El Heredero
Capítulo Once
Con el correr de los días, la relación entre el conde y el barón se fue afianzando. El aspecto sexual era importante, se seguían haciendo el amor y buscando el contacto con el otro cuando estaban solos, pero con el tiempo estos encuentros dieron lugar a otro tipo de conversaciones personales, que los hizo conocerse más.
Charles hizo a un lado sus prejuicios porque eran prejuicios y no otra cosa, y mostró interés por los negocios de Erik. No quería convertirse en un comerciante, sabía que no era lo suyo, pero le agradaba que su amante confiara en él y le platicara de asuntos que no tenía la confianza para explicárselos a nadie más. Pasaban horas encerrados en el despacho del barón, que le enseñaba sus cuadernos y sus cuentas, y le hablaba sobre tal acuerdo o una nueva transacción. Charles daba su opinión aunque Erik tenía siempre la última palabra pero su consejo le era de gran ayuda. En momentos como esos, el barón reconocía lo mucho que le había hecho falta en el pasado una persona como Charles y no dejaba de alegrarse de contar con él ahora.
Charles era una persona muy culta y aunque no era un científico, tenía muchos conocimientos sobre ciencias naturales, especialmente sobre lo que actualmente se conoce como genética. Claramente interesado, Erik lo escuchaba horas enteras. Charles había leído a Darwin y su teoría de la evolución. El barón solo lo había escuchado por menciones en alguna que otra cena, pero Charles lo hizo interesarse y le contagió su pasión. Erik se entusiasmó tanto que encargó "El Origen de las Especies" para sumar a su biblioteca personal. Como decía el conde, su teoría servía para explicar los poderes que tenían.
-Los transmitimos genéticamente a nuestros hijos – explicaba Charles -. Tú se lo transmitiste a Peter y yo a David. Eso es lo que Darwin llama selección natural o descendencia por modificación, Erik.
-Eso significa que tú y yo somos genéticamente superiores – concluyó el barón -. Somos la nueva etapa en la evolución humana.
Charles arrugó la frente. No le gustaba eso de sentirse superior, pero tuvo que asentir porque Erik estaba en lo cierto.
-¿Por qué David sí heredó tu mutación, mientras que Peter tiene una diferente a la mía? – preguntó el barón, intrigado.
Charles sonrió y se dispuso a enseñarle sobre Gregor Mendel y sus leyes que todavía se miraban con escepticismo pero que el conde defendía.
Así el tiempo voló y llegó el otoño y cuando se dieron cuenta ya llevaban más de tres meses conociéndose y congeniando, y restaba solo uno para la boda de sus hijos. Estaba el asunto de darles la noticia de su relación y Charles quería hacerlo, pero Erik prefería aguardar un rato más. No sabía cómo reaccionarían sus hijos: Wanda era muy apegada a él y Peter lo había sido a su madre, y temía que su hija mostrara celos y el joven sintiera que traicionaba la memoria de su esposa.
Charles lo entendía y por eso no insistía pero era un asunto que tendrían que tocar de un momento a otro.
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Con lo impulsivo que era, a Peter le costaba mucho refrenar lo que sentía hacia David. El joven escocés lo fascinaba y cuando estaban juntos, se daba cuenta de que su amigo escocés sacaba lo mejor de su persona. Peter se sentía feliz a su lado y lo buscaba. Finalmente, con asombro, tuvo que aceptar lo inevitable: se había enamorado de David.
Además de sentirse atraído por su forma de ser, Peter lo veía apuesto, distinguido y hermoso. Pensaba que no había ningún joven que lo pudiera igualar en belleza física y del corazón. David era amable, candoroso y tierno. También decidido. Peter estaba cautivado con él.
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El Heredero. Cherik
RomanceEl conde Charles Xavier se ve obligado a casar a su único y adorado hijo con la hija del acaudalado barón Erik Lehnsherr. Lo que nunca imaginó fue que se terminaría enamorando locamente de él.
