Capítulo 13. (Anhia)

101 15 12
                                        


—¡Me quería violar! —bromeo.

Cata hace unos movimientos karatecas improvisados. Patrick y Javier los esquivan fácilmente.

—¡Asquerosos! —Los manotea— ¿Qué le querían hacer a mi amiga?

—Cata, ha sido Javier. Ya no lo conoces como es de maniático. ¡Ha querido abusar sexualmente de mí!

—Anhia yo no...

Lo interrumpo. Luce preocupado. Me fastidia verlo así. ¡Él es una gran persona! no merece estar pasando estos infortunios por mi culpa.

—¡Tranquilo! tonto —contesto—. Solo estoy bromeando.

Su rostro muestra una forzada sonrisa, pero al menos luce feliz. Una vez escuché que el primer paso para ser feliz, es convencerte a ti mismo que lo eres, hasta que lo creas. Así nadie te podrá convencer de lo contrario.

—Disculpa. Solo estaba jugando. Ese mierda de Patrick que se pone en la puerta como si yo te hubiera querido retener —Se justifica.

—Yo no más te quería ayudar, imbécil.

—¡Listo! —festeja Alex— Ya está el pollito —anuncia.

—¡A comer! —Julieta soba sus dos manos como si las estuviera lavando.

—¡Mejor! —dice Cata— porque firme que tengo un hambre que si en diez minutos no servían, me comía a Patrick.

Noto que aquel mensaje de Cata, llama la atención de Margot. Quien desde ese momento, está atenta a la conversación.

—Te hubiera sabido más rico yo—contesta.

—Te botas peor que agua sucia. Yo solo decía... —Lo abraza— Tampoco estás tan rico ¿o sí, Margot?

—¿A mí qué me dices? ¿me lo he comido?

Margot contesta a la defensiva. Siento que los celos se apoderan de ella. No le circula sangre por las venas, ¡le circula celos!
Sé que es muy pronto. Sé que hace poco acaba de dar por terminada su trágica historia de amor con Eduardo. También sé que eso de que un clavo saca a otro clavo está mal, pero funciona. Solo se vuelve un problema cuando quieres sacar al clavo que te ayudó a sacar al primer clavo.

—¡Muy a la defensiva! —La dejo al descubierto— ¡Muy sospechoso!

—¿Vas a empezar nuevamente a tratar de ser cupido? —espeta.

—Solo decía...

Cruzamos la esquina. Un gato negro corre entre mis piernas. Todos piensan que es de mala suerte. Yo creo que no. Espero algún día el racismo entre gatos termine.
Se intercambian bromas, risas y comentarios acerca del viaje de mañana. Lo único cierto, es que nadie sabe realmente lo que sucederá. Sin embargo, tenemos la suerte de que nuestra tutora sea la señorita Karina. Ella nos tiene a cargo desde hace dos años. Más que una profesora, es nuestra amiga. Siempre nos inculca el valor de las personas, de la amistad, el significado del amor y la importancia de cumplir nuestros deberes. Sobre todo, nos muestra que no hay mejor prueba calificada que la vida. Y que es aquella la más importante, a la cual nos hemos enfrentado todos nuestros años de existencia, pero que se intensificará el día que acabemos la escuela. Ella no es la típica profesora que te prohíbe todo y te encierra en una burbuja. Ella nos aconseja y nos permite equivocarnos sin ser juzgados. Nos incentiva a siempre aprender de aquel error para ponerlo en práctica una próxima vez. Nos ha prometido llevarnos a una discoteca el último día del viaje. Yo no bailo mucho, no sé cómo hacerlo. Soy muy tímida para relacionarme con personas externas a mi grupo de mejores amigos. Pero aún con todo y gato negro, sospecho que será un provechoso e interesante viaje.

El Equipo Random.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora