Un amor que no fue.
Parte: 1.
Charles era aun un universitario, cuando las Vegas llamó a su puerta. Bueno, más bien su hermana lo arrastró hasta las Vegas.
Aún así, el no se quedó por las tentaciones de la cuidad del pecado. Eso no llamó, realmente, su atención. Él se quedó por Erik Lehnsherr y los sucesos que lo llevaron a condenarse.
Era verano y tanto él como Raven, su hermana, eran increíblemente jóvenes y llenos de vida. Con un futuro brillante que les sonreía. Ellos venían de Londres, donde crecieron como niños adinerados. Cuyo objetivo en la vida, era triunfar.
Un título, una buena persona, una hermosa boda y niños, igualmente perfectos que repetirían el cuento de hadas. Así estaban echadas las cartas, desde un principio. Sobretodo cuando casi parece que provienes de la realeza.
Tenían un plan en la cabeza, dinero en los bolsillos e inteligencia. Por lo tanto, ir a las Vegas para las vacaciones, no era una mala idea. Sobretodo cuando estaban a un paso de sus títulos universitarios. Pues ambos se habían quemado los párpados para no fallar y les venía genial un descanso.
Después de todo, luego de estas vacaciones, tendrían solo un examen mas, el examen final y ya podrían abrazar una de sus metas.
Lamentablemente, Charles aprendió que los niños de Londres no deberían ir a probar suerte en las Vegas. Pues podían ser embaucados fácilmente, gracias a su ingenua mente y sus fantasías infantiles.
Pero, ¿Realmente era su culpa?, Erik Lehnsherr perecia salido de un cuento. Tenía una sonrisa de demonio y unos ojos, cuyo fuego te invitaba a quemarte. Además de su tan instruida lengua del diablo. Y su apariencia de modelo de catálogos.
Charles no lo sabía entonces, pero en el momento en que sus ojos se encontraron, en aquel bar. Estuvo irremediablemente perdido y a marced del alfa.
Alguien debio advertirle.
Pero Reven se encontraba ocupada, coqueteado con una que otro Omega. Y las cosas solo sucedieron. Fue como una mala decisión de ruleta, pues Charles Xavier lo perdió todo en la primera ronda.
Principalmente, cuando Erik le sonrió, de esa forma encantadora en donde lo invitaba a sumarse. Realmente Charles debió dar la vuelta en ese instante y huir de ese bar, para ahorrarse el dolor que vendría en el futuro.
Pero, lamentablemente, este Charles era joven e ingenuo. Y no se imaginaba que el futuro podría hacerle sufrir.
Las desiciones tomadas, tienen consecuencias; y Charles eligió tomar un trago con un extraño.
Al principio fue bien, como una clásica escena de película romántica, donde dos jóvenes, en una burbuja personal, reían entre sí. Y en el aire se podía ver el: 'aqui hay magia, en proceso'.
Pero la magia no lo es realmente todo. Eso también lo aprendio después. ¿Ya mencionó que era increíblemente ingenuo?.
Los tragos fueron sumando, el coqueteó y la atracción. Mientras los ojos de ambos brillaban.
Era amor. Auténticamente lo era.
Amor, mezclado con asombro, alcohol, juventud y atracción sexual. El resultado los llevo a una explosión caótica.
