capitulo 9

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Amaia comenzó a reír al sentir las caricias desesperadas de Alfred. Estaban en el estudio de ella, ninguno de los dos aguantaba las ganas de tocarse, sobretodo Alfred que parecía un niño con algún juguete nuevo. Amaia se sentó sobre el escritorio mientras Alfred seguía tan desesperado como cuando había entrado por la puerta y ella la había cerrado con el pasador.

-Alfred...así no...-Rió divertida. Él se detuvo respirando entrecortadamente y mirándola con ansias, muchas ansias.-¿Estás bien?.-Le susurró aun riendo.

-No, me siento...me siento poseído...-Volvió a besarla y ella dejó que la lengua de él buscara la suya dentro de su boca, pero con sus manos, guió sus dedos hasta donde quería ser tocada.

-Hazlo despacio, que no me voy a desvanecer...-Le susurró y él comenzó a besarle el cuello con paciencia, intentaba hacer todo lo que Amaia le decía, pero simplemente a veces no podía soportar tenerla allí y hacerlo todo con calma...aunque la verdad es que cuando lo hacia despacio, las sensaciones y los olores se quedaban allí por mas tiempo.

-Lo siento, lo siento...-Susurró cuando sin querer hizo que Amaia casi perdiera el equilibrio. La contuvo entre sus brazos evitando que cayera al suelo y la sintió reír. La miró apenado y ella le acarició la mejilla.

-Me matas ¿lo sabes no?.-Él sonrió tiernamente y volvió a besarla.

-Y tú a mi...

-Cuéntame eso de los sueños...-Él se separó un poco para mirarla, su cuerpo temblaba por la sensación de tenerla en sus brazos. Tal como se lo había dicho a Amaia solo podía verla sin ropa, cerró los ojos tratando de controlarse...tienes que calmarte Alfred, estas con Amaia...con Amaia...sintió los dedos de ella acariciando su rostro y abrió los ojos.-¿Alfred?.

-Tú eres mi sueño, Amaia...-Amaia sonrió.

-¿Desde cuando?.

-No lo se, pero...hace tiempo que apareces en mis sueños...

-¿Qué tipo de sueños?.-Él se puso rojo como un tomate y Amaia carcajeó.-Dios santo...-Sonrió besándolo otra vez.-Cuando me besas me olvido que edad tienes...

-No pienses en eso...-Alfred sintió los dedos de Amaia meterse debajo de su camiseta y gimió haciéndola reír.-Esto es una tortura.

-¿No te gusta?.

-Me encanta...-Acercó mas el cuerpo al de Amaia y ella le acarició la espalda, luego sus manos bajaron hasta meterse un poco dentro de sus vaqueros. Alfred sonrió y cuando las manos de ella siguieron su camino hacia su entrepierna y se puso rígido.-Quiero tocarte...enséñame...-Amaia cerró los ojos al sentir su aliento caliente. Ella tomó sus manos y las metió debajo de su blusa de tirantes mientras lo miraba a los ojos. Lo guió y Alfred se dejó llevar mientras la sensación de la piel caliente de Amaia se impregnaba en sus dedos. Amaia lo sintió temblar aun más y sonrió besándolo en el pecho.

-Tienes que controlarte, Alfred...-Le susurró besándolo ahora en el cuello.

-Eso trato.-Amaia rió al escuchar su voz ronca.

-Eres tan dulce...-Le acarició los brazos y la mano de Alfred en uno de sus pechos la sobresalto. Ella lo miró y luego cerró los ojos disfrutando de la sensación de esos dedos...madre mía, lo deseaba tanto que estaba dispuesta a dejar que Alfred le hiciera el amor allí mismo...solo que él era virgen...frunció el ceño.

Alfred la besó dulcemente y ella se dejó hacer por sus labios durante varios segundos, luego él la recostó en sobre el escritorio tumbando algunas cosas al suelo.

-¿Qué haces?.-Jadeó ella cuando Alfred comenzó a subirle la falda desesperadamente.

-Lo que me enseñaste.-Dijo sonriente y Amaia no pudo hacer otra cosas que reír mientras Alfred bajaba con dedos temblorosos sus bragas.

Permiteme SeñoraWhere stories live. Discover now