Entró en el salón y vio a Sara con Alfred, puso los ojos en blanco al ver la cara de su sobrina, si la situación no fuese tan delicada hubiese sacado a todo el mundo de allí para quedarse a solas con él. Él la vio y su semblante se ablandó. Amaia sintió que el corazón se le retorcía al verlo sangrar, igual que con su hijo, no soportaba que nadie le hiciese daño, y que se hiciesen daño mutuamente era aun peor.
Alfred estaba sentado en el sofá y Amaia se acuclilló junto a él dándole un par de servilletas.
-Lo siento.-Le susurró mirándolo con los ojos brillantes.-Siento que...-Él levantó la mano para que no hablara mas, parecía estar cabreado también.-¿Estás bien?.
-Si...-Dijo el colocándose la servilleta en la nariz.
-¿Seguro?.-Le acarició los rizos y él no le respondió.-Lo siento.
-Da igual.-Dijo sin mirarla.
-Alfred...-Él no la miró.-Alfred.-Dijo firme haciendo que él girara la vista.-Te quiero ¿vale?, siento que esto haya tenido que ser así, pero te quiero y estamos juntos en esto.-Los ojos de él brillaron. Amaia era consciente de la mirada de su sobrina, pero ya todos los demás le daban igual, solo le importaba su amor por él.-Creo que es mejor que te vayas a casa...
-No te dejaré sola.-Refutó él.
-No seas, tontito, venga.-Sonrió acariciándole la mejilla.-Vete a casa, mañana hablaremos mejor, trataré de calmar a Rafael.
-Déjalo, lo tengo merecido, debí contarle hace tiempo lo que sentía por ti...la he cagado.
-Ya eso no importa ¿si?.
-Tú importas, eres lo único que me importa.
-Yo estoy contigo.
-¿Alguien me puede decir que coño está pasando?.-Intervino Sara confusa con los ojos abiertos como platos.-¿Por eso se han pegado?...¿por que tú y la tía...?.-Dijo asombrada.
-Sara, ¿puedes venir por favor?.-Le dijo Carlos al ver que estaba estorbando allí. Ella de mala gana le echó una última mirada a Alfred y se levantó de allí yendo hasta donde estaba su padre.
Amaia se mordió el labio acercando sus labios a los de Alfred.
-Auch, auch...-Susurró él sobre sus labios, adolorido por los golpes.-Deberías venir a cuidarme, ahora...-Ella rió meneando la cabeza y le dio un ultimo beso.
-Venga, ve a casa.
-¿Segura?.
-Segura, es mejor que no te quedes aquí, conozco a Rafa y se que cuando no está calmado es capaz de lo que sea.
-Yo también lo conozco, y se que es un gran chico.
-Lo es, pero ahora está enfadado, es mejor que lo dejemos asimilarlo.
-Yo quiero asimilarte a ti.-Le dijo sugerente acercando de nuevo sus labios a los de ella.
-Ya, pero no ahora, estás herido, y por quererme "asimilar".-Carcajeó y él le sacó la lengua.
-Ya te había asimilado de todas formas.-Ella abrió la boca indignada.
-Ve a casa.
-Te quiero, mi sol.
-Y yo, mi niño.
-¿Vendrás a cuidarme?.
-Me lo pensaré.-Rió .Él se puso de pie y Amaia notó que se mareaba.-¿Estás bien?.
-Si, no es nada...
-¿Seguro?.-Dijo con preocupación.-Mira que Rafa te dio ¿eh?.
-Eh, que yo también le di...-Ella rió.
