Capítulo 3.1 - "Días contados"

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Día 30

El camión de carga militar ingresaba por la calle Fyndel al lado de un parque, ubicada a cuatro cuadras cerca de un punto de control al este. En el vehículo iban cinco militares: tres en la parte trasera del camión, donde transportaban el alimento para los aislados, y el conductor con el copiloto al frente. Por la calle resonaban las palabras de un soldado al megáfono: "Hora de entrega, hora de entrega. Se les ordena no acercarse hasta que estemos fuera de zona... repito, se les ordena no acercarse hasta que estemos fuera de zona".

El camión se detuvo en medio de la calle, los soldados en la cabina del conductor se pusieron a hacer guardia mientras los hombres atrás bajaban los suministros. Los ojos de uno de los que hacían guardia no dejaban de moverse de izquierda a derecha, en su mente estaba la preocupación de que otro idiota llegará a querer robar el camión...

(Durante la tercera semana de entrega, él y sus compañeros habían llegado a la misma calle Fyndel. Tenían que volver a dejar los suministros que alimentaría a la población dentro de la zona. Interrumpió su guardia diciéndole a sus compañeros "Necesito mear" y, tras unos regaños, se lo permitieron. El soldado fue a uno de los postes de luz de la calle, sacó su miembro y dejó que la orina humedeciera el metal. El hombre miraba al cielo mientras relajaba su cuerpo un momento, cuando su tranquilidad es interrumpida con su nombre "¡Chuck!". Chuck bajó la mirada y vio a una mujer observándolo. Ocultó su pene en los pantalones para después levantar su arma, "¡Señora! ¡Aléjese!" Exclamó el militar. Todos sus compañeros se pusieron en guardia, apuntando a la mujer. Chuck volvió a repetir sus palabras; sin embargo, la mujer no se movía ni hablaba. Chuck se sentía más nervioso conforme pasaban los segundos, pues tendría que disparar en caso se acercara y cuando esto empezó a suceder, el dedo en el gatillo empezó a sudar. Mientras todos observaban a la mujer, un sujeto aprovechaba el momento para acercarse al camión, no pasó mucho antes de que uno de los soldados se diera cuenta y dispare inmediatamente. Tras esto, la mujer gritó desesperada "¡Robert!", y echó a correr hacia el soldado. Chuck al verla moverse, apretó el gatillo de su arma y dejó que las balas penetraran el vientre de la mujer dejándola en el suelo. Cuando la mujer cayó, a unos metros más se dejó ver una pequeña niña en lágrimas preguntando: "¿Mamá?" Chuck quedó viendo a la pequeña infante, asustado, volteo a ver a sus compañeros y después devolvió la mirada a la niña. "Cabo... la niña" mencionó Chuck, y como respuesta obtuvo un "Déjala". Dejaron los suministros en la vereda del parque y subieron al camión. Mientras el auto se alejaba, Chuck observaba a la pequeña niña asustada y llorando en medio de la pista hasta que otra mujer se la lleva. "Ni si quiera terminé de orinar")

-¡Chuck! – Dijo uno de los militares – ¡Despierta! Vayámonos de aquí, o es que quieres mear?

Chuck supo que había pasado ya los suficientes minutos para que desembarcaran todos los suministros. Quitó la mirada de las calles y subió al vehículo. Tomó el megáfono y repitió las palabras de antes...

Tras media hora de que los militares se fueran, los "aislados" llegaron al parque. Las personas que vivían dentro de la zona se encontraban reunidas cada semana que la armada llegaba a dejarles alimentos.

- ¿Creen que sea suficiente? – Preguntó Thomas y observó a las personas a su alrededor

-Tal vez – Respondió Emily entre la multitud

-Habrá que restarles la parte a Robert y Mary – Mencionó Bernie

Algunas miradas molestas se dirigieron a Bernie tras haber dicho esas palabras, hasta que alguien menciona "Imbécil"

-Lo siento, pero estoy pensando en los que están aquí ahora – Mencionó Bernie

-Eres un idiota – Replicó Martin

BLOODEAD IHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora