capitulo 7

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Amaia sonrió sin darse cuenta cuando sus dedos dejaron el teclado de su portátil. La historia que tenia semanas escribiendo había dado un giro que ni si quiera ella sabia como se le había ocurrido. Pero últimamente tenía mucha inspiración, y sabia cual era el motivo. Sonrió mas ampliamente reclinándose en la silla de cuero y recordando lo ocurrido la noche anterior.

-¿Estás bien?.-Alfred sintió como su piel se erizaba al tener los dedos de Amaia recorriendo su pecho.

Aun estaban recostados, con la mirada en el techo, aunque realmente no sabia si estaba allí o en una dimensión desconocida, una dimensión en la que su mundo era como él quería, donde Amaia era suya...giró la vista y vio esos ojos que lo mataban, aunque no hubiesen hecho el amor, él ya sentía que había sido suya con solo haber podido tocarla, haber podido llegar a una intimidad maravillosa.

-Aun no se si esto es un sueño...quizás en cualquier momento despierte...-Le susurró tan dulcemente que Amaia rió con gracia acariciándole una mejilla, Alfred vio su piel desnuda, su cuello, sus pechos que estaban cubiertos nuevamente por el sujetador...era tan perfecta.

-Esto está muy mal, Alfred...-Dijo de repente sin dejar de acariciarle el rostro. Él la miro enseguida.

-¿Hice algo mal?.-Dijo horrorizado y Amaia volvió a reír con ganas.

-No.-Dijo aun riendo y mirando el techo nuevamente.-Todo lo contrario...-Giró la vista y lo vio sonriendo.-Pero ya sabes que...

-Si...pero ¿Qué podemos hacer?.

-No lo se.-Suspiró.-Siento que te pervierto...-Dijo divertida frunciendo el ceño y él la miró riendo.

-Perviérteme todo lo que quieras, Amaia.-Ella puso los ojos en blanco al sentir la mano de él subiendo por su pierna.

-Creo que aprendes muy rápido.-Suspiró de nuevo apartándole la mano.-Es mejor que...esto quede aquí ¿vale?.-Alfred la miró fijamente.

-No, no por favor...-Susurró muy cerca del rostro de ella, Amaia cerró los ojos al sentir su aliento caliente, dios santo, ¿Cómo era posible que este niño la pusiera de esta manera?.

-Alfred, tú dijiste que estabas esperando a la persona correcta...y yo no soy esa persona.-Él se apoyó en un codo para mirarla.

-Te equivocas, Amaia...te aseguro que te equivocas.-La miró durante unos segundos y Amaia sintió su corazón latir muy fuerte, ¿pero esto que era?.

-Esto es una equivocación de por si.

-Dijiste que me deseas...

-Si...

-Y yo a ti...¿Dónde está la equivocación?.

-Tengo quince años mas que tú, eres el mejor a migo de mi hijo y además yo tengo...yo tengo novio.-Dijo y miró hacia un lado sintiéndose ahora culpable por sentir tal deseo hacia Alfred.

-La edad es lo de menos, Rafael no tiene porque enterarse y con respecto a tu novio...-Acercó la cara a la de ella.-Tampoco tiene que saberlo.-Amaia lo miró sorprendida.

-¿Tú quien eres y donde dejaste a Alfred el tímido?.-Él sonrió, ¿Cómo le decía que nada le importaba? ¿Qué solo el pensar en estar con ella era lo que le daba vida cada día?.

-Quiero que tu seas mi primera vez.-Le acarició el pelo y Amaia miró de nuevo el pecho de el, ais, como la desquiciaba este niño.

-Yo Alfred...no creo que sea esa persona que tu estas esperando...además aquí no podemos...-Alfred la calló con un beso.

-Lo sé, no ahora, pero quiero que seas tú, solo tu, Amaia.

-Alfred...

-No lo pienses tanto ¿si?.-Ella lo miró sin decir nada. Él volvió a besarla tiernamente y Amaia se derritió bajo sus labios, Alfred era tan dulce...y estaba tan bueno...

-Vete a dormir.

-Si señora.

-Oye, no me digas señora...-Él rió.

-Es un decir...

-Pues no lo digas, me haces sentir...-Él volvió a besarla.

-Eres perfecta, hermosa....estás....-Se quedó sin palabras y Amaia rió.

-A la cama.

-Ya estamos...

-Al sofá, Alfred...-Rió ella.

-¿No me puedo quedar?.

-Si claro, venga va...que si sigues aquí...

-¿Qué?.-Ella lo miró con sensualidad y él rió.-¿Me vas a violar?.

-No seria capaz...-Dijo sin sonar muy convincente.

-Entonces me quedo...

-Venga...-Él rió.

-Este ha sido el mejor día de mi vida.

-¿Por qué?.

-Porque tú siempre...es decir, yo...-Amaia vio como se sonrojaba y se mordió el labio divertida.-No importa, hoy soy el hombre mas feliz del universo...

-Ya...ahora vete a dormir...-Se levantó de la cama mirándolo como miraba a su hijo Rafael cuando no le hacia caso, pero Alfred sonrió colocándose la camiseta.

-No se como haré ahora...

-¿Con que?.

-Cuando te mire...-Suspiró.-Te veré sin ropa...-Ella rió empujándolo hacia la puerta.

-Alfred, creo que te estás pervirtiendo muy rápido.-Él rió en la puerta.

-¿Un beso?.

-No, vete.-Susurró ella mirando que nadie estuviese por ahí, él la ignoró y le robó un beso, ella se mordió el labio y lo vio caminar por el pasillo en penumbra. Cerró la puerta y se dio cuenta de que estaba sonriendo tontamente.

No sé que estas haciendo Amaia, pero te estás metiendo en problemas...calla...¿Quién puede resistirse a esos abdominales y a esa ternura?...suspiró, ya todo lo demás le daba igual.

Miró hacia la puerta y se dio cuenta de que ahora tenia muchas ganas de escribir.

-¿Mamá?.-Amaia levantó la vista y salió de sus recuerdos.

-Dime, mi vida...

-Que tienes visita...-Dijo en un tono desdeñoso.

-¿Quién es?.-Rafael se hizo a un lado y Amaia vio entrar a Ángel.

Gimió para sus adentros.

-Hola, amor.-Dijo él sonriente mientras Rafael se iba de allí poniendo los ojos en blanco.

¿Qué debía hacer?...¿hablar con él y decirle que se sentía fuertemente atraída por el amiguito de su hijo? ¿Decirle que ya no sentía lo mismo por él? ¿O simplemente seguir como si nada?...al final Alfred tenia razón, nadie tenia porque saberlo.

Permiteme SeñoraWhere stories live. Discover now