Mi nombre es Lucía Rodríguez y junto a mi grupo les vamos a exponer sobre cómo acabé metida en este peo.
"Marico, nunca entiendes nada. ¡Qué peo contigo, Luke!"
#1 en 5sos 14/11/2018
#10 en lukehemmings 2/11/2018
#2 en michaelclifford 2/11/2018
#4 c...
Echándole un último vistazo supervisor a Lucía, me metí en la casa lo más rápido que pude, encaminándome directamente a lo que yo llamaba "la habitación del desorden". Estaba seguro de que allí tendría algún suéter que pudiera darle.
—Luke, ¿qué haces? —preguntó una voz femenina a mis espaldas cuando me adentré entre aquellas cuatro paredes y empecé a revolverlo todo, desordenándolo más de lo que ya estaba.
Por un momento me ilusioné pensando que sería ella, que habría cambiado de opinión y optaría por quedarse así fuera esa noche. Eso implicaría que podría tener alguna oportunidad de arreglar el embrollo en el que nos había metido por ser un maldito idiota.
Pero no, era Nicole, que me miraba desde la puerta fingiendo preocupación. Bravo, pensé. Sabe manipular, engañar, robar y también actúa.
—Cállate la puta boca —le espeté, para luego tratar de no hacerle caso, centrándome en buscar el estúpido suéter. Y aunque las manos me temblaban y mi mente no dejaba de viajar a mil pensamientos por segundo, lo encontré, entre un par de camisetas que llevaba años sin usar.
—No me digas que le crees —exclamó, indignada, como si la estuviera acusando de liberar a Chávez en 1994. Sí, había sido bastante bien instruido de las desgracias venezolanas esos últimos meses. Ya lo sé—. Sabes perfectamente que me odia y buscaría cualquier forma de...
—Lo único que sé —la interrumpí, sin poder quedarme callado con esa... chica... hablando así de Lucía. No se lo iba a permitir— es que estoy a punto de perder una de las mejores cosas que me han pasado en la vida por hacerle caso a una niñita inmadura como tú.
Ups.
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Mientras pasaba a su lado para poder salir de la casa otra vez y así continuar corriendo detrás de Lucía, entonces con algo que pudiera usar para no congelarse, me di cuenta de un par de cosas ajenas que yacían sobre el piso de la pequeña habitación. Eran un cargador, una billetera y un bolso plástico pequeño, que al revisarlos rápidamente pude comprobar que pertenecían a Lu.
Seguro tenía la maleta abierta y se le quedaron fuera cuando la cerró para irse, concluí. Luego los agarré y los llevé como pude debajo del brazo, volviendo a mi planificado recorrido.
Cuando la hice a un lado, Nicole me miró el doble de indignada que antes. Abrió sus labios lo más que pudo y alzó las cejas rubias, diciendo, como si realmente lo sintiera: —Es increíble que después de todo sigas de su lado.