Espero sentada en mi cama que papá termine de hablar con Sandra. Espero también a Cataleya. Ojalá no se haga tarde, si no tendré que ir a la escuela sin ella. Coloco la mochila en mi espalda. Un tirante en cada brazo y todos los bolsillos cerrados. De pronto, Sandra entra a su cuarto y sale rápidamente. Puedo observar como carga en sus brazos su mochila verde llena de cosas que no puedo apreciar. Solo puedo observar que esta con las justas cerraba.
—Me voy, cuídate —Se despide veloz.
—Chau —respondo sin tan siquiera saber el argumento de su inesperado adiós.
No sé, simplemente me quedo intacta. Es lo que más odio de mi personalidad. Podrían estar matando a alguien y yo me quedaría callada. ¡No lo sé! Me cuesta mucho hablar. No me salen las palabras. Puedo ser la pieza clave para resolver un caso de homicidio, pero aún así, me costaría hablar. Estoy luchando por retener a mi corazón, que en este punto, batalla por salir en busca de su hermana.
Papá se acerca. Espero pueda sanar mis dudas. Sus ojos están rojos de mucho llorar. Aquella actitud de tristeza me responde las interrogantes que los sucesos ocurridos me habían planteado. Es obvio que ha estado llorando. Desde que mamá falleció, Sandra cambió exageradamente. La niña tierna e inocente desapareció y en su lugar, una Sandra con odio, rencor y repleta de futuras malas decisiones, nació.
—Se fue —Lamenta—. Dice que irá a vivir con Mónica (la hermana de mamá)
—¿Por qué?
—Lo mismo de siempre. Quiere hacer lo que se le pegue en gana. Quiere libertinaje. Que no la reprenda por estar con los vagos con los que anda. Quiere fumarse su porro tranquila. ¡Ya es demasiado! ¡No quiere estudiar! ¡Quiere ser una más del montón! No sé que he hecho mal.
—Tú no —digo—. Mamá sí.
—Ya debemos dejarla —Llora—. Intenté protegerla, pero ella busca su mal camino.
—Luego se dará cuenta. Ella no cambiará a pesar de todo lo que le digas. Si ella no quiere cambiar, no lo hará. Y si lo hace, solo será frente a ti. A tus espaldas, seguirá drogándose.
La frialdad de mis palabras sorprende a mi padre. Es mi pensar, es lo que creo. Jamás pensé que la separación de mis padres se llegaría a concretar. Mucho menos imaginé que un mes después mamá moriría en un accidente automovilístico. Es traumático.
Mis lágrimas suelen aparecen por las noches. Bajo el silencio de la noche, bajo la soledad que trae consigo la privacidad. El aislamiento es el escenario perfecto para dar rienda suelta a todo lo que me repleta de angustia e impotencia. Saben que me afecta, pero no se los aseguro. Soy fuerte.
Pum Pum Pum
—Es Cataleya, seguro. Iré a abrir.
Papá se dirige hacia el corral y abre la puerta trasera. Después, se escuchan pasos junto con el sonido de ruedas de maleta, una persona corre con desesperación y trae una valija consigo.
—¡Vamos! No es tarde aún ¿verdad?
Una morena con cintura de avispa se muestra frente a mí. Cata lleva puesto un vestido hasta un poco más abajo de las rodillas lleno de flores. Me encanta.
—Sí. Un rato más y me iba sin ti —cuento.
—¡Apresuremonos entonces! —grita emocionada.
—Patrick me ha dicho que el resto del equipo ya está en el cole—La pongo al pendiente.
Papá entra a la habitación y nos ordena subirnos a su moto para no llegar tarde. Él siempre dice que debemos trabajar con el tiempo. Que este una vez que se pierde, no vuelve a regresar. Que debemos ganar la batalla con nuestro veloz e inestable amiguito. De lo contrario, fracasaremos.
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El Equipo Random.
Novela JuvenilSiempre nos hablan del inicio de clases, lo que conlleva adaptarse a un nuevo ambiente, nuevos amigos, nuevas personitas que empiezan a cambiar tu visión del mundo, pero... ¿Qué sucede cuando acaba la etapa escolar? ¿Por qué no esta vez empezar por...
