capítulo 3🌙

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La casa de Layla, era una hermosa casa de dos pisos y un jardín. Su padre era médico, que venía de una familia inglesa, aún así, su hija tenía ciertas dificultades con el idioma, ya que estaba acostumbrada a hablar en coreano. Tenía una pronunciación excelente, y se defendía bien en el idioma, pero debía mejorar. Su madre, era una empresaria coreana, que trabajaba en una de las compañías más ricas del mundo. Sus padres normalmente estaban fuera de casa, y Layla se quedaba con su hermana mayor. Pero tras la pérdida, la menor debía quedarse sola en casa.

Jeongguk estaba sentado en la cama de Layla, mientras ella, buscaba como loca el cargador del altavoz.

-¡Lo había dejado aquí!- dijo ella, frustrada. Empezó a revolver todos los cajones, sin resultado.- Jeongguk, ahora vuelvo, voy a ver si lo he dejado en el salón.

El castaño asintió, y la chica se fué.

El chico dejó sobre una gran estantería el cable negro que la chica estaba buscando. Satisfecho con su plan, el chico se acercó a la gran colección de discos que la chica tenía. Estos, estaban ordenados por artistas. Había una enorme variedad musical, pero Jeongguk, directamente, se acercó al artista favorito de la chica: Justin Bieber.

Previamente se había informado de todos los álbumes del cantante, y se llevó un gran disgusto al ver que la chica disponía de todos. Su gran idea, era el regalarle uno, para así dar un paso más en la conquista de su corazón.

Cambió su mirada al grupo favorito de Layla, One Direction, y sonrió. El álbum "Four", no estaba en su colección. Se sentó de nuevo en la cama, tras escuchar los pasos de Layla.

-No lo encuentro...- dijo la chica.

-Mmm... Espera, ¿No es ese?- preguntó Jeongguk, señalando el cable que previamente había dejado en uno de los estantes.

La chica rió, y se cubrió el rostro con sus manos.

-¡Ya había mirado ahí!- se excusó ella.

El chico echó a reír.

Layla conectó el altavoz. La canción "One Last Time", de Ariana Grande, dió comienzo.

-I was a liar, I gave it to the fire.- cantó Layla, mientras revisaba instagram.

-I know I should have fought it, at least I'm being honest...- siguió Jeongguk.

Layla miró fijamente al castaño.

-¿Te la sabes?- preguntó sorprendida.

Jeongguk sonrió.

-¡Obviamente! Yo también escucho música, ¿Sabes?

Ella rió, y de nuevo clavó su mirada en el celular. Jeongguk, hizo lo mismo. Tenía un mensaje de su hermano. Este decía:

Hyung🍀:

Que tal va hermanito?

Entonces, Jeongguk le contestó:

Bastante bien. A propósito, me tienes
que hacer un favor.

Depende... Que
necesitas?

Me podrías llevar al centro
comercial esta tarde?

Claro! Yo también necesito comprar
unas cosas... Te paso a recoger a las
cuatro y media?

De acuerdo, nos vemos!

El chico sonrió, y levantó levemente la mirada. Layla estaba muy atenta al teléfono. Sus ojos color café brillaban debido a la luz de la pantalla. Se había recogido su melena ondulada en una coleta alta para que el cabello no le bloqueara la vista. Tras notar la mirada fija del castaño, Layla le devolvió la mirada.

-¿Quieres que pida la comida ya?- preguntó Jeongguk amablemente, tratando de ocultar la vergüenza, ya que la chica le había descubierto. Ella asintió.- ¿De qué quieres la pizza?

La chica lo pensó por unos instantes.

-Cuatro quesos, o barbacoa. Te doy a elegir.- finalizó con una sonrisa.

El chico se sonrojó. Marcó el número de la pizza e hizo el pedido. Pasaron un buen rato mientras esperaban a la pizza, la cual no tardó más de media hora. Decidieron jugar a juegos de mesa, en los cuales Jeongguk se dejaba ganar muy disimuladamente para que la chica sonriera. Y funcionó. La chica se había olvidado de sus penas. El repartidor de pizza llegó después de acabar la tercera partida al parchís. El castaño había pedido la pizza cuatro quesos, ya que sabía que era la favorita de Layla.

El chico se dirigió a la cocina para sacar refrescos del frigorífico. Al abrir y ver que no había bebidas, avisó a Layla:

-Layla... No quedan refrescos.- dijo el castaño.

La chica no contestaba.

Extrañado, el chico fué al salón para ver a Layla. La chica estaba en el suelo, de rodillas. Tapaba sus manos con su rostro y su llanto pasó de no escucharse a ser el único sonido en toda la casa, exceptuando la música que sonaba en la habitación de Layla, en un tono que casi no se escuchaba. Asustado, el chico se puso frente a la chica, y pisó unos pequeños cristales. Se giró, había un cuadro roto, donde dentro había una foto arrugada. En ella, sus padres y su hermana, que a penas tendría dos años, estaban en la playa.

-Lo... Lo he roto... Soy... ¡SOY INÚTIL!- gritó la chica al borde de la histeria.

Jeongguk tomó sus manos. La chica temblaba, y tras el cariñoso acto de su amigo parecía que se había calmado.

-Layla, respira, tranquila.- dijo el chico. Había soltado las manos de la chica y las había desplazado hasta sus mejillas. Secaba sus lágrimas con la yema de sus dedos.

La chica lo miró. Sus ojos parecían de cristal. En un acto cautivador, Jeongguk sonrió, y la chica también lo hizo.

Ambos se levantaron. La chica dijo:

-Será mejor que barra todo este desastre... ¿Podrías ir a comprar las bebidas?

Jeongguk asintió. Y acto seguido se marchó. La chica se quedó sola en casa, y empezó a barrer los fragmentos del cuadro. Permaneció en silencio, tratando de reconocer la canción que sonaba de fondo, muy flojo, en su habitación. Gracias a su amplio conocimiento de canciones, la reconoció al instante. Esta era Greanade, de Bruno Mars. Era su canción favorita del artista, y mientras barría, tarareaba el estribillo.

Jeongguk llegó tres canciones después, con dos botellas de sprite. La mesa ya estaba puesta, y el suelo ya había sido barrido y fregado. No había pruebas del incidente que había ocurrido unos minutos antes, excepto la falta del cuadro. Comieron en silencio, escuchando la música de fondo. A pesar de que las pizzas estaban frías debido a la tardanza a causa de los incidentes, seguían estando increíblemente deliciosas. Hablaron muy poco durante la comida. Pequeñas charlas sobre el examen de matemáticas, el cual tenían que hacer el lunes.

El hermano de Jeongguk llegó minutos después de terminar la comida. Tras despedirse de Layla, y darle las gracias por la comida, los hermanos se subieron al coche y pusieron rumbo hacia el centro comercial.

nothing like us | jeon jungkook Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora