Capítulo 8 "Una hija de puta"

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Mis ojos no se apartaban del ascensor. Sabía que de un momento a otro se abriría mostrando a una más que cabreada Jazmín del Río ¿Qué haría conmigo? ¿Me despediría? Seguro
El sonido del ascensor abrirse hizo que se erizaran uno y cada uno de mis cabellos. La muerte se acercaba…
Se abrió aquella caja metálica dándole paso a aquella chica. Sus pisadas eran firmes y en su mirada se veía reflejado el mismo infierno. Llevaba una chaqueta de cuero negra que la hacía lucir más diabólica. Me levanté casi inconsciente al ver que se acercaba, pero lanzándome una mirada asesina simplemente pasó por mi lado y se fue a su oficia ¿Qué?
La miré confundida, mientras cerraba de un portazo el lugar. Estaba cabreada conmigo, pero ¿Por qué no me enfrentaba? ¿Acaso era una especie de estrategia? Me senté una vez más confundida.
Oía como golpeaba sus cosas en el lugar. Los libros que tomaba caían sobre la mesa con fuerza
-Dios, alguien no está de buen humor- comentó Lucho, el chico de los recados al ver a Jaz
Yo tragué en seco, pues sabía que todo su enojo era por mi causa. De repente su voz salió de la oficina llena de enojo
-¡Florencia, ven acá!-
Mi cuerpo se heló ante su voz. Ahora si estaba oficialmente muerta…
Abrí la puerta de su oficina llena de temor, no quería ver su cara de enojo. Ella me miró en cuanto entré. Tenía el ceño fruncido y su boca hacía unos movimientos que sin duda demostraban frustración
-¿Sí?- mi voz sonó ahogada
-Debes ir a ver a Ignacio a la planta baja. Ahí el te va a dar una información que necesito para que comiences a trabajar en el proyecto de los festivales del próximo mes- dijo agarrando y dándome unos papeles –Lo quiero listo para mañana-
Fruncí el ceño y miré mi reloj, eran las 3 de la tarde, casi era hora de irse –Pero, señorita de Río, ese proyecto va muy atrasado y yo… no me va a dar tiempo-
Ella me miró de una forma muy fría y petulante –Bueno, entonces recomiendo que se ponga en marcha, señorita Estrella, si no quiere perder su trabajo-
Su tono de voz, era el mismo tono frío que había usado con Mario el primer día en que la vi, sin duda trataba de probar fuerza conmigo. Se quería vengar por lo que supuestamente cree que dije y si seguía así terminaría perdiendo mi puesto
Apreté los puños y me iba a marchar… sin duda era una hija de puta. Miranda no se había equivocado, se creí mejor que nadie y ya era hora que alguien la bajara de esa nube
-¿Te crees mejor que yo?- dije deteniéndome decidida
-¿Qué?- noté la confusión en su voz
Yo me volteé y la miré a los ojos
-¿Qué si te crees mejor que yo? ¿Crees que por qué sea una simple estudiante puedes explotarme?-
Ella sonrió de medio lado, sonrisa que odie al instante –Sí, eso es exactamente lo que creo
-¿Eso es lo que acostumbras a hacer con los estudiantes? ¿Explotarlos hasta dejarlos sin alma o siendo marionetas tuyas?- dije enojada
-No, no con todos… solo con los que me caen mal o no tienen talento. Yo con vos, Flor, creo que son las dos cosas- agregó
La miré enojada ¿Qué no tenía talento? No me podía decir eso
-Yo si tengo talento… y más que vos si me atrevo a pensar- ella alzó la ceja impresionada por mi valentía
-Bueno, demuéstralo y deja de perder el tiempo haciendo chismes con tus amigas- dijo sacando por fin el tema
Reí sarcástica y la volví a enfrentar. Sabía que podía perder mi trabajo por esto, pero ella me sacaba de quicio
-Que sepas que yo no dije nada de lo tuyo. Nunca lo haría… solo te mencioné porque… ¡Mierda! Ni sé por qué te defendí- dije llevándome las manos a la cabeza
Alcé la mirada para descubrir una expresión rara en su cara ¿Qué era? Me miraba confundida y a la vez con algo más… algo que no lograba descifrar pero que me ponía muy nerviosa.
