But I'm forever missing her

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Werd' dich für immer vermissen. Ich werd' dich nie vergessen. Jeden goldenen Tag, werd' ich für immer vermissen. Egal was wir getan haben, was wir gesagt haben, vergess ich nicht, Ich vergess dich nicht.

„Nie vergessen" - Glasperlenspiel

—¡Yugo! —volvió a gritar Rin al chico encapuchado que corría y se escabullía en callejones que conocía desde niña. El aludido no se volvió a ella en ninguno de los llamados. Solo cuando por fin paró, en un callejón sin salida. Uno elegido por la aparente soledad y la fácil vigilancia que podían tener—Yugo... —dijo ella algo cansada, con el cuerpo recargado sobre sus rodillas. El chico siempre había sido mejor para correr que ella y, sin embargo, su corazón volaba. Aprovechó el momento para mirar a su D-Pad y ver si tenía algún mensaje de sus dos amantes/acompañantes.

Yuto: Todo despejado, nadie la siguió. Suerte

Yuya: Buena suerte Yugo, todo libre por aquí -w-

Yugo soltó una ligera sonrisa por el mensaje de Yuya. Pero cuando levantó su mirada a Rin nuevamente no reaccionó a la cercanía de la chica ni al golpe tan severo en el estómago que le proporcionó. Le sacó todo el aire en muy poco tiempo y algo de saliva.

—¿¡Por qué saliste huyendo de mí!? —exclamó notablemente enojada, aún el sudor le perlaba el rostro, pero su expresión era de temer. Yuya, desde su limitado punto de vista, se llevó una mano al estómago, deseando que no fuera tan doloroso como se veía—¡Eso no se hace! ¡Y menos conmigo!

—Rin... —logró articular Yugo levantando una mano hacia ella.

—¡¿Cómo te atreves a hacerlo una segunda vez!? —reclamó directa. Yuto se percató en el detalle de que estaba temblando suavemente—¡¿Cómo te atreves a hacerme esto de nuevo?! ¡Todo este tiempo que estado aquí de nuevo te he extrañado! ¡Te he esperado cada día! —se puso una mano en el pecho, con los ojos llorosos—¡He estado ansiosa, asustada, enojada e impotente! ¡Sobre todo impotente! ¡Tienes que disculparte por todo lo que me has hecho! —sollozó sonoramente mientras el otro lo veía con un solo ojo, pues el otro no podía abrirlo por el dolor—¡Yugo! ¡Eres... Eres... un imbécil! —y se lanzó a los brazos del otro, envuelta en lágrimas. Lo abrazó del cuello apretándolo fuertemente contra sí.

Yugo solo la rodeó con los brazos después de que el dolor se le pasara un poco. Si había algo bueno en esos espacios de silencio, era que había podido reconstruir todo ese momento en su mente. A veces pensaba durante las noches en ello, quedándose despierto, imaginando que tal sería volverse a ver, después de tanto tiempo. Ya se esperaba la patada, ya se esperaba los gritos, hasta el mismo abrazo. Era Rin, era su amiga de la infancia, por supuesto que la iba a conocer bien. Aunque, no podía negar que el dolor sobraba en cierta forma.

—Rin, tranquila —dijo después de unos momentos, le acarició el cabello suavemente—, todo estará bien ahora —ella asintió mientras humedecía el hombro de Yugo.

Se quedaron allí, quietos durante un largo rato. Ella teniendo un par de espasmos y lloriqueando entre feliz, enojada y aliviada. Cuando de separó y se puso a verlo a la cara, con esa sonrisa que casi se conocía de memoria, tuvo serias ganas de pegarle una cachetada. O al menos golpearle.

—¿Dónde diablos has estado? —preguntó en cambio. No quería dejarlo lleno de golpes, no cuando la chica del orfanato también lo iba a regañar feo y los niños se le iban a ir encima. Al menos eso podría respetarlo—¡Eres muy malo! ¿Sabes? ¡Estas semanas que nos has dejado! ¡Eres lo peor! —Yugo pareció tener una expresión afligida. Cosa que no solía tener. Rin, esperando la reacción explosiva de su amigo, se extrañó—¿Yugo?

OscuridadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora