Omegaverse:
En un mundo de amos y esclavos, Hoseok recibe un lindo regalo de cumpleaños.
-Somos iguales Taehyung.
-No, no lo somos Hoseok, por que al final del día yo soy el que trae este collar y tú eres el que jala de la correa.
Donde Hoseok es e...
"No dejes de amarme, solo ámame, en cuerpo y alma, tómame completo"
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Cuando la mujer se fue su colapso mental empezó, tomó el zumo de naranja de un sorbo intentando tranquilizar su calor, necesitaba enfriarse y pensar, comió los trozos de piña que quedaban en su plato, miró el reloj en la gran pared [10:36AM] debía calmarse.
Apretó la llave en su mano tan fuerte que dolió. La ansiedad subiendo como espuma por su cuerpo. Se armó de valor y se encaminó hacia las escaleras con una determinación que flaqueó al instante cuando la duda lo golpeó.
¿Y si Hoseok no quería acostarse con él?
¡Dios, que vergüenza!
Tomó su cabello entre sus dedos con agonía, respiró un par de veces asustado. El pánico entrando en su sistema como un resfriado que en definitiva no quería padecer.
Su cerebro decía; "No seas una gallina Taehyung, lo peor que puede pasar es que él te rechace, pero luego sigan tan normal como siempre, por otro lado, lo mejor que puede pasar es que él te de el mejor sexo de tu maldita vida"
Dio un gritito ahogado.
Corrió escaleras arriba a puro instinto, escapando de las dudas lo más rápido posible para que no lo alcanzaran, tomó la llave entre sus dedos temblorosos, la metió con dificultad en la cerradura y la giró.
Ya estaba hecho, no había vuelta atrás.
Se dio ánimos, la emoción, ansiedad y nerviosismo tenían sus sentidos al límite.
Con el corazón agitado se adentró en la habitación, el aroma de Hoseok golpeándolo con una violencia demoledora, atontándolo con solo respirarlo un par de veces, cerró la puerta tras él, su mirada barrió la habitación y trago duro.
Magnifico.
Ahí estaba él, durmiendo atravesado en la gran cama, sobre su espalda, sin camisa y sin pantalones, la blanca sabana cubría su pelvis y no podía distinguir si llevaba ropa interior o no. Se quedó sin aliento, con su lobo alborotado hasta la cola y su cabeza en blanco.
El temor le decía que esta era su oportunidad para huir, evitarse una vergüenza y hacer como si nada hubiese pasado, pero en lugar de escapar dio un paso tambaleante al frente, uno y luego otro, siendo atraído como polilla hacia la luz.
El cuerpo del pelinegro parecía brillar bajo la luz que se colaba por el visillo de la gran ventana. Estaba hipnotizado, el nombre del alfa corriendo en su cabeza sin descanso, como si él fuese en lo único que pudiese pensar. Estaba cayendo, metiéndose en la boca del lobo, literal, pero no tenía miedo.