Capitulo 12- Voy con todo

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Aitana
Estoy nerviosa, es domingo, son las 11, y voy en un taxi camino de casa de Luis, me tiemblan las piernas, el corazón me va a mil por hora y me cuesta tragar saliva, ¿y si se aparta? ¿Y si la cago? Joder, a veces estro de ser tan insegura me sobrepasa, estoy llegando, pago al conductor y timbro al portal.

-¿Quien?
-Hola Luis
-Sube

Subo, subo lo más rápido que puedo, decidida, por fin, soy insegura pero yo o voy con todo o con nada, y en esto he decidido que con todo, llego al quinto piso, me está esperando en la puerta.
Me planto delante suyo, nos miramos o más bien nos comemos con la mirada, subo la barbilla, me acerco a él, me mira confundido, le pongo las manos en el cuello, el agacha la cabeza hasta que sus labios colisionan con los míos, un beso corto, apenas un choque de lenguas, nos separamos, nos miramos a escasos centímetros de distancia, sonreímos, me coge con mis piernas rodeando su cintura y mis brazos su cuello, nuestras bocas vuelven a juntarse, esta vez con más ganas, sin tanto miedo, con prisa, con urgencia, con necesidad.

Vamos hasta la cama así, sin cambiar de posición sin apenas separarnos, solo para coger aire cuando esté se nos acaba.
Me suelta en la cama, me quita la camiseta, yo se la quito a él, va dejándome besos por el cuello, mientras me desabrocha con agilidad el sujetador y lo lanza al otro lado de la habitación, continua besando mis pechos, le desabrocho el cinturón, el mi pantalón, nos desprendemos de ellos, el me quita mi última prenda, acaricia mi clitoris, mientras me besa los pechos comienza a introducir sus dedos lentamente, uno a uno, aumenta la velocidad de sus dedos y yo no puedo reprimir pequeños gemidos.
Le levanto la cabeza, haciéndole entender que quiero que siga, que lo necesito, parece que me entiende.
Se quita su ultima prenda y coge del primer cajón de la mesilla un preservativo, se lo pone rápidamente, Dios, está MUY excitado y eso aún me pone más
Me mira preguntándome si estoy segura, asiento y abro más las piernas facilitándole el acceso, me deja besitos por el cuello mientras comienza a introducir su miembro, despacio, con cuidado, como si me fuera a romper

-Luis... porfavor... sigue

Me hace caso, va aumentando el ritmo, a la vez que mis gemidos, última embestida, acaba, se queda dentro de mí y acabo al instante.

Se tumba a mi lado y me aferro a su pecho, me da un beso en la cabeza, ese gesto tan suyo...

Nunca nadie me había hecho sentir así.
Dios no he disfrutado más en mi vida, pero, ¿y si el no ha disfrutado tanto como yo? ¿Y si le he, decepcionado?
Intento apartar estos pensamientos y me duermo apoyada en su pecho, respirando su olor, y mi olor, ahora fusionados en esas sabanas.

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