Amaia volvió a asomarse en la puerta. ¿Pero cuando tiempo estaría allí metido?. Se preguntó frunciendo el ceño. Habían acordado en que Ingrid y Carlos dormirían en el cuarto de invitados, Sara en la habitación de Rafa y Alfred en el sofá. Los tres chicos estaban en la habitación de Rafael y ella podía escuchar sus carcajadas. Apretó la mandíbula al recordar como Sara miraba a Alfred, y al parecer al final a él no le era tampoco tan indiferente. ¿A que estaba jugando Alfred?, esa noche lo averiguaría. Lo vio salir sonriente de la habitación de Rafael y bostezar, sus ojos miraron directamente su pecho y se estremeció. Contrólate, Amaia...recuerda su edad, recuerda la tuya...
-Alfred...-Alfred se paró en seco girando la vista al escuchar el susurro de ella.-Ven...-El caminó hacia allí y Amaia lo tomó del brazo procurando que nadie viese nada. Él la miró con esa mirada tierna que ella estaba empezando a adorar.
-¿Qué estabas haciendo allí?.-.Le preguntó él imitándola. Ella terminó sonriendo.
-Tenemos una charla pendiente ¿no?.
-Eso creo...-Ella puso los ojos en blanco.
-Antes contéstame algo.-Alfred la miró expectante.-¿Te gusta Sara?.-El frunció el ceño.
-No, claro que no...
-Alfred, os vi...y se te nota que...
-¿Estás celosa?.
-¿Qué?.
-No se, me parece que...
-¿Por qué estaría celosa?.
-No se...-Recostó la cabeza en la puerta y ella sintió de nuevo ganas de comérselo.
Ay Amaia, Amaia...que estás haciendo con este niño...
-Lo que pasó hoy...
-No me digas, no debió pasar porque bla bla bla...-Dijo divertido y ella rió.
-No, no iba a decir eso.
-¿Es verdad?.
-¿El que es verdad?.
-Lo que me dijiste...
-¿Qué?.-Él pareció sonrojarse y bajó la vista aun con la cabeza apoyada en la puerta.
-Que...que tú...-Amaia se mordió el labio, dios santo, ¿podía ser mas tierno?.-Que tú me deseas...-Su voz sonó mas ronca y levantó la vista para mirarlo.
-¿Acaso piensas que te mentiría?.
-No, pero es que...aun no me lo creo...
-¿Por qué no?.
-Porque eres tú.-Amaia levantó las cejas.
-¿Soy yo?.
-Si, eres tú, tú eres...tú eres demasiado Amaia...no puedo creer que te fijes en mi...-Ella sonrió.
¿Alfred le había dicho que era demasiado? Ah no, ahora si que se lo comía.
-¿Y tu quien te crees? ¿el patito feo?.-Él se sonrojó y sonrió.-El problema Alfred es que si lo pienso...tú y yo...
-No lo pienses.-Él levantó la vista para mirarla. Sus ojos la hipnotizaron y sus labios la llevaron al delirio. Dios santo, le tenia ganas, eso era...le tenia unas ganas descomunales a Alfred y si no lo sacaba de su habitación...
-Eso trato...-Susurró acercándose a él, al demonio con sus pensamientos.
Él se paralizó cuando la mano de Amaia se posó en su mejilla y ella se puso de puntillas para besarlo. Fue un beso dulce, que hizo que su corazón retumbara en su pecho, ¿podría escucharlo Amaia?.-Estás...me encantas.-Le sonrió acariciando ahora sus hombros, él seguía sin moverse y Amaia se preguntó si su timidez llegaba a tanto.
