Cap#24 "Las ironías del destino"

714 66 10
                                        

Mensaje de WhatsApp:

-¿Y bien? ¿Está hecho?
-Sí, ya debe llevar unas dos horas encerrada.
-Bien hecho. Ya puedes recoger tu pago.

...

MinJun:

-Sigo sin entender, hyung -murmura, haciendo un puchero y yo tuerzo los ojos en respuesta

-¿Qué es lo que no entiendes? ¿Que me diste de lado desde que apareció Ami, o que no quiero hablar más contigo?

-La segunda... -responde, bajando la cabeza.

Ni siquiera niega la primera. Increíble.

-Déjalo, SangHo. No quiero ser plato de segunda mesa ni reemplazo de nadie -digo con voz tensa.

Aunque no haya sido el mejor amigo del mundo, ni el más cariñoso, realmente le tenía aprecio. Él fue el único que se me acercó, el único que me aguantó con todos mis defectos. Ver cómo se fue distanciando de mí me dolió más de lo que estoy dispuesto a admitir. No pienso permitir que, solo porque tuvo una pelea con Ami, venga a buscar consuelo en mí. No otra vez. No quiero ser el premio de consolación de nadie.

Bastante tengo con que Ami me usó, como para que ahora el que llamaba mi mejor amigo venga a hacerme lo mismo.

-No digas eso, hyung. Yo jamás te cambiaría por nadie. Fuiste mi amigo mucho antes de conocer a Ami, y no quiero perderte... No a ti también.

¿"A mí también"?
Entonces fue grave.
Lo miro. Nunca lo había visto así. Triste. Vacío. Sang siempre había sido esa chispa que encendía lo que yo no sabía iluminar. Era mi contraparte, mi equilibrio.

Y es justo en momentos como este cuando odio con todo mi ser este maldito orgullo que no me deja ser honesto, que me hace perder lo que más quiero.

-Lo siento -murmuro con brusquedad-. Lo hubieras pensado antes.

Y me voy.
Me alejo con el corazón más roto que el suyo.
Roto por dejar que el orgullo siempre gane.
Roto por perder al mejor amigo que he tenido y tendré.

...

Ami:

Sigo mirando el umbral, atónita. Parpadeo varias veces, sin poder creer quién vino a rescatarme.
No es MinJun
Tampoco SangHo.
Aunque, tengo que admitirlo, me moría de ganas de que fuera alguno de los dos... Al menos de esa forma podría reparar alguna de mis monumentales cagadas.

Pero no.
La persona frente a mí acaba de llevarse algo más que mi asombro.
Mi gratitud.

Y eso ya es raro viniendo de mí, porque lo último que pensé que sentiría por él era otra cosa que no fuera odio.

-¿Estás bien? ¿Te has hecho daño? -pregunta con voz agitada, recorriendo con sus manos cada parte de mi cuerpo, buscando heridas invisibles.

Niego con la cabeza. Me aparto un poco, inconsciente.
-Estoy bien. No te preocupes.

Sus dedos siguen temblando sobre mi piel, y con disimulo los aparto. Agradezco su ayuda, pero su presencia me incomoda. No es tan fácil borrar el pasado solo porque me salvó.

-Menudo numerito han montado aquí -dice con un suspiro, echando un vistazo al desastre a nuestro alrededor. Luego me mira, serio-. ¿Tienes idea de quién te hizo esto?

Su tono suena tranquilo, pero sus ojos arden con desagrado. Siempre fue así: ocultando el fuego bajo esa calma que tanto me recordaba a mi padre.

¿¡Qué si se quien me hizo esto!? ¿¡QUE SI SE QUIEN ME HIZO ESTO!? Bueno la verdad es que no, me he ido ganando muchos enemigos por el camino...

Niego otra vez. Hablar se me hace difícil. Muy difícil.

-Está bien -dice finalmente-. Vámonos de este cochiquero.

...

MinJun:

Sigo caminando por los pasillos, perdido entre mis propios pensamientos.
No sé si busco respuestas o solo una forma de no pensar en lo que duele.

Mis pasos suenan huecos, como si el eco se burlara de mí.
Todo se siente más frío, más vacío... como si el aire también me estuviera evitando.

Voy tan distraído que choco con alguien.
Una chica.
Hago una leve reverencia, casi automática.
Ni siquiera levanto la mirada.
-Perdón... -murmuro antes de seguir caminando.

Pero entonces la escucho.
Una risa.
Su risa.

El sonido me atraviesa.
Congela mis pasos.
Quisiera no reconocerla, pero lo hago.
Podría hacerlo incluso entre un millón de voces.

Levanto la mirada despacio.
Y ahí está.

Ella.
Anabelle.

La misma que juré olvidar.
La misma que borré de mis días... pero nunca de mi mente.

Y de pronto, todo lo que creí haber dejado atrás, vuelve.
Como una canción maldita que no deja de sonar, aunque ya no quieras escucharla.

Tu Aroma <En Proceso>Donde viven las historias. Descúbrelo ahora