—¿Y Margot? -interroga Javier.
—No me gusta -respondo inmediatamente
Me mira y sonríe. Javier tiene una sonrisa muy bonita. No, no soy gay. Solo que debo admitirlo. Aunque siempre digo que es horrible, pero es porque se vería algo raro decir que su sonrisa me encanta.
—¿Qué?—Se burla—. Te pregunto por ella para que me digas si es que irá a la misa o no. En ningún momento te he preguntado si es que te gusta o no, Patrick. Aunque, sin quererlo, me has dicho—Hace una pausa—. Estás tan loco pensando en eso, que deduzco que sí te gusta.
—Istis tin lici pinsindi in isi —remedo—. No, huevón. No me gusta. Todo es un invento de Anhia por conseguirme una novia lo mas antes posible, ya la conoces.
Después de mirar a ambos lados, cruzamos la pista caminando. Javier me había atrapado, sí me gusta Margot, pero se supone que su enamorado es mi amigo.
¡Va en contra de los códigos de amistad!
Bueno, si es que aún en 2019 se siguen cumpliendo esos códigos.
—Entonces...—Mete la mano a sus bolsillos—. No irá.
—Supongo que no...
—¿No le has dicho para que la pases viendo o ella no te lo ha pedido de favor?
Recordé el mensaje que le envié, pero que después, por mi cobardía, eliminé.
—No... —miento.
—Entonces vamos directo donde Anhia.
Caminamos al lado del parque frente a casa de nuestra compañera. Guardamos silencio por unos seguntos. Muy incómodo. Odio estos momentos de incomodidad donde ninguna de las dos personas pronuncia ni una sola palabra.
¡Habla, carajo!
—Mmmm —murmulla.
Me leyó la mente.
¡Ah, caray!
—¿Qué? ¿Mmmm qué?
—¿Crees que Eduardo esté realmente enamorado de Margot?
—¡No sé! no me interesa. ¡Deja de preguntarme sobre Margot! —Le doy un empujón—. Tus teorías acerca de si es que me gusta ella, me llegan al pincho.
Sorry, me exalté.
—¿Por qué tan a la defensiva? ¿Acaso te molestó que haya dado en el clavo? —Sonríe.
—¿Por qué mejor no te preocupas en que Anhia te haga caso?
Javier está muy enamorado de Anhia. Realmente lo está. No deja de pensar en ella, de hablar de ella, de comprarle cosas, de estar con ella. Incluso se sienta con ella en la escuela y no le dice lo que siente. ¡Mierda! ¡no se lo dice! ¡por la puta madre! ¡llamen a la policía del amor, tenemos a un chico enamorado que no confiesa sus sentimientos!
Ok, está bien.
¡(...) tenemos a dos chicos enamorados que no confiesan sus sentimientos!
—Yo a ella le gusto.
—No le gustas -Sujeto su hombro dándole el pésame—. A ella le gusta el amigo de Eduardo, el chico ese que le daba poemas.
Me mira enfadado.
—Yo también le puedo escribir poemas
—Cruza sus brazos—. ¡Qué chucha! yo todo lo puedo pe. Tsss, pendejo.
—Ni siquiera escribes las clases en la escuela. Creo que ni siquiera tienes lapicero.
—Callate, Patrick. Si no quieres morir antes del viaje.
Subimos la vereda y nos acercamos a la puerta de Anhia.
—Le avisaré que salga, ya está lista.
Javier saca su celular y teclea el mensaje para Anhia. Yo también saco el mío. Lo desbloqueo y automáticamente se abre el chat de Margot. Está en línea. Escribo.
Patrick: no irás a misa?
Margot: no
Patrick: por????!!!!
Margot: no tengo quien venga verme
Dudo, dudo mucho. Pero me he decidido, se lo diré.
Patrick: te paso viendo?
Margot: no gracias
Margot: No es cuando quieras
Margot: Iré de frente a casa de Cata
Patrick: Está bien.
Se desconecta. Un minuto después, sale Anhia. Viste una blusa de rayas blancas y negras y un pantalón jean azul marino. Su cabello lo lleva suelto. Parece cabello de de choclo.
—¿Y Margot? ¿no irá a Misa?— pregunta.
—No. Irá de frente a casa de Cata.
—Puuuta, vago. Lo más triste, loco.
—¡No me importa!
—Sabes que sí.
—Lo mismo le digo, Anhia. Pero está mal, Patrick. No lo acepta.
—Sí, bueno. ¿Qué se va a hacer?
Javier asiente. Parece perro ese conchesumare.
—¡Ahora sí! —grita Anhia llamando nuestra atención.
Tumba su cuerpo hacía adelante, sus dos brazos hacía atrás y empieza a correr alrededor del parque mientras tararea la canción de Naruto. Está loca.
—¿Eso te gusta? —pregunto confundido.
—Es perfecta. Nunca teme a hacer el ridículo.
Al terminar una vuelta más, se acerca a mí y se trepa en mi espalda.
—¡Let's get it! —Mueve la cabeza y hace el ademán de echar un latigazo—. Nueva parada, la iglesia.
Mi prima está loca, pero yo lo estoy también. Así que corro camino a la iglesia muy rápido. Ella y yo somos muy parecidos. Nos llevamos muy bien. Nunca pensé que podríamos llegar a ser tan buenos amigos. Sobre todo porque antes ni siquiera nos dirigíamos la palabra mas que para simples trabajos.
—¡Javier! ¡correeeeeeee! —Le aviso.
Javier corre detrás, escucho sus pasos. Y en un arrebato de euforia, salta sobre Anhia, cayendo los tres al suelo.
—Huevón, las cagas pe, conchetuvida —reclama Anhia con una sonrisa en su rostro.
Nos ponemos de pié, nos limpiamos y caminamos. Aún faltaba mucho para llegar.
—¿Daremos la ostia?— pregunto cambiando el tema.
—A mí me da igual —responde la señorita.
—Javier no puede darla, no tiene la comunión.
—Igual que la dé —Propone.
—El padrecito sabe cuando tienes la comunión y cuando no —explico.
—No. ¿Cómo sabría eso con tal solo verte?
—Contrarresta Javier.
—Solo es una broma -digo.
Mamá me decía que el padre sabría si es que yo he dado la comunión o no. He vivido engañado.
Desde ese momento algo cambió dentro de mí.
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El Equipo Random.
Genç KurguSiempre nos hablan del inicio de clases, lo que conlleva adaptarse a un nuevo ambiente, nuevos amigos, nuevas personitas que empiezan a cambiar tu visión del mundo, pero... ¿Qué sucede cuando acaba la etapa escolar? ¿Por qué no esta vez empezar por...
