Él nunca fue un hombre supersticioso.
Jamás creyó en la astrología o las creencias ancestrales, ni siquiera cuando aquella mujer de largas trenzas predijo que tendría una vida duradera y colmada con los frutos de su trabajo, o aquella vez en la que oyó sonidos provenientes del ático a medianoche, y mucho menos en la ocasión que quebró un espejo por accidente. Él era una persona lógica que prefería decantarse por el lado lógico de cada situación, incluso cuando nada pareciera tenerlo.
Sin embargo, esa vez había algo diferente.
No sabía por qué —no existían palabras para explicar la extraña sensación que se arremolinaba en su estómago— pero presentía que algo terrible iba a suceder, lo cual era extraño ya que él no padecía de ansiedad, o al menos eso fue lo que su médico dio a entender durante su última consulta. El mal presentimiento se volvía insoportable, pero no fue hasta que ese día se presentó que fue capaz de dónde procedía.
Ese día.
Probablemente pasarían décadas enteras antes que fuese capaz de borrarlo de su memoria.
Había estado lloviendo desde la madrugada, y el pronóstico del clima no auguraba que fuese a acabar pronto.
Shiro se dedicó a beber café mientras preparaba el desayuno para Keith y el suyo propio, ya que ambos habían acordado ir juntos a la escuela a causa del clima. Mientras colocaba algunas tostadas recién hechas sobre la mesa, Keith bajó las escaleras con rapidez cargando botas impermeables así como un abrigo del mismo material para evitar mojarse en la lluvia.
Las miradas de ambos se encontraron, y Shiro pudo comprender las intenciones de Keith sin la necesidad de un intercambio de palabras.
—¿Qué piensas hacer? —inquirió Shiro—. Hay una tormenta, y me prometiste que iríamos juntos.
Keith suspiró con hastío.
—Tranquilo —dijo—, solo voy a salir un momento. Volveré pronto.
—¿Cuánto tiempo es «pronto»? —preguntó con recelo. Keith no respondió y se acercó a la puerta a zancadas, evasivo como si intentara ocultar algo—. Keith, ven aquí.
—¡Te llamaré! —dijo Keith antes de atravesar el umbral con rapidez.
Shiro lo siguió pero Keith se movía rápido, similar a un felino, y antes que Shiro pudiera hacer algo, Keith ya había subido a la motocicleta y avanzó con prisas en medio de la lluvia, los truenos y los relámpagos.
—Keith —lo llamó—¡Keith!
Estuvo claro que éste no lo escuchó debido a que no respondió a sus palabras.
Shiro ingresó una vez más, con los pies mojados a causa del nivel del agua, justo en el momento en el que un trueno resonaba en toda la habitación.
No imaginó qué había atravesado la mente de Keith para esfumarse de esa forma con un clima tan inestable como el presente, pero no podía dejar de preocuparse.
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Decidió trabajar como lo hacía todos los días, pero no era capaz de dejar de preocuparse respecto a Keith. En más de una ocasión lo descubrieron con los pensamientos aislados, y necesitó tomar un receso para poder calmar la ansiedad que lo estaba carcomiendo.
Cuando las actividades del club de escritura dieron inicio, él aguardó a que Keith hiciera acto de aparición, pero no fue capaz de verlo por ningún lado.
—¿Profesor? —lo llamó Pidge con una mirada consternada—. ¿Está ahí?
Shiro abandonó las preocupaciones con un respingo, y enfocó la atención en ella.
—Oh, lo lamento, Katie. ¿Decías?
Pidge pestañeó un poco antes de volver a hablar.
—Solo le preguntaba si sabe qué ha sucedido con Keith... No lo he visto.
Shiro apretó los labios, inseguro respecto a todo lo que estaba aconteciendo.
—Creo que no ha venido hoy a clases —respondió—. Supongo que tendré que hablar con él seriamente al respecto.
Al contemplar la fecha en el calendario, comprobó que, en efecto, había decidido saltarse los exámenes de recuperación con intenciones de visitar la tumba de su padre.
«Ha heredado ese carácter obstinado» pensó, y suspiró con cansancio «Definitivamente es hijo de él».
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Durante el fin de semana el clima se presentó mucho más estable, incluso había salido el sol.
Seguía sin haber rastros de Keith.
Shiro maldijo mil veces el hecho de que no había llevado consigo el teléfono móvil, imposibilitando así cualquier comunicación entre ambos. Keith tampoco se había esforzado en llamar, y eso solo incrementaba la ansiedad que carcomía a Shiro.
«Cuando regrese, debo hablar seriamente con él» se dijo.
Mientras contemplaba el teléfono que tenía en manos, en busca de una forma de comunicarse con Keith, el tono de llamada se hizo oír tan repentinamente que tomó desprevenido a Shiro.
Las esperanzas de éste se renovaron y, sintiendo el corazón latir a mil por minuto, respondió casi al instante.
—¡Keith...!
Sin embargo, la voz al otro lado no pertenecía a su pupilo.
—¿S-Shiro? —se trataba de Allura—. Shiro, por favor, escúchame detenidamente y hagas nada estúpido.
El tono empleado por ella solo encendió todas las alarmas dentro de sí mismo.
—¿Qué ocurre? —preguntó—. ¿Es Keith?
Hubo una pausa al otro lado de la línea.
—Hubo un accidente... —empezó a decir ella, cautelosa—. Shiro, Keith está luchando por su vida en estos instantes.
Shiro dejó caer el teléfono y notó que todo dentro de sí comenzaba a desmoronarse.
—Keith...
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Magnolia [VoltronAwards18]
Fiksi PenggemarKatie Holt ha estado enamorada de su vecino y amigo de la infancia, Lance, desde que tiene memoria sin ser (aparentemente) correspondida. Sin embargo, cuando la amistad entre ellos dos empieza a sacudirse, Katie conoce a un chico con aspiraciones a...
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