Los días habían pasado lenta y suavemente desde que volvimos de nuestro viaje por medio oriente. Nos habíamos acostumbrado a una dulce rutina que se volvía cada vez más pesada de soportar para mi, por más feliz que fuera. Nuestras familias estaban aquí durante la semana, ayudando a ______ mientras yo debía atender en última instancia a mis empresas, que me necesitaban más que nunca por mi ausencia. Los fines de semanas eran nuestros, nos quedábamos en casa durante las mañanas y si ______ no se sentía adolorida, me gustaba sorprenderla con una cena o sacarla a visitar un lugar, para sacarla de estas cuatro paredes, que seguro la tenían más que cansada.
Pero ella seguía en pie, incluso aunque los días pasaban y poco a poco todo parecía empeorar con su salud, la sonrisa de sus labios nunca se había borrado. La había visto adaptarse a su estado más rápido de lo que había imagino, algunas mañanas cuando estaba de ánimos, le gustaba pasarse de la cama a su silla de ruedas y dar una vuelta por la casa, quedarse observando la vista o simplemente sentarse en la sala de estar, como si esperara algo...
Me dolía verla añorar algo que solo ella conocía, ya que jamás me había contado sus pensamientos cuando se quedaba en completo silencio. Hoy, era uno de esos días.
Se encontraba al lado del sofá, mirando la pequeña piscina y el reflejo de la ciudad en ella, mientras el sol iluminaba tenuemente la estancia. La admire desde lejos, tratando de descifrar los pensamientos de aquella mujer tan hermosa. Y aunque quería intentar engañarme, sabía más que nadie lo que debía estar pensando...
Seguro se encontraba exhausta, cansada de estar sentada o acostada todo el día. Estaba cansada de que lo hicieran todo por ella, y seguramente estaba cansada de repetirse todos los días que debía estar bien, sonreírme y fingir ser fuerte cuando lo único que quería era llorar y dejar de causarnos sufrimiento a todos. Aquella mujer que con los años había aprendido a ser fuerte y cuidarse por sí sola, se sentía indefensa y sin fuerzas para seguir.
Me acerque mientras mis propios pensamientos me torturaban, sintiendo la necesidad de acariciarla y reconfortarla, incluso aunque no había salido ninguna palabra de sus labios, sabía que me necesitaba. Sintió mi presencia junto a ella y me miro por unos segundos, brindándome una radiante sonrisa. Me sorprendió el hecho de que la expresión de su rostro fuera tan serena y relajada, como si solo estuviera admirando la vista, sin ningún pensamiento melancólico cruzando por su cabeza.
––Buenos días mi sol––susurre, acariciando su pelo suavemente, mientras dejaba un beso en su coronilla. Escuche su hermosa risita ronca y sonreí, inclinándome un poco para sentirla más cerca, mas mía––¿Cómo te sientes esta mañana?
––Estoy bien––le resto importancia y tomo mi mano para acariciarla––¿Qué tal tu?
––Cada día más agradecido––susurre, haciéndola sonreír.
––Ven siéntate conmigo––extendió sus brazos. Asentí y di la vuelta para sostenerla en mis brazos y ser yo quien esté sentado, con ella encima. Rodeo mi cuello con sus brazos y dejo su cabeza apoyada de mi hombro, acariciándome la curva del cuello con su respiración pausada y el calor de sus curvas sobre mi cuerpo––estas radiante esta mañana Zayni...
––¿Eso crees?––solté una leve carcajada, mientras acariciaba su cintura desnuda al tacto con mi mano por culpa del pijama que se había levantado, dándome permiso.
––Si, eso creo––se rio alegremente––estas guapísimo.
––Me alegra estar guapo para ti––la mire, captando su mirada instantáneamente. Sus dedos se pasearon por mis labios y sonrió tiernamente, admirándome como no lo había hecho en mucho tiempo.
––Me hace mucha falta correr hacia ti...––me sonrió tristemente. Trate de mantener mi expresión relajada y no afligirme por aquellas dulces palabras de anhelo que salían de sus labios––y me hace mucha falta que me hagas el amor.
Trague en seco mientras mis ojos picaban, a causa de aquellos deseos que no podía cumplirle, que ella no podía cumplirme.
––También extraño esas cosas––susurre con voz ronca, tratando de hacer lo posible por no ponernos tristes, aunque todos los recuerdos que pasaban por mi cabeza solo me hacían llorar––Pero no dejemos que los recuerdos nos arropen...
––Me gusta recordarnos––me sonrió, incorporándose un poco––me hacen sentir feliz, me ayudan a seguir––acaricio mi cabello con sus dedos, haciéndome cosquillas con sus uñas.
––Estoy feliz de que te hagan feliz––admití. Aunque la verdad era que a mí solo me hacían sentir un poco más miserable que el día anterior.
A veces era difícil dormir por culpa de los recuerdos que se reproducían en mi mente una y otra vez, y siempre despertaba a mitad de la noche con miedo de no encontrarla a mi lado. Me daban miedo los recuerdos porque no quería verme débil frente a ella, yo debía apoyarla y cuidarla no llorar a cada segundo porque iba perderla.
––Quedémonos un rato mas, estoy muy cómoda en tus brazos––susurro. Me reí y asentí, acurrucándola contra mí y rodeándola con mis brazos, más fuerte que antes. Cerré los ojos aspirando el suave aroma de su cuerpo y sintiendo su cálida piel junto a la mía, brindándome la suficiente paz para soportar el dolor.
Narra ______:
Hoy me sentía un poco nostálgica, aunque Zayn no se había dado cuenta. Me dolía mucho la espalda y solo quería estar acostada todo el día, pero no quería sentirme más débil y mostrarle a Zayn como me sentía realmente. Verlo triste y preocupado no me gustaba en lo absoluto y él lo sabía, por esa razón se la pasaba preguntándome como me sentía y mirándome fijamente intentando descifrar mis pensamientos y por esa razón trataba con todas mis fuerzas brindarle una sonrisa radiante todos los días.
Siempre me había preguntado si era cierto que todos sabíamos cuando nos quedaba poco tiempo... que cómico, ¿no? Nacemos sin permiso y nos vamos de la misma manera, en contra de nuestra voluntad. Era tan gracioso como cruel...
Trate de reprimir una mueca de dolor y cansancio mientras los músculos de mi espalda se contraían una y otra vez, causándome fuertes dolores. Trate de acomodarme contra Zayn, buscando la posición perfecta para aliviar las contracciones que estaban a punto de sacarme las lágrimas.
Respire profundo, conté hasta diez y volví a aspirar su perfume, envolviendo mis sentidos en su aura, tratando de decirme a mi misma que todo iba a estar bien.
––¿Te gustaría que te preparara un poco de café?––susurro, contra mi oreja, acariciándome los brazos con la yema de sus dedos––te noto un poco cansada...
––Es solo que no he tomado mis pastillas de hoy, pero estaré bien––sonreí suavemente, clavándome las uñas en la palma de la mano.
«Mientes. Te estás muriendo y lo sabes. Lo sientes y te duele cada vez más, deberías contarle _____. Deberías decirle que te irás antes de lo que habían planeado.»
––Entonces está bien, más tarde desayunamos––me dio un beso en la coronilla y volvió a admirar la vista que teníamos frente a nosotros.
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Hello chicas, espero que se encuentren muy bien. Me he mantenido algo ocupada por la universidad pero mejor tarde que nunca, espero les guste el capitulo, besos xoxo.