-¿Otra vez a la calle?.-Alfred cogió la camiseta que estaba en la cesta de ropa y miró a su padre. Acababa de llegar del entrenamiento y se había dado una ducha rápida para ir a la cena en la casa de Rafael, se moría de ganas por ir, aquel "luego" que había leído en los labios de Amaia lo había dejado tan ilusionado que no podía dejar de pensar en ir allí y verla...resopló y le pasó por un lado a su padre.
-Que mas te da, tú tampoco es que estés mucho en casa.-Su padre lo siguió.
-¿Qué has dicho?.
-Me escuchaste perfectamente.
-Estoy bastante cansado ya de tu boca ¿sabes?, un día de estos...-Alfred se frenó mirándolo.
-¿Qué?...¿me vas a pegar?.-Rió.-No, no lo vas a hacer...además, ¿tanto te duele que te digan la verdad?.
-Tú no entiendes nada.
-¿Qué es lo que no entiendo?, ¿que mientras mamá está aquí metida preguntándose donde coño estas tú, tú estás tirándote a alguna tía por ahí?. Créeme, si que lo entiendo, en realidad lo que no entiendo es si eres tan infeliz ¿Qué coño haces aun aquí?.
-Eres un mal agradecido, estoy aquí por vosotros...por que os quiero...
-Ya...-Suspiró.-Pero a mamá no la quieres, ¿y sabes que me duele?, verla llorar todos los días por ti.
-Eso es algo entre tu madre y yo...
-Eso es algo que nos involucra a todos porque no eres tú el que la ves llorar...
-Alfred...
-No, papá, ya estoy cansado de discutir, haz lo que quieras...
-No me vas a dejar hablando solo...-Lo siguió.
-Entonces no me hables.-Dio un portazo y terminó de colocarse la camiseta.
Siempre era igual, siempre discutía con él, y siempre terminaba cerrándole la puerta en la cara. Esto tenía que acabarse alguna vez...
Amaia estaba intentando apartar la vista de Alfred pero le era un poco imposible...no solo porque últimamente no pudiera dejar de mirarlo como todo menos como un niño, sino más bien porque parecía más serio de lo habitual. Siempre que veía a Alfred le veía esa chispa que ella tanto adoraba en los amigos de su hijo, pero esa noche estaba muy callado, por mas intentos de su sobrina para hacerlo hablar. Sara había crecido mucho esos últimos años, y a sus diecisiete años parecía haber desarrollado una atención un tanto rara hacia Alfred. Amaia se preguntó si lo que estaba sintiendo eran celos, pero luego sonrió para si, claro que no, era imposible que estuviese celosa de Alfred.
-Entonces, Amaia...¿Qué tal va el nuevo libro?.-Amaia miró a su hermana que comía a su lado.
-Muy bien, seguramente pronto esté a la venta.
-Pues ya lo espero, esta saga está genial hermanita, estoy bastante enganchada. Ojala yo hubiese sacado un poco de tu creatividad.-Amaia sonrió.
-¿Y vosotros que tal en Barcelona?.
-Muy bien, aunque Carlos estaba pensando en regresar a Mallorca...al parecer lo transfieren a un equipo de aquí.-Amaia levantó las cejas.
-Eso es una excelente noticia, Ingrid.
-Aun no estamos muy seguros.-Intervino Carlos.
-Pues cuando queráis me ofrezco a ayudaros a buscar casa, mientras os podéis quedar aquí...
-No te apresures, Amaia, aun hay que esperar.-Sonrió su hermana mayor.
-Es que me hace ilusión tenerte por aquí...