Tragué en seco y me di media vuelta, llevándome los papeles conmigo y dejándola ahí de pie en la oficina
Recogí todos los papeles que necesitaba y comencé a trabajar en mi computadora. A eso de las 4:30 la señorita del Río salió de su oficina con sus cosas y se desapareció en el ascensor, no sin antes dedicarme una mirada
Miranda tenía razón, ella era una hija de puta que disfrutaba ver sufrir a la gente. ¿Pero cómo alguien tan bello puede ser así? Dios, Flor, para de pensar y trabaja
-Ey, ¿No te vas?- me dijo Miru acercándose a mi mesa
-No… trabajo- dije señalando mi PC
-Ya veo, la bruja ya comenzó a mostrar su verdadera imagen- dijo riéndose
-Sí, me temo que sí- dije enojada –No sé por qué no me di cuenta antes-
-Te lo dije, Flor, es una hija de puta… pero vos tranquila, solo ignórala ¿Ok?-
-Eso hago- O lo intento
Miru me sonrió por última vez y se fue también. Poco a poco me fui quedando sola en aquel lugar. Dios, eran las 7 de la noche, me moría de hambre y estaba aturdida entre tantas letras. Me llevé las manos a la cabeza y las mantuve ahí por un rato… me moría por un café.
Espera… ese olor. Un olor conocido me embriagó… era un capuchino
Abrí los ojos rápidamente y me encontré con un delicioso capuchino encima de mi mesa. Me saboreé feliz, pero mi felicidad se desvaneció al ver quién era quien lo había traído. Ahí frente a mí estaba Jazmín con una cara muy seria
-Pensé que tendrías ganas de un café- me dijo con la voz un poco apagada
Yo la miré por unos segundos desconcertada, hasta que asentí y tomé el café
-Gracias, me encanta el capuchino- dije bebiendo un sorbo
-Sí, te he visto bebiendo- dijo con una sonrisa algo tímida
¿Qué le pasaba?
-¿Aún no has terminado?- preguntó viendo mi computadora encendida
-No, aún no- dije de muy mala gana al recordar el motivo de por qué estaba haciendo eso sola
Ella hizo una mueca y tras esto sin decir una palabra tomó una silla y la arrastró hacia mi lado
-Te ayudo- dijo sentándose
-¿Qué?- sorprendida
-Que te ayudo… si te dejo sola no va a estar listo ni para el próximo año- dijo tomando los papeles en sus manos y analizándolos
Mi asombro no tenía límites. Sin duda era una mujer muy complicada. Primero me hacía el día imposible, me regañaba y ahora venía y me ayudaba ¿Qué? ¿Es bipolar o algo?
Me quedé en silencio y continué trabajando mientras ella escribía en los papeles y me pasaba la información. De repente sentí su mano sobre la mía guiando el mouse. Dios, su mano era fuego sobre la mía y no pude evitar clavar las miradas en ellas. Jazmín se debió dar cuenta pues rápidamente la retiro como si le hubiera cogido la corriente
-Perdón, solo quería decirte que eso no es así- dijo señalando la computadora
-Sí, es que no vi bien… estoy agotada- dije
Ella se quedó mirándome unos segundos, podía sentir su mirada fija en mi rostro, hasta que las palabras salieron de su boca
-Lo siento-
Me volteé enseguida
-¿Qué?-
-Que lo siento- dijo muy seria. Se notaba que no estaba acostumbrada a pedir perdón –Siento por haberte tratado así-
Yo asentí y ella me sonrió
-No dije nada, Jaz- le dije para aclarar sus dudas
-Lo sé, ahora lo sé- me dijo –Disculpa, me dejé cegar por la rabia… es que no me gusta que hablen de mi vida privada-
-Lo entiendo-
Hubo un silencio para nada incómodo
-Dale, vete a casa- me dijo
-No, no. Tengo que…- dije señalando la PC
-Lo termino yo- dijo con una sonrisa –Sé que sola no tardaré ni dos horas y vos ya estás agotada, no sirves para nada-
Respiré profundo. Tenía razón, estaba agotada y mis ojos no daban más de sí.
-Ok, creo que te voy a tomar la palabra ¿Y vos?-
-¿Qué?-
-¿Te vas a quedar? ¿No vas a ir casa?-
-Luego- agregó sin apartar la mirada de la PC
Asentí y recogí mis cosas. No iba ni por la mitad del camino cuando sentí su voz
-Por cierto, Florencia ¿De qué me defendías?- dijo con una sonrisa pícara
Sonreí de vuelta –No, eso no te lo diré… tendrás que averiguarlo por tu cuenta- le dije con un tono pícaro. Algo raro en mí y me desparecí al entrar al ascensor.
Si le decía la verdad, si le decía que era porque le decían hija de puta podían ocurrir dos cosas: chivateaba a mis compañeros y ella se cabreaba o me ponía en evidencia por haberla defendido. De ninguna manera haría eso. Por mí que siguiera con la duda toda la vida.

Labios Compartidos (Flozmín)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora