El Heredero
Capítulo Cinco
Emma y su primo habían abandonado el palacio esa mañana mientras el barón estaba ausente. Se habían marchado sin despedirse de nadie. Total, Emma pensaba que volvería cuando le placiera y manipularía a Erik como lo había hecho durante los últimos dos años.
Wanda se encontraba en sus aposentos, leyendo "Cumbres Borrascosas" traducida al alemán. No se interesaba en aprender el inglés porque le habían informado que su prometido y su futuro suegro manejaban su lengua germana. Estaba cerca del balcón, que daba a la entrada de la casa, con los ventanales abiertos, y escuchó los cascos de los caballos cuando atravesaban la avenida y el ajetreo de la servidumbre para recibir a su señor. Cerró el libro y salió al balcón. Desde la distancia vio bajar a su padre con su hermano dormido en sus brazos y se asustó.
Rápido entró para bajar por las escaleras e ir a recibirlos. Llegó a los escalones de la entrada y se topó con el conde y su hijo, que acababan de salir del carruaje. Nerviosa por su hermano, se acercó a su padre veloz.
Peter estaba despertando por el ruido y quiso incorporarse. Entre Erik y el mayordomo, lo ayudaron a ponerse de pie pero no lo soltaron hasta que notaron que recuperaba el equilibrio. El mayordomo le pasó a su amo un paño mojado, que Erik le apretó con cuidado en la herida de la cabeza.
-¿Qué pasó? – cuestionó el joven, mirando a su padre asombrado. Recordó la discusión y el golpe, y quiso liberarse de su progenitor.
-Tranquilo, Peter – lo calmó Erik -. Caíste al agua y te rescatamos gracias al conde y a su hijo, que se detuvieron para ayudarme.
Peter se volvió hacia Charles y recordó su caída, su desesperación, aferrado a la columna, y la voz del telépata tranquilizándolo. No entendía cómo había podido comunicarse así pero tampoco no le importó en ese momento. También recordó que se asió a la viga y fue jalado por su propio padre y alguien más. Ah, reconoció finalmente a David.
-Casi morí – suspiró y parpadeó, maravillado -. Fue horrible, sentía que la corriente me llevaba. Si no me aferraba a esa columna . . .
-Pero te aferraste y ya estás a salvo – cortó Erik, que no quería que se alterara más -. Ahora vas a ir a la cama a descansar, jovencito. Debes cambiarte esa ropa y te acercarán té caliente y te atenderán ese moretón.
Peter asintió. Una cama caliente le sentaría de maravilla.
Su padre le recordó que tenía que darles las gracias al conde y a su hijo. Peter les agradeció y, ayudado por el mayordomo y un paje, se dispuso a entrar en la casa.
Erik se volvió hacia su hija. La saludó con un abrazo y le besó la frente.
Wanda seguía sin entender qué pasaba.
-¿Qué le ocurrió a Peter, papá?
-Cayó al río en un accidente pero ya está a salvo – contestó Erik veloz -. Me ayudaron a salvarlo el conde y su hijo David, que por esas cosas de la Providencia, estaban pasando justo por el puente. Wanda – la empujó hacia Charles -. Saluda al conde Xavier y a su hijo, tu prometido.
La jovencita se inclinó cortésmente ante su futuro suegro y se irguió para saludar con un asentimiento de cabeza a David. El muchacho solo la conocía por medio de ese relicario y suspiró, sintiendo que era aún más bella en persona. Le encantó el tono cobrizo de su pelo y lo encandilaron sus ojos verdes. El miedo que tenía por su destino se esfumó porque en su corazón adolescente, se sintió enamorado de Wanda al instante.
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El Heredero. Cherik
RomanceEl conde Charles Xavier se ve obligado a casar a su único y adorado hijo con la hija del acaudalado barón Erik Lehnsherr. Lo que nunca imaginó fue que se terminaría enamorando locamente de él.
