capitulo 3

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Amaia suspiró abusándose el pelo. No le salían las palabras por más que lo intentara. Ella era disciplinada a la hora de escribir, siempre estaba sentada unas ocho horas con intervalos de descanso, y esta disciplina le había servido muy bien hasta ahora. Miró la pantalla donde a penas tenia escrito el primer capitulo y parte del segundo. No tenía mucho tiempo, pero la inspiración no venia a ella. Giró la vista y vio pasar a su hijo con paso rápido.

-Eh eh...-Lo llamó y unos segundos después Rafael se asomaba en la puerta.

-Pensé que estabas escribiendo, por eso no te quise molestar.-Amaia lo miró irónica.

-Si claro, como si no te conociera. Ven aquí.-Él sonrió y entró en el estudio de su madre, solo podía entrar allí con el permiso de ella, ese lugar era como un santuario para Amaia.

-¿Qué tal vas?.-Se sentó al borde del escritorio de madera mirándola con cariño.

-Voy.-Dijo con media sonrisa.-¿A dónde ibas tu tan deprisa?.

-Con los chicos...vamos a salir por ahí.

-Sabes que no me gusta que estés mucho por ahí...

-Mamá, ya hemos hablado de esto.

-Lo sé, hijo, pero es que...

-Nada, mira, ya sabes que estoy grandecito y que me puedo cuidar, yo te aviso si llego tarde.-Amaia suspiró, su hijo tenia razón, ella siempre trataba de no darle mucho la tabarra pues no se consideraba una madre de esas que  asfixian, pero no podía evitar preocuparse por su niño.

-Vale.-Dijo resignada.-Oye ¿y Alfred?, no lo veo por aquí desde hace unos días.

-No se, creo que tiene novia o algo parecido.-Dijo Rafael divertido. Amaia levantó las cejas.

-¿Novia?, anda, que bien...-Eso no había sonado sincero o ¿eran solo cosas de ella?.

-Si, aunque esta super raro ¿sabes?.

-¿Raro?.

-Si yo me entiendo.-Se levantó del escritorio.-Bueno, me voy que me esperan.

-¿Llevas protección?.-Rafael rió.

-No empieces, mamá...

-Rafa, que nos conocemos...

-Que si, que me cuido, no te preocupes.-Rió besándole la frente.-Hasta luego, mamá.

-No llegues tarde...

-Vale.-Lo escuchó gritar ya en el pasillo.

Ella frunció el ceño nuevamente, últimamente había tenido a Alfred bastante presente...suspiró levantándose y bajando las escaleras para servirse un poco de café, Alicia la chica de servicio estaba lavando la ropa cuando Amaia pasó por la puerta de la lavandería. Le sonrió y cuando llegó a la cocina notó que estaba impecable. Eso era lo que le gustaba de Alicia, hacia su trabajo a la perfección. Se sirvió el café y bebió la taza muy a gusto, podía ver el estupendo día que hacia a través de la ventana pero no le apetecía salir, de hecho, le apetecían varias cosas, pero su novio no estaba en la ciudad. Debido a que Ángel también era editor viajaba de vez en cuando y esta vez estaba en Madrid haciendo no sabia que cosa. Suspiró. No le quedaba otra que seguir refugiada en su casa terminando el libro que ya debería estar casi listo.

Miró de nuevo por la ventana y volvió a suspirar. La escena de hacia algunos días la hizo sonreír y fruncir el ceño a la vez. Estaba tratando de comprender que era lo que le pasaba a Alfred, porque definitivamente no podía ser lo que ella pensaba. Pero al recordar como temblaba luego de que la ayudara con el vestido...no, seguramente todo tenía otra explicación. Además, ¿Por qué estaba pensando ella en estas cosas?, Alfred para ella era como...bueno no, no como un hijo, a un hijo no lo miras de esa forma...pero exactamente ese era el problema. No debería mirarlo así, solo es un niño Amaia...recuérdalo. Recargó con un poco mas de café la taza y se encaminó hacia su santuario nuevamente.

Permiteme SeñoraWhere stories live. Discover now