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Eran las 8:39 de la noche, y aún el cielo no terminaba de oscurecer.

Yo estaba terminando de ponerme el traje de baño que se me había ocurrido llevarme en la maleta, ya sabes, por si acaso. A pesar de que en Nueva York hiciera friito, uno siempre tenía que estar preparado para un día de sol de esos locos que habían a veces.

Lo que no habría pensado es que acabaría usándolo en un hotel de Allentown, en el que también estaría mi banda favorita.

El traje de baño era uno blanquito con la parte de arriba cruzada sobre el escote, y la pantaleta de doble fila en las caderas. Era bello, ¿oyó? Y me gustaba cómo me quedaba el blanco, porque contrastaba con mi pelo oscuro y el bronceado que tenía del último viaje a Cata.

Por encima me puse un vestidito de estos de playa medio transparentón y, llevándome la bata que daban en el hotel colgada del brazo, agarré el celular y bajé de la habitación.

Nawebona de perdía que me eché.

Resulta que cuando salí de la habitación, di una vuelta ahí pa'l lado que no era y no conseguía el ascensor. Terminé preguntándole a una pareja que iba pasando, y los bichos me dijeron que en ese mismo pasillo al final estaban las escaleras de seguridad, que era por donde ellos habían subido. No me dijeron por qué y la verdad que tampoco les pregunté.

Me llegué hasta las escaleras y empecé a bajar los tres pisos que me tocaban hasta la planta baja.

Yo iba toda happy saltando escalones, mirando hacia abajo para no caerme, cuando una voz hizo eco por el estrecho espacio.

—¿Tú? —se repitió varias veces, haciéndome voltear.

—¿Tú? —se repitió varias veces, haciéndome voltear

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Ay, chiamo.

Esa voz, esos ojos, esa altura...

Yo sabía que los iba a ver en algún momento, pero, marica... Yo no estaba preparada para encontrarme a Luke ahí. No, no, no, no.

Y como si mi impacto fuera poco, puse una cara de pegada... que me dio ganas de meterme un coñazo a mí misma.

Me quedé paralizada por un momento, sin saber qué decir o qué hacer.

Él tampoco dijo nada, pero aprovechó mi repentino modo-estatua para bajar un par de escalones y así estar más cerca de mí.

Iba con ropa deportiva, una toalla colgada del mismo brazo cuya mano sostenía un termo, llevaba el pelo recogido en un man bun de esos, y unos audífonos burda 'e grandes le decoraban el cuello.

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¡Qué peo contigo, Luke! | lrhHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora