Capítulo 16 (final)

10.1K 1K 224
                                        


Las hermanas y el muchacho llegaron a Corea del Sur, pisaron Seúl en buen tiempo, soleado, fresco, preciso para los turistas.

Sebastián era el más preocupado por el idioma, no se sentía seguro solo con el inglés. Ahí, tanto Jacqueline y él se enteraron de las habilidades escondidas que Susan poseía: hablaba coreano con fluidez. Es más, estaba demasiado entusiasmada.

― ¡Hoy hay una entrega de premios! —gritó en medio de la habitación de hotel— ¡Tenemos que ir! ¡Me voy a morir cuando vea a Kwon Sang Woo!

― ¿Quién? —ambos preguntaron al unísono.

― ¡El hombre más hermoso de todo Corea!

― Claro, olvídate que tienes novio —Sebastián renegó por lo bajo.

― No, amor, es distinto —Susan lo besó—. Tú sabes que eres lo más especial que tengo y eso no lo cambio por nadie.

― Mmm...

― No te enojes —lo besó de nuevo.

― De todas formas no sé qué les ves. Todos estos chinos son iguales.

Las hermanas retrocedieron, se les cayó la quijada y refutaron:

― ¡No son iguales! —dijeron ambas.

― No sabré diferenciarlos —intervino Jacqueline—, pero sé que no son iguales, incluso en sus costumbres y sus idiomas.

― ¡Y no les digas chinos, son coreanos! —dijo Susan— Tú eres estadounidense, pero estoy segura que te molestaría si a cada rato dijeran que eres canadiense o inglés.

― No me molestaría, los corrijo y ya.

― Ay tú no entiendes nada —renegó la enamorada.

― Oye, por cierto, ¿desde cuándo hablas coreano, Su?

― Oh, mi querida hermanita. Me enamoré, ¿qué puedo decir? Todo empezó cuando vi un dorama —suspiró—. Voy a llorar si me pongo a recordar, todos son perfectos. Y hay cantantes muy guapos, y...

― Ya, ya, ya entendí.

― ¡No, no lo entiendes! —le brillaban los ojos—. ¡Incluso tu ex nació aquí, solo ahí te puedo creer que me entiendes!

― Bueno, si es así... —Jacquie respondió avergonzada, sonrió fugazmente y tras el recuerdo se puso triste.

Se incomodaron los tres.

― Bien, preparémonos para salir, chicas. Estamos aquí para divertirnos después de todo.

Susan estaba molesta porque Damian no los alcanzó en el aeropuerto, pero guardaba sus esperanzas. Jacqueline, por su lado, se sacudía los recuerdos, era ley que cada que pensaba en él profundamente, lloraba, así que se veía obligada a olvidarlo por su propio bien.

Sus horarios estaban revueltos, habían llegado en la mañana y pasearon, pero en la tarde durmieron, no aguantaron más. En la noche volvieron a salir, y uno de los lugares infaltables fue la torre de Seúl. Majestuosa era ella, perfecta, romántica y acogedora.

Tan pronto llegaron, algo les llamó la atención. Había una mesa bien vestida con manteles negro y blanco; encima había un curioso pastel, en este habían palabras coreanas amoldadas en cereal, cubiertas con fondant blanco y decoradas con escarcha, de treinta centímetros de alto. Esta frase estaba firme sobre el pastel, de forma vertical, como formas en tercera dimensión.

Susan entendió enseguida y se llevó una mano a la boca en puro asombro.

― ¿Qué, qué? —espetó Jacqueline.

― Traducción, por favor, cariño.

― Me muero... —Susan apenas contenía la emoción.

De repente apareció Damian con su chaqueta de chef y unos jeans negros. Se lo veía algo agitado.

Susan retrocedió junto a Sebastián para darle a la pareja algo de espacio.

― ¿Qué... qué haces aquí?, ¿qué te pasa?

― Estoy cansado.

― ¿Por qué?

― Corrí. Contra el tiempo, contra distancias, contra todo, pero corrí por ti, Jacquie.

― ¿Cómo me encontraste? ¿Cómo fue que...?

― Eso te lo explico después —se inclinó, apoyándose en una rodilla. Susan ahogó un grito—. Ya sufrimos bastante con castigarnos con esta ausencia. Jacqueline, no quiero a nadie más en mi vida que no seas tú. Te amo tanto que el pecho no me basta. Te pido otra oportunidad, un nuevo comienzo, sé que dentro de ti sabes que siempre fui sincero en cuanto a lo que sentía, y también sé que estamos listos para lo que te quiero proponer. Entonces, después de todo, ¿te gustó el pastel?

Jacqueline estaba en shock.

― Es... ¿esas letras también se comen?

― Sí —sonrió.

― Es impresionante. Pero, mi nivel de coreano es nulo, así que... ¿Podrías traducirme eso? —su corazón no necesitaba ninguna traducción, ella sabía lo que significaba, y estaba dispuesta a perdonar y olvidar...

― ¿Quieres casarte conmigo, mi dulce cielo? —le mostró una cajita con un bello anillo dentro.

A la joven ingeniera se le escapó la alegría hechas lágrimas.

― Dios... Sí...

Susan gritó con todas sus fuerzas finalmente.

La pareja habló lo que tuvo que hablar después de tanta algarabía, afianzaron promesas y se dieron las explicaciones correspondientes. Era un compromiso que estaban dispuestos a aceptar. Después de todo, su amor lo valía, y ellos lo sabían.

La gemela logró ver a su artista favorito, tener elamor del hombre que tanto esperó, y Jacqueline reencontró su felicidad conDamian, ya después se casarían al regresar a casa, pero el viaje no lo iban adesperdiciar; los cuatro se fueron, no aver al mundo, si no a dejar que el mundo los viera.

FIN.

¡Qué hermoso que hayas disfrutado hasta la última línea!

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

¡Qué hermoso que hayas disfrutado hasta la última línea!

Me encanta leerte, déjame tu comentario y te espero en mis otras novelas.

Estoy en Instagram también como: nataliaescritora

Dulce cieloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora