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—¿Cómo es la verga? —preguntaba Fiore, del otro lado del teléfono.

—Marico, ya es la tercera vez que te lo explico. —Estaba terminando de limpiar el lente de una de las cámaras que supuestamente la agencia se había encargado de traer por Andy en el viaje desde Canadá, donde recién había estado 5SOS. Mientras, le echaba el beta a Fiorella, y caminaba detrás de un poco e' gente de logística hacia lo que realmente era el backstage.

Lucía multiusos.

—Mana —chistó la incrédula de Fiorella—, somos amigas; puedes decirme que tienes diarrea y no puedes salir del baño porque te cagaste en los pantalones en vez de meterme un mojón como ese. Yo le digo a los de Raze que pedimos un taxi y me quedo esperándote.

 Yo le digo a los de Raze que pedimos un taxi y me quedo esperándote

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—Eco —respondí—, 'piaso 'e cochina. Tú y tus teorías locas. Y no, coño. Si pudiera te mandaría fotos pero dudo que me dejen.

—¿Del mojón?

—No mentira, vale

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—No mentira, vale. Pero ajá, Pura coba. —Qué peo con ella, vale. Ni que yo fuera Tibisay Lucena—. Cagona... O mojonera; una de dos.

—Vermale, ¿por qué eres así? —Guardé los corotos que se usaban pa' limpiar la cámara y con la mano libre me saqué el teléfono de entre la oreja y el hombro—. Vamos a hacer una vaina.

—Habla, pues.

—Si te mando la foto me debes penitencia. —Me guindé la cuerdita de la Nikon D850, senda cámara por cierto, alrededor del cuello pa' poder llevarla sin tener que agarrarla con la mano—. Todavía no lo he decidido.

—Y si no me la mandas me debes tú —replicó Fiorella Casas, segurito poniendo la mueca de diva y poderosa que hacía siempre que hablaba sobrao'.

—Trato hecho, ranchos —le respondí llamándola por el sobrenombre bullying que le tenía por su apellido. Me encantaba bullearla con esa vaina; casi que tenía una enciclopedia con todos los apodos que le decía: edificios, quintas, burdeles, etc.

—Y dale con el rancho. —Hizo una pausa y siguió diciendo—. Tienes cinco minutos, carajita. Que empiecen los juegos.

—Nojoda, rancho, en cinco minutos un coño... —Y no pude terminar porque la marica me colgó. Esta si era arrecha de verdad.

¡Qué peo contigo, Luke! | lrhHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora