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Como la edad de Luke, jeje.
Ya, pues. Las dejo leer tranquilas.

—...y cuatro —terminó de contar la paca de billetes que acabábamos de darle.

Yo había insistido en pagar la mitad, y no sólo por cortesía, sino porque estaba segura de que la de la idea había sido la ridícula de Fiorella; así que si yo la había "invitado", era mi responsabilidad.

Luke terminó aceptando, a pesar de no estar de acuerdo del todo. Pa' mí que lo hizo pa' que yo dejara la insistencia.

Hay que ver que yo cuando quiero soy burda 'e terca.

—¿Ya? —pregunté al señor, queriéndome ir pa'l hotelito a recargar las pilas.

—Sí —contestó—; pueden irse.

Levanté los codos, despegándome de la barra. Caminé hacia la salida junto con el rubio, y mientras este me abría la puerta, dije al mesero:

—Perdone la actitud de mis amigos.

Será de los mamaguevos esos.

Él asintió, restándole importancia. —No se preocupen. Hasta luego.

Yo salí del local, y Lukrecio detrás de mí, antes despidiéndose del carajo.

La arrechera me consumía horrible, aunque trataba con todas mis fuerzas no dejarla escaparse de mí. No quería salpicar a aquel niño con mi mal humor.

—¿Te sabes la dirección? —le pregunté, echándole un vistazo con las manos metidas en los bolsillos de mi suéter.

—Nope —fue lo que respondió—. Te diría que Google Maps, pero dejé el teléfono sobre la mesa y se lo llevaron ellos.

—No me jodas. —Si antes estaba arrecha, en ese momento empezaba a hervir de la rabia con los imbéciles de Calum, Fiorella, Mike y Ashton, que nos habían dejado ahí solos y de paso sin saber cómo coño regresarnos al hotel—. Yo tengo dos por ciento de pila.

Él al principio pensó que le estaba echando broma, pero al ver mi cara entendió que estaba hablando en serio

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Él al principio pensó que le estaba echando broma, pero al ver mi cara entendió que estaba hablando en serio.

—¿Y cómo se supone que vamos a hacer? —me preguntó, preocupado.

Pensé un poquito, y me quedé con dos ideas: 1. Pedirle direcciones a extraños. 2. Pedir un taxi.

El peo era que con los cuarenta y pico de dólares que habíamos tenido que pagarle cada uno al tipo, nos habíamos quedado limpios. Literal, lo que me quedaba en la billetera eran como ochenta centavos.

Me eché pa' alante' en la acera, viendo pa' los lados a ver si aparecía alguien.

Pero no; por ahí no pasaba ni alma en pena. Esa vaina 'taba más sola que yo en el amor.

¡Qué peo contigo, Luke! | lrhHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora