Capítulo 23: La playa

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El sol brillaba con su mayor esplendor, la brisa cálida del horizonte acariciaba su rostro, la arena en sus pies le daban una sensación melancólica pero feliz, las ligeras olas se meneaban en un perfecto vaivén, y brillaban gracias a los rayos de sol que se extendían a lo amplio de ellas, el cielo claro y despejado pintado en hermosos tonos de azul se extendía hasta el punto que a lo lejos parecía tocar las cristalinas aguas que cubrían la mitad del paisaje, las hojas de las palmeras que con la luz del sol parecían doradas eran suavemente agitadas por una leve ventisca que acariciaba todo el panorama, en el suelo pequeñas caracolas y conchas de mar se encontraban desplegadas a lo amplio de esta, algunas cubiertas por la fina arena e incluso se podían divisar unos cuantos cangrejos que con su gracioso caminar recorrían la extensa inmensidad en la que se encontraban, en el medio de aquella gran extensión se encontraba un lugar tranquilo y acogedor, la casa que básicamente estaba construida de madera, palma y bambú, daba un ambiente tan sobrio y acogedor, que hacía que fuese casi imposible no querer entrar en ella, en su interior una decoración un tanto exótica la caracterizaba, algunas fotos colgaban de sus paredes de madera, algunas parecían ser de la familia otras eran de simples cuadros para ambientar, un ventilador color blanco colgaba del techo, las ventanas se encontraban adornas por hermosas cortinas estampadas de líneas verticales entre blanco y azul marino en perfecta simetría, que flotaban gracias al viento que las movía con suavidad y una reacción ondulante se apoderaba de ellas, en medio de la sala se hallaba una mesa con cuatro sillas acompañándolas de un hermoso color caoba, y un mantel color verde manzana que se encontraba sobre la misma, un gran sofá color blanco se encontraba en un extremo de la sala, y en el piso una alfombra color rojo permanecía intacta sin una sola mancha; subiendo las escaleras que tenían forma de espiral en la planta de arriba de aquel lugar, donde tres camas se encontraban vestidas de impolutas sabanas negras y dos almohadas blancas acolchonadas se encontraban en el extremo superior de estas, una gran ventana permitía ver hacia afuera, desde allí se podía observar todo el paisaje tranquilo e inmaculado que brindaba la hermosa flora de aquel lugar, ¡no podía haber vista mejor que esa! Incluso se podía imaginar viendo los amaneceres todas las mañanas desde ese mismo lugar.

Se dejó caer sobre una de las camas, se podía ver la felicidad pintada en su rostro solo con haber meramente recorrido aquella zona, dejo escapar un suspiro y su rostro se ilumino con una gran sonrisa que no pudo evitar esbozar, ahora entendía la razón por la que a pesar de que Sasuke tenía aquel miedo irracional a ahogarse, no podía evitar querer estar en aquel lugar, era calmado, tranquilo, era como que la paz había azotado aquel lugar, y la había despojado de cualquier problema o bullicio, un lugar que no solo estaba para descansar sino más bien para reflexionar, compartir e incluso enamorarse más de lo que ya estaba.

Miro hacia un lado y pudo observar la sonrisa de aquel pelinegro que había comenzado a lentamente acariciar su mejilla con la yema de sus dedos, ¡estaba en el paraíso! Y no quería salir de aquel lugar, sus brazos se fueron hasta la cintura del moreno recorriéndola y atándola con los mismos, ¡si esto es un sueño no quiero despertar! Levanto un poco su espalda y se acercó con lentitud y paciencia hacia aquellos labios finos y rosados para humedecerlos con un tierno y sencillo beso que le hacía sentir un hormigueo en su estómago, los brazos de aquel joven de tez pálida se enrollaron en su cuello sin poder dejar de besarlo. Observo con detenimiento a su hermano que se encontraba en el marco de la puerta el cual le hizo una seña con la mano para indicarle que iban a estar abajo, y así no interrumpir entre el ambiente romántico que se empezaba a formar entre los dos amantes, aun sonreía cuando recordaba que después de hacer el amor esa noche convenció a Sasuke para que trajeran a sus hermanos, ya que sentía que era algo injusto ya que la playa no solo era de él, sino que también era de Itachi, sabia además que aunque Deidara podía ser cotilla sabría respetar la intimidad de ellos dos y eso lo hacía muy feliz. Soltó los labios de Sasuke obteniendo una leve y tierna sonrisa de su parte, ambos juntaron sus frentes y rozaron sus narices en un gracioso movimiento que los hizo soltar una pequeña risilla.

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