Lo que Lance guardaba dentro de sí

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El aroma de Pidge le producía cosquillas en la nariz, pero no hizo más que reprimir la risa guardada en la garganta y acomodarse mejor para proseguir con el apretado abrazo. Lance podía afirmar que se sentía dichoso de poder volver a hablar con Pidge, y que, al parecer, no hubiera rencor alguno entre los dos luego de haber dejado de dirigirle la palabra por dos semanas enteras. La dicha era tal, que podía percibir un extraño cosquilleo en sus órganos internos, como si éstos se hubieran colmado con el aleteo de mariposas.

Entonces, tomándolo desprevenido por completo, escuchó a alguien carraspear a sus espaldas.

Sintiéndose como si hubiera sido descubierto con las manos en la maza en alguna escena del crimen, Lance fue invadido por los nervios y el pánico, y se apartó de Pidge como si tocar su piel quemara. Al alzar la vista, se halló con Allura, quien observaba la escena con una sonrisa ladina.

—Lamento interrumpirlos, par de tortolitos, pero... —ella enfocó la vista en Pidge—. Acabo de llamar a tus padres, y vendrán a buscarte en media hora.

Lance vio a Pidge de soslayo.

—Oh, cierto. Olvidé preguntar —vaciló un poco—. ¿Qué sucedió? Solo escuché que te lastimaste.

Pidge bajó la vista al pie vendado, y lo levantó un poco.

—¿Esto? ¡No es nada! Es solo un pequeño...

—Al parecer, uno de sus compañeros la lastimó mientras jugaban béisbol durante la clase de Educación Física —dijo Allura, quien escribía algo. Ella alzó la vista, y miró a Lance—. Se ha luxado el tobillo, y dudo que pueda moverlo por unos días. En cualquier caso, lo mejor será que descanse el resto de la semana para evitar que se agrave más.

Lance, quien había dejado de escuchar en la parte de «Uno de sus compañeros la lastimó», giró a ver a Pidge.

—Volveré más tarde —anunció, y abandonó la enfermería dejando a un par de chicas confusas ante su repentina actitud.

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Luego de indagar y corretear a través de los pasillos, aprovechando que la hora del almuerzo todavía no acababa, descubrió que quien había lastimado a Pidge era un mocoso pecoso y rubio llamado Jofrey. Lance, quien desconocía por completo al sujeto en cuestión, aguardó a que éste abandonara la dirección, donde había sido citado, y una vez que abandonó el lugar, no vaciló en lo más mínimo y lo golpeó con todas las fuerzas en la nariz.

—¡¿Pero qué mierda?!

Se oyeron sonidos de sorpresa de parte de todos los que habían presenciado la escena, pero Lance les restó importancia. Le dolían los nudillos, esos que chocaron contra el duro rostro del mocoso ése, pero tampoco se quejó. En lugar de eso, se acercó a él de forma amenazante.

—¿Cómo te atreves a hacerle eso a Pidge? —dijo entre dientes y el ceño fruncido—. ¡Pequeño imbécil, voy a...!

—¡Lance, basta! —Shiro, quien había estado en la dirección en compañía de Jofrey, lo sostuvo tan pronto notó que tenía intenciones de abalanzarse sobre Jofrey para continuar golpeándolo—. ¡Es suficiente!

—¡No es suficiente! —dijo Lance, y vio a Shiro con enojo—. ¡Ese bastardo lastimó a Pidge!

—¡Tomar justicia por mano propia nunca es la respuesta! —dijo Shiro—. ¡Basta!

Jofrey se frotó la mejilla, allí donde el puño de Lance había impactado.

—¡Ese gremlin se lo buscó! —dijo, y escupió.

Shiro no pudo sostener a Lance la siguiente ocasión.

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—En serio, hombre —Hunk intentó calmar a un furioso Lance, quien recogía sus pertenencias luego de haber sido suspendido por una semana—. ¿En qué diablos estabas pensando?

Lance no respondió de inmediato. En lugar de eso, continuó extrayendo los libros que necesitaría ante la consternada mirada de Hunk.

—Se lo merecía —musitó Lance al fin, y su mirada despidió chispas—. ¿Cómo se atreve a hacerle eso a Pidge?

Hunk no dijo nada por unos momentos. Parecía estar evaluando la situación de forma mental antes de atreverse a lanzar la siguiente interrogante:

—Pidge te gusta, ¿No?

—¡Por supuesto que no! —soltó Lance de inmediato, y en su mente se dibujó la imagen de Jessica—. Pidge y yo somos amigos desde que fuimos niños, ¡Es por eso que no puedo permitir que le hagan daño!

Hunk arqueó una ceja, no del todo convencido.

—Pero no te gusta que esté con Keith...

Lance elaboró un mohín.

—Él quiere robarme a Pidge —dijo en voz baja, pero Hunk fue capaz de escucharlo—. Seguro ha notado lo genial que es, y quiere alejar a Pidge de mi lado. ¡Estoy seguro!

Recordó la vez que los descubrió a los dos juntos en la terraza, y revivió el sentimiento de vacío en el estómago. Pidge sonreía, y Keith le devolvía la sonrisa...

Lance cerró el casillero con furia, y logró sobresaltar a Hunk.

—¿Pero qué demonios, Lance?

—¡No quiero que Pidge siga viéndose con Keith! ¡Me hace sentir furioso!

Hunk pestañeó un poco, y su mirada acabó transformándose en una de sospecha.

—Ajá. Pero Pidge no te gusta...

—¡Ya dije que no!

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Fueron las semanas más duras que Lance habría imaginado, y no fue hasta entonces que descubrió lo mucho que Pidge le hacía falta en realidad.

Luego de descubrir que Keith y Pidge tenían una amistad muy estrecha, estuvo a punto de confrontar a Pidge al respecto, pero, al final, optó por hacerse el desentendido y dejar de dirigirle la palabra como «castigo» por el simple hecho de mantener una amistad con el chico que él más detestaba.

Cuando Pidge le hablaba, Lance a veces le dirigía la mirada solo para comprobar la existencia de cierta tristeza en aquellos enormes ojos castaños, y de inmediato deseaba acabar con toda esa situación para poder rodearlo con los brazos y pedirle perdón por ser un imbécil. No obstante, al recordar lo feliz que lucía junto a Keith, olvidaba esas emociones casi al instante y proseguía con esa infantil actitud.

¿Por qué Keith tenía que ser testigo de esa hermosa sonrisa? ¡Se suponía que solo él debía conocerla! (Y, tal vez, Hunk)

Sin embargo, al oír por encima de toda la algarabía que Pidge fue lastimado, no dudó un instante y corrió a buscarlo pese a lo que estaba ocurriendo entre los dos. Necesitaba oír su voz, quería ver una vez más esos hermosos ojos castaños... Necesitaba a Pidge en cuerpo y alma, y vaya que lo hacía.

Jessica había quedado en un tercer plano, y todo porque Pidge era su prioridad en esos momentos.

Quería a Pidge, sí, pero no sabía hasta qué extensión.

«¿Acaso me estoy volviendo gay?» se preguntó, y al ver la luz en aquellos ojos cuando atravesó el umbral de la enfermería, nada más importó, e incluso esa pregunta quedó varada en algún punto de su mente sin cobrar la más mínima importancia.

Entonces, cuando rodeó a Pidge con los brazos, volvió a sentirse completamente vivo.

Magnolia [VoltronAwards18]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora