capítulo 4🌙

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-¿Cómo ha ido?- preguntó Jung Hyun, curioso por saber la experiencia de su hermano.

-Ha estado bien.- respondió su hermano, mientras cambiaba de canción. Puso una canción de Justin Bieber, Nothing Like Us, la cual era la canción favorita de Layla.

-¿Qué tal está Layla?- volvió a preguntar su hermano.

Jeongguk abajó la cabeza.

-Podría estar mejor, sinceramente. Me sabe muy mal.- contestó, mientras trataba de retener las lágrimas.

-Todo mejorará hermanito, lo prometo.- dijo Jung Hyun.

Él asintió, y estuvieron en silencio hasta llegar al enorme centro comercial.

Cuando se situaban a las puertas de este, Jung Hyun permitió a Jeongguk ir a donde quisiera mientras él compraba otras cosas. El menor, directamente corrió hasta la tienda de música, pero antes se detuvo. Una tienda de fotografía mostraba varios marcos de foto en los escaparates, y en el segundo había uno idéntico al que Layla había roto aquél día. El chico entró a la tienda, y a pesar de que el marco fuera caro, él lo adquirió.

Con el poco dinero que le quedaba, se dirigió cruzando los dedos hasta la tienda de música, para a ver si así tenía suerte, y podía comprarle el disco a su amiga. Tras darse un gran susto por no encontrarlo, preguntó a la dependienta, y ella encontró enseguida el último ejemplar de la tienda. Y afortunadamente, el dinero le llegaba para comprarlo.

Se reunió con su hermano en la planta baja, quien había ido a comprar ropa, y entonces volvieron a casa, mientras escuchaban una y otra vez la misma canción: Nothing Like Us. Según Jung Hyun, Layla tenía un buen gusto musical.

I know you love me,
I know you care...

"Baby" era la canción favorita de Sydney. A Layla le trasmitía muy buenos recuerdos escucharla, y decidió que esa sería la canción que le acompañaría esa fría y solitaria noche. Mientras, Layla decidió estudiar para matemáticas. Por fin había decidido seguir los consejos de Jeongguk, y la chica rió al recordar la infinidad de veces que su amigo le había repetido las palabras "Debes estudiar". Sin ninguna duda, Layla lo consideraba su mejor amigo, y su salvación. Porque era la única persona que realmente se preocupaba por ella.

Se dirigió a la estantería y cogió un álbum de color marrón. Empezó a buscar en la infinidad de páginas una foto en concreto. Una foto preciosa, la cual Jeongguk le regaló por su cumpleaños. Era una foto de ellos en Londres, un país que visitaron hace dos años por un viaje escolar. Estaban en el London Bridge, un famoso puente de la capital, con unos gorros de pompón, por la gran cantidad de frío que hacía en pleno diciembre. Reían, ya que pensaban que se veían ridículos con esos gorros.

Y aunque parecía imposible encontrarla, no le costó mucho. Sonrió, y se dispuso a engancharla en el enorme corcho repleto de fotos que tenía en la pared. Revisó todas las fotos. Estaba repleto de recuerdos perfectos. Y esa foto, no era una excepción. Así que le hizo un hueco entre todas.

Pasó una tarde muy relajada, hasta el momento en el que llegó la noche.

Se preparó unos fideos instantáneos. Mientras estos se calentaban, cogió una manta y la dejó sobre el sofá. Encendió la televisión. Los fideos ya estaban a punto, así que volvió a la cocina y los llevó hasta el salón. Estaba dispuesta a pasar una noche tranquila en el sofá, viendo un maratón de películas. Pero una noticia le llamó la atención. Puso toda su atención a la pantalla el televisor, y mientras tanto, el miedo iba apoderándose de su cuerpo. Se había producido una oleada de robos en su barrio. Según el presentador, la banda de ladrones había escapado de prisión.

Alguien tocó el timbre.



"Is it too late now to say sorry?"

Jeongguk entreabrió los ojos. No se había dado cuenta de que el sueño había podido con él mientras estudiaba para el examen de matemáticas. Su teléfono sonaba. El chico se extrañó, ¿Quién iba a llamar tan tarde?

Y para su sorpresa era Layla.

Tras la llamada, Jeongguk salió corriendo a la velocidad de la luz hasta la casa de su amiga. No iba a permitir que nada le pasara a la persona que más quería en el mundo.

Había recorrido calles enteras en la penumbra. La única luz que las iluminaba, era la tétrica luz de varias farolas, que brillaban con poca intensidad. Se detuvo frente a la casa de Layla. Llamó a la chica. Estaba nervioso. Sentía miedo, ¿Que podría haber por las calles a esas horas de la noche? Sentía frío en las venas. La ventisca invernal arrasaba las calles vacías.

Pasaron segundos, muchos, antes de que Layla abriera. Cuando por fin entró a casa de la chica, sintió la dulce bocanada de aire caliente del interior. Layla lo abrazó. Estaba muy asustada. Y Jeongguk le devolvió el abrazo. Ambos se dirigieron al salón, aquél salón desordenado con mantas sobre el sofá, el televisor encendido y los fideos instantáneos fríos sobre la mesa. Jeongguk se sentó sobre el sofá, y Layla también.

-Explícame lo que ha pasado.- dijo el chico, tomando la mano de la chica y acariciándola suavemente.

Layla temblaba. Tenía los ojos llorosos, y sus dientes castañeaban. Suspiró, y comenzó a narrar los hechos.

-Estaba sentada en el sofá, viendo las noticias, en las cuales informaban sobre una oleada de robos en el vecindario. Después, alguien picó a la puerta. Estaba muy asustada. Pero aún así, caminé hasta la puerta. Para mi sorpresa, era la vecina. Me dijo que habían robado en su casa. Estaba aterrorizada, y por eso te he llamado.

Jeongguk asintió mientras la chica se desahogaba. Ella se sonrojó y abajó la cabeza.

-Jeongguk, me gustaría pedirte un favor- dijo ella en voz baja.-. ¿Podrías quedarte a dormir aquí hoy?

El chico sonrió. No se había dado cuenta, pero sus mejillas también estaban rojas.

-Claro Layla-respondió.-. Claro.

nothing like us | jeon jungkook Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora