capitulo 19

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Alfred terminó de contar el dinero y de acomodar todo a su alrededor. Esa semana la heladería había tenido bastante movimiento, sobretodo por el verano, esperaba que cuando empezara las clases nuevamente pudiera alternar los estudios con el trabajo, aunque no ganaba demasiado allí al menos era algo, con ese dinero podía darle un poco a su madre y llevar a Amaia a comer de vez en cuando. Ella se reía cuando él le decía que le frustraba no poder llevarla al lugar que se merecía, pero a él no le hacia gracia, a veces se sentía tan dispar con ella...sonrió a medias, esos días la había visto poco pues Amaia estaba con la salida de su nuevo libro, al parecer había sido todo un éxito en ventas y la habían llamado ya para una firma de libros esa misma semana. Recordó la ultima vez que había llevado a Amaia a su casa para cenar de nuevo con su familia, su madre no paraba de hablar acerca de los libros, Alfred se había encargado de que los leyera y veía como Amaia se sonrojaba con cada comentario de Lorena.

Era un poco raro, pero al parecer ya todos habían aceptado a Amaia como la mujer de su vida, con la que quería compartir la eternidad aunque los separaran algunos años. No le importaba la gente, no le importaba el que dirán, mientras tuviera a Amaia y su familia le apoyara él estaba mas que satisfecho. Aunque...frunció el ceño. Aun quedaba el asunto de su mejor amigo, sabia que Rafael no le perdonaría aquello tan fácilmente, él en realidad no esperaba que lo perdonase, solo esperaba que lo aceptase, aunque le doliera pues Rafael era de esos amigos inseparables que todos tienen en la vida, no podía esperar nada mas.

Se concentraría en lo que tenia, y con Amaia a su lado tenia mucho, la amaba como a nadie y era en lo único que podía pensar, cuando se levantaba Amaia era su primer pensamiento, cuando iba a su casa por las mañanas para darle los buenos días sus ojos se quedaban clavados en su corazón durante todo el día, y cuando salía del curro y ambos salían a comer, o se quedaban en casa viendo pelis, y luego hacían el amor era una experiencia extrasensorial...si, esa seria su vida de ahora en adelante, no podía haber nada mejor que eso.

-No me digas que ya vas a cerrar.-Alfred levantó la vista y se encontró con Erica sonriéndole.

-Pues si, de hecho ya había puesto el cartel, pero te preparo uno si quieres...

-No, da igual, de hecho venia a verte a ti.-Alfred se sorprendió.

-¿A mi?.

-Claro, ¿no puedo venir a ver a un gran amigo?.

-No, si si...-Dijo nervioso, la forma en la que Erica lo miraba lo hacia sudar. ¿Tendría Amaia razón? Quizás él no se daba cuenta y Erica le gustaba de alguna forma...¡que dices, Alfred!, tu amas a Amaia, venga ya.

-Bueno, va, espero a que termines de cerrar.-Alfred asintió y se quito el delantal terminando de ordenar todo.

Cuando salio de detrás del mostrador Erica lo esperaba fuera, sentada en una de las mesitas que adornaban la heladería. Miro su reloj, eran las once. Quizás debería enviarle un mensaje a Amaia para saber como había ido su reunión...Erica se levanto sonriéndole y se acerco a él.

-¿Qué tal el día?.

-Pues muy bien, bastante movido.

-Por el verano supongo.

-Si...¿y tu?.

-Yo bien, aburrida como una ostra, es que ya casi todos los chicos que vivían por mi barrio se han mudado, así que no conozco a nadie.

-Ya...

-Bueno, te conozco a ti.-Rió.-Pero no vives por mi barrio.-Alfred miro el suelo sin saber que decir.-¿Te puedo preguntar algo?.

-Claro.

-¿Cómo es que tu y...?, la mamá de Rafa...

-No lo se, solo paso.

Permiteme SeñoraWhere stories live. Discover now