad... que no te quede corazón y seas un alma vacía.

Mamá...

Te amo, mamá...

—¿Qué es lo que quieres?—formulo esas palabras como puedo, con las fuerzas que me quedan.

Se molestó más de lo normal con mi pregunta, apretó su mandíbula y los puños. Quiere gritar, quiere pegar...

—¡No te metas en mi vida!—grita fuerte, agradezco que no haya nadie en este pasillo—¡Tiene que dejar de hacerlo!

¿Quién?

Caen varias lagrimas de sus ojos.

—¡Dile al puto de tu padre que deje de follar con mi madre!

Sin decir más se dio la vuelta y se fue y lo entendí, entendí de donde era la mirada familiar y los gestos.

Ella era la hija de la directora.

Ya no alcanzo a ver nada, ya todo es negro.

***

Despierto con un fuerte dolor en el abdomen y en la cabeza. No he abierto los ojos todavía pero puedo reconocer el olor a medicina, estoy en la enfermería.

—Creo que se está moviendo.

—Sí, ya despertó.

—Hola, chicos.—digo con cansancio y un poco de dolor en mi voz.

—Zanahoria...—susurra Oliver acariciando parte de mi cabello—¿Qué pasó?.

Inmediatamente con esa pregunta todos los recuerdos vuelven a mí, todo el dolor se hace más fuerza, todas las palabras hacen memoria en mí, todas las lagrimas derramadas me recuerdan a todo lo que viví en ese momento.

—¿Azul? ¿Está todo bien?

—Déjenme sola y sáquenme de aquí, ya.—ordenó conteniendo las lagrimas.

No vi a la enfermera por ninguna parte así que el otro pelirrojo me agarró, tratando de hacer el menor daño posible, me levantó y se dirigió hacia los dormitorios.

Decidí que no voy a hablar más, no tengo las fuerzas para hacerlo.

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⏰ Última actualización: Jul 24, 2018 ⏰

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