Capítulo 06. (Cataleya)

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Cataleya Chumacero Calderón.
17 años
Ojos color negros
Pestañas diminutas
Extrovertida
Facilidad para crear nuevas relaciones de amistad
Valiente y rebelde
Es como el escudo de su grupo de amigos

—Que bueno qué harás el viaje, porque la fiesta ni la vas a pisar —confiesa Mercedes.

—Pero mamá, ¿por qué no? —Respiro profundo para no tener una mala reacción—. Es mi fiesta. Todos los del aula estarán ahí

—Las fiestas van en contra del señor, Cataleya, ya te lo he dicho. Ahí ponen esa música del diablo, y él los incita a ser parte de sus fiestas paganas llenas de excesos y alcohol.

—Mamá —Cambio mi mirada a una de impotencia—. Realmente se necesita tu aprobación para que yo pueda participar de la fiesta.

Ella siempre ha sido así. Con sus faldas largas, su cabello trenzado y su mirada llena de esperanza. Siempre me han dicho que soy terca como ella. Amo a esa mujer. Me ha sacado sola adelante y estoy muy agradecida por eso. Sin embargo, nunca me ha gustado su abuso de autoridad. Es mi madre, pero yo tengo derecho a elegir en lo que yo quiero creer.

Desde muy niña siempre me prohibió innumerables cosas. Se interpuso en aspectos que toda adolescente debe vivir; las fiestas, para ella eran sinónimo de celebraciones, de las cuales, Dios no estaba de acuerdo; la ropa que usan mis amigas es imposible que la pueda usar yo, solo las mujeres del mundo pueden usarla, aquellas que querían llamar la atención del hombre y encaminarse al pecado; el amor, no puedo enamorarme de alguien que no esté en el camino de la obra predicadora, no puedo dar un beso en los labios del sexo opuesto, eso va en contra de las pureza que Dios nos ha dado, no está bien visto bajo sus ojos, incita a cometer el acto impuro; la televisión, no puedo ver canales de televisión que contengan programas que no hablen de Dios o que lleven a ir en contra de sus mandamientos.

Necesito la vida de mis amigas, necesito ser como ellas. Confieso que, a veces, le pido prestada ropa a Anhia para poder reunirnos en algún trabajo grupal o a pasear. No puedo salir mucho, así que mentía que debía salir por causas académicas. También,veo novelas, series o realitys show cuando ella acude a la iglesia. Son mis momentos de libertad.

—¿No entiendes? —Alza la voz y golpea la mesa—. Es tu problema lo que haces, nunca me tomas en cuenta, así que haz lo que quieras. Si es que tu hermano autoriza esa fiesta o si es que te escapas para asistir, no sé. Después de todo, son igual de desobedientes los dos, pero cuando el salvador venga, te darás cuenta de lo que hiciste mal, Cata y tendrás que arrodillarte a sus pies implorando perdón.

Mamá coge unas revistas y aprieta la mano derecha de Belén. Sé que en el fondo espera que mi hermanita no sea como mi hermano y yo. Si no que se adapte a ser sometida por su religión. Tan solo tiene cuatro años. Se va.

Afortunadamente dentro de una hora, llegarán los del equipo random. ¡Al fin! un momento feliz en mi estúpida existencia.

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