Cayendo en la locura (parte 2)

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Una semana... Había transcurrido una semana desde la última vez que pudo ver a Piers, estaba muy preocupado, demasiado.

Chris estaba temeroso de que hubiese ocurrido algo, cualquier posibilidad pasaba por su cerebro, cada una peor que la anterior. Jill intentó calmarlo al verlo un manojo de nervios en su oficina: el aroma volaba de forma descontrolada, era aplastante y transmitía todo lo que el alfa pensaba.

-Chris, si tanto te preocupa ve a buscarlo- fueron sus palabras exactas.

Por muy estúpido que pudiera sonar no se le había ocurrido ir a buscarlo antes.

La rubia vio su expresion, delatando lo que estaba pensando en ese momento, Jill rodó los ojos, estaba perpleja por la ineptitud del hombre.

-"¿En todo este tiempo no pensaste en ir a buscarlo?"-

Chris se encogió de hombros avergonzado.
El tenía conocimiento de la naturaleza omega de su teniente, en un inicio decidió darle tiempo al tiempo pues era obvio que debía volver tras el celo... Pero al pasar los días y ver que esto no llegaba a ocurrir entró en pánico y ese mismo pánico hizo que olvidará por completo la solución más obvia.

-Y..yo tuve trabajo que hacer y... Creí que eventualmente estaría aquí pronto- se justificó con ella lo mejor que pudo.

-Eres increíble, Chris- la alfa suspiró, tenía ganas de darle un buen golpe en la cabeza a la masa de músculos frente a ella.

-Será mejor que vayas en este momento, ya no tienes que darte el lujo de perder más tiempo valioso-

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El viaje al departamento del chico fue un fastidio para el capitán Redfield pues los omegas que servían para la BSAA habitaban en los extremos de la base como medida de precaución ante los reclutas alfas. Los dormitorios dentro de la base solo podían ser ocupados por alfas y betas, e igualmente estos últimos también pueden vivir con los omegas al no presentar un peligro para ellos. Chris podía entender muy bien la problemática,si el fuese un omega preferiría estar lejos de la base en situaciones así.

Tocó el timbre, esperando que el joven de cabellos miel lo recibiera con un aspecto cansado o enfermo... Pero nada sucedió.

-Piers, soy yo- se anunció esperando así una respuesta.

De nuevo nada.

Tocó una vez más, en esta ocasión golpeando la puerta con sus nudillos.

-Piers, vengo a ver cómo estás- alzó la voz con la esperanza de ser escuchado.

Detrás de la puerta no se escuchaba ningún ruido, nada que indicara que alguien habitaba el lugar. Chris empezaba a desesperarse, las preguntas saltaban por su mente, rebotando y volviendo como boomerang. El secuestro entonces se volvió una posibilidad tangible, haciendo que el alfa forzara la puerta y entrara así como así en busca del omega.

Recorrió la estancia con la mirada: el pequeño sofá y la mesita de café estaban hechos vuelta, la cocina era un caos con tan solo ver el piso y las manchas de agua sobre este.

-¿Piers?- preguntó al aire, notando un leve olor a maple.

Era un aroma agradable, tan lejano pero a la vez envolvente que te invitaba a seguirlo. Chris lo reconoció enseguida, era la esencia de Piers.

-Aroma a desayuno- bromeo de forma irónica sin que se diera cuenta.

Siguiendo el rastro dulce llegó hasta una puerta, que supuso era la de la habitación del muchacho.

-Piers, se que estas ahí, puedo olerte- golpeo la puerta esperando escuchar cualquier cosa.

-grrr...- escucho un quejido, seguido de lo que parecía ser un gruñido o ronroneo; Chris no estaba seguro.

Bearfield and Puppiers antology (CANCELADO) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora